En términos de política mayor, en Santo Domingo perdió el país. Pero la oposición mostró una clara autonomía respecto a la burda pretensión del régimen de convertir un acuerdo en una rendición ante sus tramposerías. La oposición no firmó porque quería darle al hambre y a la ingobernabilidad general una salida electoral, pacífica y democrática. Su actuación desmintió la campaña, del Gobierno y de la ultra oposición, de que la firma estaba lista.

A veces pensamos con el cerebro del régimen. Repetimos su discurso. Reflejamos su agenda. Respondemos como la sala situacional oficialista lo calcula y provoca. Nos mantenemos en el marco que nos impone nuestro adversario. Esta vez no.
La MUD es responsable, en aspectos muy delimitables, de la falta de confianza que existe hacia ella. Pero es imposible ignorar la orquestada campaña de descalificación llevada a cabo directamente por el Gobierno e inducida por su aparato comunicacional. Tampoco seguir ocultándonos que factores de oposición y de la propia MUD han reproducido esa campaña. O se han desentendido de la necesidad de pisar los frenos.
En Santo Domingo la MUD inicia una rectificación que debe ser mantenida y acompañada por todas las fuerzas democráticas, obligadas hoy a reajustar posiciones y brindar demostraciones verdaderas de que desean conformar una alternativa de unidad nacional que salve a Venezuela del infierno que significaría seis años más de Maduro. Tiempo en el cual continuaría la huida de la población; el exterminio de la población por hambre y falta de medicinas y sería liquidada definitivamente la democracia. No es momento para juegos o aprovechamientos políticos suicidas.
La política no puede seguir siendo una burbuja separada de la convivencia directa con las víctimas del hambre, la falta de tratamientos, la quiebra de los servicios públicos o la destrucción acometida por un gobierno del cual hay que salir por medios democráticos, sin invasiones ni golpes de Estado. Los partidos y la sociedad civil deben asumir el dilema real encarnado en la desesperada situación que estamos viviendo: o el país le pone fin a Maduro o este acaba con el país.
Pero a nombre de una invocación de principios se pide no legitimar a la dictadura, mientras se propone que voluntariamente la oposición colabore con el Gobierno para conformar un escenario a lo Daniel Ortega: que Maduro se legitime sin resistencia de la población y que la oposición se rinda y se excluya ella misma voluntariamente. En vez de combatir el fraude, desde adentro, arrinconarse en una abstención que operaría como un medio de legitimación oculta.

El reto inmediato es iniciar una estrategia de lucha para vencer al fraude recomponiendo la identificación entre la sociedad, los partidos y el liderazgo político: 1. Acentuando la dimensión social de la acción política y convirtiendo el descontento en voto castigo. 2. Segundo, reforzando la disposición a votar que existe en la mayoría de la población y plantando una fuerte resistencia para derrotar el fraude. 3. Unir a la oposición política y social. Actuar de verdad para que el candidato sea un factor para potenciar el derecho a ganar.

Leave a Reply

Your email address will not be published.