El siglo XX amaneció con la rebelión de las de las mujeres, seguramente la menos violenta de la historia: en esos años el mundo cayó en cuenta de su verdadera valía, fue una revolución que vino acompañada para empezar, un nuevo y revolucionario movimiento social, con doctrina y modelo teórico incluido. Solo pedía el reconocimiento para la mujer de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente habían sido potestad reservada casi exclusivamente para los hombres. Esa nueva corriente casi filosófica que entro de puntillas en todos los ámbitos sociales del mundo era nada menos que el feminismo.

En general y durante milenios ha sido el hombre quien se encargó de manejar la cosa del mundo, desde aquel aciago día en que la primera dama del mundo, y única por cierto, se le ocurrió inventar un pecado tan original, que hizo arrechar de tal manera al creador, pues no se lo debía esperar, que los arrojó para siempre de aquel sitio, conocido como Paraíso, privando así a sus descendientes, o sea nosotros de disfrutar eternamente de aquella especie de Disneylandia, según dicen. Y a pesar del tiempo transcurrido pienso que por su culpa estamos en este valle de lágrimas que es Caracas en estos tiempos.

Salvado aquel remoto incidente que lo suyo les ha costado enmendar, si es cierto que el siglo pasado fue cuando empezó a reconocerse sus valores además del de la maternidad, tal parece que el siglo XXI será su siglo y llevan camino de ser, como género al menos, las protagonistas.

No hay duda de que el mundo manejado por los hombres ha mejorado bastante desde aquél día. Aunque debemos reconocer que hemos sido muy lentos. Da la sensación que a medida que la humanidad progresaba los seres humanos no hemos mejorado a la par, ni el fondo ni en las formas. Donde más se nota es en la cuestión política. Los vicios y las perversiones en los gobernantes realmente no han cambiado excepto en la forma de nombrarlos.

Desde este mundo en el que escribo, a las mujeres aún les queda un buen trecho para alcanzar la soñada igualdad de trato, de oportunidades en las fábricas, las empresas o la política. A pesar de que en todos los ámbitos internacionales tipo ONU y sus sucedáneos, así como las organizaciones que tratan sobre los derechos humanos está reconocido el derecho a la igualdad, y sus emanados, que asiste a las todas las mujeres, lo que ha sido aprobado, firmado y refrendado por la mayoría de las naciones del mundo incluida Venezuela.

Eso es algo que nadie niega, otra cosa es si todos lo practican. El incumplimiento no suele partir de los medios oficiales únicamente, también suele emanar de no pocos medios culturales en general. Parece que en esto, no todos los hombres, varones, no digiere del todo tanta “modernez” con la lógica naturalidad deseable.

Entre otras cosas porque en serios estudios socioeconómicos se afirma que “las habilidades femeninas son más rentables en los modernos sistemas productivos de trabajo, en grupo, en red y de alta responsabilidad”. Sin embargo, el llamado “techo de cristal” para la mujer, duro e infranqueable aún permanece en todo el mundo. En cualquier ámbito, civil, político o militar, de cada diez altos cargos ejecutivos sólo uno es ocupado por una mujer.

Eso no significa que las mujeres sean menos competitivas y, mucho menos, que estén peor capacitadas; es posible que debido a una educación y socialización diferentes a la de los varones, la vida privada y lo afectivo sean también importantes en su escala de valores. Sin embargo, la mujer desde finales del siglo XIX ha ido conquistando espacios a una velocidad gradualmente acelerada mostrando resultados óptimos en casi todas las aéreas.

Es tal vez en la alta política donde han encontrado mayor resistencia. Como funcionarias de gobiernos e instituciones estatales y municipales, a partir de los años 30 del siglo pasado cumplieron a cabalidad sus cometidos haciéndose imprescindibles, pero los altos cargos tardaron más en llegar, sin embargo en un gran porcentaje cuando ocupaban un cargo lo desempeñaban con eficiencia y ascendiendo a otros de mayor responsabilidad. Hasta que llegó el momento de tomar los lugares más altos en la gobernanza de los Estados sin ser reinas.

Fue en 1960 cuando Sirimavo Bandaranaike se convirtió en la primera mujer en el mundo elegida por el voto popular para el cargo de primera ministra de una nación, la ex República de Ceylán, recién independizada del Imperio Británico, y actualmente Sri Lanka. Su mandato se inició en 1960 por cinco años, pero luego fue reelegida primera ministra dos veces más. A los 84 años dejó el puesto dos meses antes del término de su mandato a petición de su hija, la presidenta Chandrika Kumaratunga. Algo haría bien.

