Por Claudia Macero

El día que lo agarraron en el aeropuerto también me enteré que era concejal en Caracas por Primero Justicia y que regresaba al país después después de un viaje cuyas razones desconocía.

Jamás había visto su cara. Siempre suelo ponerle rostro a la gente buscándola en google y guardándola como especie de registro en mi cabeza.

Recuerdo que leí un comunicado de Vente Venezuela en Caracas sobre el caso y que ahí supe más. Alguien me dijo que trabajó en la campaña de Henrique Capriles, que denunciaba constantemente problemáticas sociales y que era sumamente religioso y buena gente. Uno de sus últimos tuits fue precisamente una cita de San Francisco de Asís, donde pedía ser instrumento de paz y amor donde existiese odio y tinieblas. Paradójico.

No conocía a Fernando, pero todo el que hablaba de él le tenía mucho cariño, lo reconocen como alguien que denunciaba claro y firme; alguien leal.

No conocía a Fernando, pero qué mal me cayó leer primero los rumores de su “suicidio” este lunes desde un piso 10 del Sebin de Plaza Venezuela. Jamás olvidaré la foto del grupo de gente mirando en círculo el cuerpo de alguien que había denunciado presiones en su contra por presuntamente participar en el supuesto intento de magnicidio.

No conocía a Fernando, pero después de leer tanto sobre él, casi podía jurar que jamás se suicidaría. Una diputada de su partido contó que a sus abogados les dijo que si su prisión servía para liberar a Venezuela, bien valía la pena.

No conocía a Fernando, pero su muerte me movió de una manera extraña; tan íntima, tan distinta. Creo que a todos, sin esperarlo, se nos murió alguien cercano, alguien que luchaba por lo mismo que nosotros.

No conocía a Fernando, pero cuánto me hubiese gustado haber tenido la oportunidad de hacerlo. Al final, lo conocí gracias a la dictadura que lo asesinó y, lejos de desmovilizarme, me liberó, porque, como dijo el padre de una iglesia caraqueña: “No importan las cadenas y barrotes que te pongan; si tú decides ser libre en mente y espíritu, no habrá sistema que te aprese”.

No, no conocía a Fernando, pero hoy siento que debo agradecerle por ser lo que citó en su twitter: un instrumento de amor, un gran catalizador de un país que encontrará paz logrando el quiebre del sistema que lo oprime. ¡Lo vamos a lograr!