Hay quienes viendo al fantasma destruir todo lo que recorre, piensan que ya no hay salvación. Los datos objetivos indican que la oposición no tiene la fuerza para desafiar a un régimen que se empeña en actuar como si viviéramos en 1848. Pero, ¿qué dicen los datos subjetivos?

Bajo un sistema perfeccionado por nuevas tecnologías de dominación, que requiere menos represión, cuanto mejor logra influir en nuestros pensamientos, parece normal considerar que no hay nada qué hacer o que no teniendo capacidad para generar una solución, no queda sino sentarse a esperar que otros resuelvan por nosotros.

Hemos vivido épocas de desesperanza sombría. Al celebrar las navidades de 1957, en las pocas mesas donde se atrevían a hablar, en cuchicheo inaudible, sobre la pastoral de monseñor Arias Blanco, las protestas estudiantiles y de la UCV o la victoria del NO en el plebiscito del 15 de diciembre, no había nadie que imaginara que el nuevo año comenzaría con un alzamiento militar en Maracay. La historia dio un sorpresivo salto y en la madrugada del 23 de enero el país estalló en nuevos abrazos.

Cuando los cambios avanzan más despacio que nuestros deseos, cunde una desesperación que se la lleva mal con la sensatez. Las posiciones extremistas prenden más fácilmente porque ofrecen el corto plazo y su plus de frustraciones. El 20 de mayo buena parte de la población se quedó en casa a la expectativa de un final feliz que no llega. Ahora el pecado de omisión comienza a pegar silenciosamente y hay que alertarse para que el malestar de conciencia no sea compensado por salidas fantasiosas y paralizantes como el golpe y los marines.

Pero algo se mueve en el país real. Hay indignación y sigue asentándose el rechazo al gobierno. Están aumentando las protestas diarias por falta de servicios públicos

En el terreno gremial despuntan dos luchas de alta resonancia: la de las enfermeras, que tiende a extenderse a todos los profesionales del sector salud; y el de los profesores universitarios, que puede incentivar a todo el sector educativo.

En estas luchas, en especial la de las enfermeras, hay algunas novedades: son protestas fuera del esquema gobierno/oposición; diferencian la Agenda Social de la política, subrayando su carácter reivindicativo; están focalizados en problemas concretos, “afecta a todos”; expresan una demanda de autonomía de la sociedad civil frente a las élites políticas.

No se trata, como pudiera derivarse de una mirada al ras, del retorno de la antipolítica. El desplazamiento de la acción movilizadora de los partidos a los gremios es consecuencia del vacío y los errores de los segundos. El vacío se conecta con la debilidad y los errores con la atrasada visión que considera su relación social como un medio de control y el abandono de la presencia social directa. Predomina la concepción de la política como lucha de inteligencia estratégica, lejos del barro.

En las condiciones actuales, el fortalecimiento de los partidos requiere la recuperación de las organizaciones de la sociedad civil y la definición de una política alternativa al servicio de la gente. Sin un equilibrio virtuoso entre partidos y sociedad, la debilidad de uno o de ambos no va a desaparecer.

TAL CUAL