Las fuentes de orgullo militar en las Fuerzas Armadas de cualquier país del mundo suelen ser muy claras y el heroísmo probablemente sea el valor universal más destacado, por lo cual la cobardía y el miedo son inadmisibles en sus códigos de honor.

Una estampida de efectivos militares, como la que ocurrió el pasado 04 de agosto en la Avenida Bolívar de Caracas, en un acto presidido por el comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional y el alto mando militar en pleno, es una vergüenza para cualquier institución militar en el mundo. Más aún, para quienes se definen como herederos de la gesta de Bolívar.

El artículo 5 de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana vigente (2014), empieza con estas palabras: “No puede ser militar el cobarde (…)”.

Lo que pudimos ver los venezolanos el sábado pasado, fue lamentable. Un palco presidencial confundido, asustado, sin subordinación ni mando claro para la defensa del presidente. Hasta el ministro de la defensa, el militar activo con más soles en Venezuela, salió empujado y Jorge Rodríguez, ministro de la secretaria, sin formación militar alguna, impartió instrucciones a la Guardia de Honor Presidencial.

Segundos más tarde, pudo apreciarse una desbandada de soldados que se encontraban en la parada militar, producto del pánico que creó la huida presidencial, en la que nadie tomó el liderazgo.

El sábado 04 de agosto de 2018, fuimos testigos los venezolanos, de una reacción militar insólita, en términos de una amenaza a un jefe de estado, que debe ser respondida por la Guardia de Honor Presidencial, una unidad militar conformada por 10 batallones para la protección del presidente y la de sus allegados. Dos brigadas y una división de operaciones aeroespaciales integrada por personal militar del Ejército, la Armada, la Aviación, la Guardia Nacional y la Milicia Bolivariana, además de órganos de seguridad ciudadana, 11 batallones, una unidad de francotiradores, un escuadrón de caballería motorizada y una unidad de fuerzas especiales, entre otras unidades.

En el incidente, los mandos subalternos sólo copiaron el modelo de los superiores. Por cierto, las señoras, en la imagen televisada, lucían más serenas que los hombres.

En esta historia, sin duda, hay que exculpar a los cadetes y soldados, con miedo. Ellos lamentablemente no han sido preparados para una situación semejante. En las prácticas de desfiles, estas hipótesis no se toman en cuenta y ellos apelaron a una reacción natural. Además, no cuentan con munición y nada pueden hacer para responder, y en su vocación quedó demostrado, no está la de convertirse en escudos humanos o “escudos de amor”, a los que ha referido el presidente, lo defendieron de este incidente.

Jorge Rodríguez ha señalado que se dio instrucción a la tropa para dispersarse. Es bueno recordarle, que las tropas no se retiran a la desbandada. Incluso ante una emergencia se conducen en formación, hasta las áreas que deben estar previstas a tal fin.

Por cierto, llamó la atención en la imagen televisada del incidente, la parsimonia y tranquilidad del comandante de la Guardia de Honor Presidencial, Mayor General (Ej.) Iván Hernández Dala, quien ejerce en simultaneo el cargo de jefe de la Dirección de Contrainteligencia Militar en Venezuela (DGSCIM). Llamó la atención…

LA PATILLA