Catherine Deneuve. 2017. Sage Femme. El reencuentro. A midwife gets unexpected news from her father's old mistress. Director: Martin Provost Writers: Martin Provost (dialogue), Martin Provost (screenplay) Stars: Catherine Deneuve, Catherine Frot, Olivier Gourmet |

El director francés junta a Catherine Deneuve y Catherine Frot, dos colosos de la interpretación europea, en una acercamiento a la solidaridad femenina en tiempos amargos

foto..Catherine Deneuve y Catherine Frot en un momento de la película ‘Dos mujeres’, de Martin Provost.

En francés, la expresión sage-femme se utiliza para denominar a las comadronas, tradicionalmente encargadas de los partos. Pero también tiene el sentido de «mujer sabia» o «buena» y en ambas definiciones entra de lleno la protagonista de Dos mujeres, película francesa recién estrenada y cuyo título original es… Sage-femme. Ése era el deseo de Martin Provost (Brest, 1957), cineasta que deja a un lado las películas de época (Séraphine, Violette) para poner en pie un sólido drama con algún desliz cómico sostenido por dos pesos pesados del cine francés, Catherine Frot y Catherine Deneuve.

Las dos mujeres del título son Claire (Frot), comadrona volcada con su trabajo y su atención a los demás, y Béatrice (Deneuve), excéntrica y egoísta ex de su padre, que vuelve a su vida inesperadamente y la revoluciona por completo. «De alguna manera es el tema de la película, la relación entre dos personas opuestas», señala Provost, que asistió a un festín interpretativo comandado por dos actrices que ocupan un lugar de honor en la Historia del Cine francés. «Empecé a jugar con todo eso, a orquestar sus diferentes personalidades para que los espectadores vieran ese contraste. Entre ellas no hubo fraternidad pero tampoco rivalidad, la clave fue la curiosidad con la que ambas se acercaron la una a la otra». A lo largo del metraje, por momentos se percibe la gélida frialdad con la que opera Deneuve y cómo Frot consigue ablandarla a golpe de empatía.

Además de a un mito viviente como la Deneuve, Frot tuvo que enfrentarse a otro reto considerable: ejercer de matrona de verdad en ocho partos reales que aparecen en distintos momentos de la película. «Catherine recibió varios cursos y estuvo formándose para poder hacerlo lo más realista posible. Por supuesto, estuvo acompañada en todo momento por una verdadera comadrona y un médico, pero aprendió muy rápidamente los gestos y el proceso».

Su personaje, y la razón última de ser de la película, está basado en una anécdota de la biografía del propio director y guionista. «Yo no debería estar aquí», dice Provost medio riéndose. «Tenía un grave problema en la sangre cuando nací y fui salvado por una comadrona que me donó la suya. Mi padre buscó por todos los hospitales de Brest sangre compatible con la mía, hasta que se dieron cuenta de que la comadrona tenía el mismo grupo sanguíneo que yo. Me hicieron la transfusión y gracias a eso estoy vivo». Así, del homenaje a una persona concreta a la que está dedicada la película, el cineasta amplía el alcance a toda una profesión que en Francia se encuentra en grave peligro de extinción ante la progresiva privatización de la sanidad y su reducción al papel de enfermeras.

«Me entrevisté con muchas de ellas y comprendí las dificultades a las que se enfrentan. Fue además en una época en la que estaban en huelga, luchaban para que no masacraran el sistema reduciendo cada vez más su rol y la relación personal que se establece entre ellas y las madres», explica.

Si algo tienen en común las películas de Provost, además de ese inefable toque francés que recorre su filmografía, es que siempre cuenta con protagonistas femeninas. Entre sus películas más celebradas, los biopics sobre la pintora Séraphine Louis y la escritora Viollet Leduc, y esta historia sobre dos mujeres maduras que se rechazan y se necesitan a partes iguales hay una línea invisible que las une. «Lo que quiero contar con mis películas es que es importante liberarse del pasado, de cosas que no han sanado todavía o cuestiones que te persiguen a lo largo de los años pero no has acabado de entender. Espero llegar a decir algo a través de mis películas, ayudar a transformar la perspectiva de alguien».

En el caso de Dos mujeres, la idea subyacente tiene que ver con «mujeres que paren solas y mujeres que mueren solas, sin una mano amiga cerca, y eso es terrible. Tenemos tanto miedo de mostrar amor incluso cuando sabemos que alguien a quien queremos va a morir… es una de las grandes desgracias del tiempo que nos ha tocado vivir». Y, pese a eso, Provost no se rinde, ya que tiene la fórmula mágica para sobrellevar hasta los peores contratiempos. «A través de la pintura, la literatura y el cine podemos salir o aprender de todas esas situaciones trágicas de la vida». Amén.

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