El Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el ex primer ministro de Francia Manuel Valls en El Escorial. EFE..FOTO

Mario Vargas Llosa es un hombre de patria. Lo fue en 1990 cuando se presentó a las elecciones en Perú, lo ha sido en su literatura peruana y universal, y lo es ahora cuando blande su doble nacionalidad para protestar contra el secesionismo en Cataluña. Algo similar le ocurre al ex primer ministro francés Manuel Valls y también al filósofo y escritor Fernando Savater, que fue hombre de patria cuando era peligroso y lo sigue siendo ahora.

Los tres, primero Savater y luego Llosa y Valls, fueron los ponentes estrella en la jornada de ayer del curso Patrias, naciones y nacionalismos, que se celebra a lo largo de esta semana en el marco de los Cursos de Verano El Escorial. Lejos de las desaforadas muestras de nacionalismo que se ven hoy día, que convierten el debate sobre la patria casi en un asunto mainstream, intentaron aportar un gramo de cordura poniendo suelo donde la sociedad ya ha pisado. También Valls, aunque aseguró que no es tan inteligente como sus compañeros y que por eso hace política.

Hay que diferenciar, de todas formas, entre patriotismo y nacionalismo. “El patriotismo es un sentimiento generoso, mientras no demuestre lo contrario, y no va contra nadie”, comentó Llosa. “El nacionalismo es distinto, es una ideología, una religión laica que parte de un acto de fe”, añadió, y aseguró que a la larga o a la corta se acaba vinculando con el racismo, con recado incluido para el presidente de la Generalitat, Quim Torra. “No hay daño en que la gente quiera a su pueblo, y esto no hace que sea incompatible con la apertura al mundo. El nacionalismo, en cambio, es el miedo a salir de la tribu”, comentó.

Valls, por su parte, asegura ser patriota de España, de Francia, de Cataluña y Barcelona. Y cita a Romain Gary para decir que “el patriotismo es el amor de los suyos y el nacionalismo es el odio de los otros”. “Ser patriota es comulgar con los valores universales”, defendió.

El debate, sin embargo, tenía más aura de charla. Todos estaban demasiado de acuerdo. El propio J.J. Armas Marcelo, como director de la cátedra, se regocijó de no haber concedido al nacionalismo ningún puesto en los cursos. Transcurría todo ello además sobre la sombra del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, que, de una forma u otra, se ha acercado a los tres. A Valls proponiéndole liderar la candidatura de la formación naranja en Barcelona, al premio Nobel en sus actos de la España Ciudadana y a Savater ofreciéndole ser candidato al Parlamento Europeo. Este último confirmó ayer que rechazaba la propuesta: “Albert es muy amable y creo que es el político con más futuro del país, pero a mí me cuesta ya hasta afeitarme la barba”, aseguró.

Los tres defienden de alguna forma u otra la idea que Rivera denomina“patriotismo civil” -en ese uso del lenguaje que busca golpear marcos conceptuales como con la “moción instrumental”-. Un término similar al “patriotismo constitucional” de Jürgen Habermas, el cual se caracteriza por la contraposición al nacionalismo totalitario nazi y que defiende valores que emanan de la democracia y, obviamente, la Constitución.

“La base de todas las constituciones es el derecho a decidir, pero entre todos”, aclaró Savater. “La lata de la democracia es que todos somos políticos. Y lo peor de los políticos que mandan es que se parecen mucho a nosotros”, añadió. Savater aboga por la ciudadanía como punto de partida, por los valores que se construyen, no por los que vienen de raíces y de una Historia malinterpretada.

La batalla va a ser dura: “Este enfrentamiento va a ser uno de los graves”, defiendió el filósofo. Y concluyó: “El nacionalismo tiene a su favor que no necesita ninguna preparación intelectual. Si quieres ser liberal o marxista, tienes que estudiar, pero para ser nacionalista basta con repetir ‘nosotros’ y ‘los de aquí'”.

EL MUNDO DE ESPAÑA

 

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