Como nos enseñaron las tías de Cary Grant, hay muchas formas de practicar la caridad. Y el arsénico, por qué no, es una de ellas. Quizá ligeramente ilegal, pero mucho más efectiva. Dónde va a parar. Gracia Querejeta y Maribel Verdú, en la que es su cuarta e iluminada colaboración, ejercen, a su modo, de hermanas Brewster y se toman la justicia por su mano. Alguien diría que las mueve la venganza. Todo está permitido en una comedia no tanto alocada como vocacionalmente libre. Hasta la incomodidad incluso.

Todas las formas que el machismo ha visto, que básicamente son todas las posibles, son convocadas en Ola de crímenes con saña, violencia y algo de sangre. La idea es convertir el drama diario de corrupción impune y patriarcado adocenado en el escenario no de uno sino de todos los delitos imaginables. El resultado, pese a las ligeras arritmias, es una película tan liberadora como libérrima. Febril y suicida. Todo a la vez. Como diría Grant (Mortimer Brewster), la locura no corre, galopa.