Lo que está claro es que no es suficiente oponerse sistemáticamente a todo lo que hace el oficialismo. Oponerse por oponerse. Sin propuesta que sustituya la gubernamental

La vida en sociedad la regulan y armonizan las normas sociales. Los principios y valores de la gente que la integran. Pero en el fondo, la vida es querella, altercado y lucha. Es una inmutable lucha por sobrevivir, progresar y distinguirse. Es el individuo contra el mundo que le rodea. Donde figuran y prosperan los demonios de la envidia, el egoísmo y las pasiones de la idolatría y el personalismo. La cultura y la formación educativa de cada hombre deberían reglamentar y someter estas primitivas, pero aún actuantes, desviaciones del comportamiento humano. Las ambiciones y complejos de cada quien hacen brotar las mezquindades y vilezas de las entrañas y los hígados no satisfechos. La disputa social, decía Hobbes, tiene tres causas: la desconfianza hacia todos los demás; la competencia con todo el resto y el deseo de fama. Hablamos de lucha por el poder, influencia y prestigio.

Sin control fiscal no presupuestario
En Venezuela, las diferencias políticas han polarizado a la sociedad. La lucha entre dos modelos de nación. Hay que llamar a sus cosas por su verdadero nombre “Al pan pan y al vino vino”. Un modelo socialista en el gobierno y otro modelo capitalista en la oposición. Este enfrentamiento ha polarizado a la población. Radicalizó las posiciones de unos y otros. Lleva la discusión a las más bajas pasiones, y las redes sociales, en buena parte, se comportan vulgares y prosaicas. Lo que está en discusión son los efectos de un modelo que tiene como centro la lucha de clases y la protección especial a las clases más pobres. La llamada revolución del proyecto Chávez está siendo implantado con la fuerza del poder militar y con la intervención de las instituciones y poderes públicos. No hay autonomía de los poderes y solo uno de ellos, el Ejecutivo, es el que planifica, investiga y ejecuta. No hay control fiscal, presupuestario ni programático.
Todos contra todos
En el campo opositor la cosa no puede estar peor. Dividido en cinco toletes pelean entre sí por capitalizar a la masa opositora al régimen. Que según estudios sociales aglutina a la mayoría de aquellos miembros del registro electoral. Aquí, y esto está bien claro, tiene influencia una estrategia gubernamental que incide propagandísticamente en la actual fractura de la oposición. Los egos y las apetencias individuales han sido elementos básicos en la división. Carentes de la fuerza de la unión deambulan erráticos y solitarios por caminos de espejismos y quimeras.
Débiles y taciturnos recorren los medios de comunicación con discursos cada vez más personalistas y utilitarios. Todos proclaman la unión pero alrededor de cada uno de ellos. Parecieran decir “vengan a mí que tengo flor”. Engreídos se pasean afanosos por entre la entramada realidad política venezolana. Navegando en un mar de subjetivismo y galimatías. Es la “lucha de todos contra todos” como la llamará Thomas Hobbes. Una verdadera tragedia la fractura indescifrable de la dirigencia opositora.
Entre tanto un solo gallo canta en el gallinero de la opinión pública. Tal como dice la encuesta de la Universidad Católica, buena parte de la gente “solo reciben, ven y oyen” los mensajes del gobierno nacional. Sus políticas y programas.
Un solo actor que informa, traza medidas que cambian la vida de las personas y manipulan a su libre albedrío las matrices de opinión que les interesa posicionar. La multidivisión del liderazgo opositor y su explícito silencio comienza a hacer mella en la disminución del respaldo popular. La masa opositora pasa entonces a castigar al liderazgo que carece de credibilidad. Lo siente insignificante y lo castiga con su indiferencia. Por eso, sus convocatorias tienen asistencias muy pequeñas e identificables.
Oponerse por oponerse
Por el bien de una democracia fuerte y consolidada es urgente iniciar el proceso de construcción de la alternativa opositora. Hay que sacar a la población de la coartada del único actor y emisor que actúa y darle otra opción para escoger. Presentarle una acción dilemática. Estructurada en principios, valores y enfoques contrapuestos. Para que la gente sienta, vea y entienda los efectos y resultados de una y otra, en su propio progreso y bienestar.
Lo que está claro es que no es suficiente oponerse sistemáticamente a todo lo que hace el oficialismo. Oponerse por oponerse. Sin propuesta que sustituya la gubernamental.
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