La segunda fue poco después, Indira Gandhi en 1966, hasta hoy la única mujer en ocupar el sillón de primer ministro en la historia de India, siendo también reelegida en 1977 y en 1980. Hija del héroe nacional indio, Pandit Nehru, Indira Gandhi es la segunda persona que más tiempo ha ejercido el cargo de primer ministro de India (sólo superada por su padre). El 31 de octubre de 1984, a manos de sus guardaespaldas. La noche anterior a su muerte, durante un discurso político dijo: “Si muero hoy, no me importa si mi vida va en el servicio de la nación, cada gota de mi sangre vigorizará la nación”. ​(Como a Bolívar, su deseo aún no se ha cumplido).

Como sea la relevancia y popularidad que estas dos mujeres adquirieron sorpresivamente en un oficio ejercido hasta entonces estrictamente por hombres, parece que abrió el resquicio por donde se han ido colando cada vez más mujeres para alcanzar la más alta magistratura de sus países, lográndolo a base fama de eficacia y buen hacer. Surgieron dos “Damas de Hierro”: Golda Meir en Israel, y Margaret Thatcher en el Reino Unido; Gro Harlem Brundtland en Noruega y Benazir Bhutto la primera mujer musulmana en llegar a ocupar el cargo de primer ministro de Pakistán. Todas fueron reelectas múltiples veces.

Una vez abierta para las señoras la veda de los sillones presidenciales, en el último cuarto de siglo pasado y lo que llevamos de éste, puede decirse que la afluencia de féminas optando a las primeras magistraturas lleva camino de convertirse en avalancha.

En Alemania Ángela Merkel; Chile: Michelle Bachelet, electa 2006 y reelecta en 2010 y 2014; Irlanda: Mary McAleese elegida en 1997 y reelegida en 2004; En Dinamarca Helle Thorning-Schmidt, la primera mujer Jefa de Gobierno en 2011; Kolinda Grabar-Kitarović es desde 2015 la actual presidenta de la República de Croacia

Además de las nombradas ha habido y hay en la actualidad mujeres Jefas de Gobierno o Primeras Ministras y generalmente exitosas en Francia, Turquía, Letonia, Islandia, Malta, Nueva Zelanda, Portugal, Mozambique, San Tomé y Príncipe, Dominica, Antillas Holandesas Bangladesh Senegal, Corea del Sur…

La letanía es larga, nunca se ha dado importancia a semejante cantidad de naciones gobernadas por mujeres, casi un centenar; en el mundo, 57 países han tenido en algún momento una o varias mujeres como como presidentas, primeras ministras o jefas de gobierno. En 20 de ellos una mandataria ha ocupado ambos cargos, en ocho solo el de presidenta y en 29 solo el de jefa del Ejecutivo, además de las innumerables reelecciones.

También en América Latina las mujeres han hablado después de haber estado por demasiado tiempo limitadas o invisibles, con extrañas y desafortunadas excepciones. Están invadiendo calles, plazas y demás lugares públicos, con diferentes voces, gritando o susurrando pero haciéndose escuchar, en prácticamente toda la geografía latinoamericana. Tal parece que las largas y peliagudas luchas feministas por los derechos de las mujeres están dando frutos, aunque no sé si es temprano para cantar victoria, pues la fiera latente que el feminismo despertó al llegar, el machismo, aún encuentra foros como en EEUU* donde se escucha.

En 2004, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “La mujer, la política y el futuro democrático de América Latina” ya apuntaba que “Junto al resurgimiento de la democracia, América Latina es testigo de un giro visible hacia la feminización de la política. En 2003, Panamá tuvo una mujer Presidente y Perú tuvo a una Primer Ministro mujer. Además, Chile y Colombia tuvieron una mujer como jefe de las Fuerzas Armadas”. Desde ese año a hoy han sucedido varias reelecciones y ha llegado alguna presidenta más. ¡Ah! Y algunas que no dieron la talla, están tras las rejas o a punto.

Dadas las desastrosas circunstancias en las que se encuentra actualmente Venezuela con el actual gobierno, no es descabellado pensar que deberán llegar cambios importantes sin descartar un posible y hasta probable cambio de régimen. En el ambiente se respira y la historia y el sentido común así lo sugieren.

Vistos los resultados tan pobres obtenidos por los presidentes varones de este país (y alguno que otro extranjero), durante casi dos siglos de república… y… democracia… qué quieren que les diga…

Ya que una gran mayoría del país pide a gritos que quiere cambios radicales, en los próximas elecciones para elegir un presidente, si me permiten la sugerencia ¿Y por qué no una, en vez de uno?

* En EEUU, 29 mujeres han sido candidatas a la presidencia. La primera de la historia fue Victoria Woodhull (en la foto) en 1872, hace 143 años, y lo hacía por el Equal Rights Party (Partido por la Igualdad de Derechos). Hasta ahora en EEUU ninguno de los dos grandes partidos ha contado con una candidata a la presidencia.

TAL CUAL