Musical, instintiva, privilegiada por su voz… la cantante barcelonesa hizo posible le regreso del ‘bel canto’

Monserrat Caballé no fue sólo una cantante de bellísima voz. Fue también una intérprete privilegiada que tuvo el acierto y las condiciones necesarias para participar en un momento histórico de la ópera: la recuperación del bel canto en la segunda mitad del siglo XX. Recordemos: el bel canto del primer tercio del siglo XIX, la ópera de Donizetti, Rossini y sus compañeros de tradición, exigía una pureza de emisión y una línea continua de voz que no estaba al alcance de todos los cantantes. Por eso quedó postergado durante más de un siglo y por eso sólo fue posible su recuperación cuando las voces privilegiadas de Caballé y Joan Sutherland llegaron a su madurez.

Aquello ocurrió en los años 70 del siglo pasado, y el tiempo también ha pasado para las heroínas de aquella era. La ópera exige hoy otras cosas a sus cantantes, otras capacidades físicas, otra presencia y otros talentos. Por eso, Montserrat Caballé ha muerto como una figura de otro tiempo. Caballé fue una cantante muy musical, capaz de fiar su carrera a sus enormes facultades.Su historia, de alguna manera, representaba lo contrario que la de Alfredo Kraus. Donde el canario ponía una técnica exquisita y un control minucioso de cada detalle, la barcelonesa se bastaba con su instinto musical y sus enormes facultades.

También se valía de otro instinto: el de supervivencia. Caballé era una estrella y, como tal, era capaz de elegir siempre a los pianistas y a los directores de orquesta con los que se sentía arropada. Personalmente, recuerdo la experiencia de trabajar con ella en el Festival de Granada. Zanetti estaba pendiente de crear un entorno propicio para la cantante, de llevarla hasta ese momento en el que Caballé se dejase llevar hasta la excelencia.

No hay que restarle méritos por ello. Caballé fue, además de una estrella, una cantante capaz de adaptarse a todo el repertorio y de destacar en cualquier ópera gracias a la belleza de su voz. Entre sus méritos está también el interés que puso por la música española y la generosidad con la que difundió piezas como las Canciones negras de Xavier Montsalvatge o La vida breve de Manuel de Falla. Para los que estábamos en esa misma causa, su ayuda fue valiosísima.

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