Es la secuela más esperada… y también la primera que presenta Pixar tras la marcha de su jefe, John Lasseter, acusado de “comportamientos inadecuados”. Su director Brad Bird, reflexiona de por qué todo en ella habla del ‘superpoder’ de la mujer.

Llegará el día en el que las películas de entretenimiento serán sólo eso; unas bonitas historias pensadas y producidas con el único propósito de pasarlo bien. Qué digo bien, muy bien. Estupendamente incluso. Serán ejercicios vocacionalmente nihilistas, pero saludables. La risa, está demostrado, alarga la vida. Cuando eso ocurra, los blockbusters serán sólo de superhéroes; los libros, policiacos nórdicos; la música, reguetón, y las fotos, selfies. Y, por fin, seremos felices y lo pasaremos muy bien.

Un momento, ¿no es eso exactamente lo que ocurre en este momento? Brad Bird(Montana, 1957) tuerce el gesto. Está y no está de acuerdo. Y para añadir confusión a su mirada, sin duda suspicaz, presenta Los increíbles 2, que se presenta en el Festival de Annecy justo antes de su estreno en EEUU (En España se verá en agosto, cuando acabe el Mundial). Su esperada película lo tiene todo. Hay superhéroes, suspense, música bailable, algún que otro selfie… Y, sin embargo, hay más todavía. Uno se entretiene sí, pero, a poco que se despiste, también le da por pensar. Y eso, en efecto, no parece suficientemente nihilista.

En cierta forma, ésta es una película feminista o, apurando, postfeminista…
[Ríe] Suena un poco fuerte. ¿Qué tal encaja eso con lo de las palomitas? [Vuelve a reír. Más fuerte]

Definitivamente, hay entrevistas que empiezan mal. El que habla es el responsable de una de las secuelas más esperadas de la historia del cine. O, por lo menos, de esa subtrama del cine que son los dibujos animados. Ha tardado casi 14 años en cumplir el sueño de todos los espectadores que quedaron deslumbrados con la primera entrega de 2004. Y, de nuevo, como es norma en cada paso que ha dado, Bird se las ha arreglado para hacer exactamente lo que le ha dado la gana. Cuando todo el mundo hacía animación en 3-D, él convirtió El gigante de hierro en un auténtico poema dibujado a lápiz. Puro clasicismo. Sólo él fue capaz de convertir a una rata en chef de cocina (Ratatouille) y él, otra vez, hizo de la ciencia ficción el más sugerente, anómalo y hasta fallido de los sueños (Tomorrowland). Y fiel a sí mismo, insiste: se esperaba la más entretenida, divertida y superheroica de las películas y, en efecto, eso es. Pero también es más todavía: la primera película animada protagonizada por una mujer empoderada. Signifique esto lo que signifique. Vuelve a reírse.

«No era algo planificado. Eso es imposible. Tenía la idea de que le encargaran la misión a Helen (Elasticgirl) en lugar de a Bob (Mister Increíble) cuando estábamos en la promoción de la primera. Y también sabía que me quedaba por explotar el filón de Jack-Jack (el bebé) porque el público sabía que tenía distintos poderes, pero la familia no. Así que me pareció buena idea bromear con la idea de que Bob no recibía el encargo para la misión por primera vez en su vida y se quedara a cargo de la familia», dice para desdramatizar.

Bird se reconoce halagado y a la vez alerta con el excesivo empeño de situar su trabajo dentro del movimiento #MeToo. «Me parece bien lo que ocurre, pero no creo que ahora sea más importante la reivindicación de la mujer que en otros momentos. Las mujeres siempre han estado subestimadas. La diferencia es que ahora los hombres han empezado a escuchar», zanja convencido de que, por alguna razón, Hollywood se dejó perder. «La gente actúa como si esto fuera algo nuevo. En la década de los 30, una era dorada del cine, la mitad de las películas que se hacían tenían protagonistas femeninas. Estaba Bette Davies, Joan Crawford… Las mujeres eran igual de rentables que los hombres. ¡Son la mitad del público! La mitad del planeta son mujeres, así que me apetece oír sus historias, hace que las cosas sean más interesantes».

Y llegados a este punto toca hablar de John Lasseter. Su amigo, colega y hasta cierto punto mentor acaba de anunciar que abandonará su puesto como jefe creativo de Pixar y de Walt Disney Animation Studios. Lo hará a final de año. Después de un periodo sabático de seis meses tras ser acusado de «comportamiento inadecuado», se echa a un lado. De otro modo, el mismo argumento que, a pesar de todo, soporta su película es el que elimina a su jefe.

¿En qué situación queda Pixar tras la dimisión de Lasseter?
Es demasiado pronto para saber cómo va a afectar al estudio y no sé nada que no sepa usted. John me ha ayudado mucho, también en esta película. Nos hemos beneficiado mucho de su trabajo y le deseo todo lo mejor haga lo que haga.
¿Y cómo se siente?
John es un viejo amigo y se me hace raro. Pero he hecho películas con John y sin él. Ya he cambiado antes de un modo u otro.

Y ahí lo deja.

Sea como sea, esta película significa la vuelta de Bird a Pixar, la factoría que literalmente revolucionó la imaginación del planeta desde que en 1995 estrenaraToy story. Y Los increíbles 2 será la primera película que se proyecte con Lasseter de retirada. «Pixar siempre ha estado cambiando. Nació como un lugar para desarrollar efectos digitales para George Lucas y más tarde John Lasseter y Ed Catmull se propusieron hacer películas de animación con tecnología digital y a George eso no le interesaba. Así que le vendió la empresa a Steve Jobs… Ha tenido muchas vidas y se ha adaptado de maneras diferentes. Seguro que seguirá cambiando… a veces para bien, a veces para mal… Es algo vivo».

Y le creemos. Al fin y al cabo, pocos cineastas pueden presumir de tanto y tan variado. A lo citado más arriba, habría que añadir su incursión deslumbrante en el frenesí desnudo de excusas de la mano de Misión imposible: protocolo fantasma. Siempre inquieto, siempre en el límite. Entre la comedia y la acción, entre la animación y lo otro. «El lenguaje siempre es cinematográfico. Trabajas con ángulos de cámara y con la seducción del movimiento de la cámara. Luego hay que editar y tienes personajes con los que quieres que el público conecte. El color, la música, el sonido… Ése es el mundo del cine. La línea entre la animación y la acción real se está desdibujando y eso también es interesante», reflexiona a la carrera.

Uno de los personajes de Los increíbles 2 es un extraño supersujeto que responde al nombre de Screenslaver (negrero de pantallas). Su poder: convertir a los usuarios de cualquier dispositivo con pantalla en sencillamente súbditos. ¿Les suena? De nuevo, para ser sólo una película de entrenamiento familiar, insiste en ser más. Mucho más. «Tampoco hay que exagerar. Cuando era pequeño también a mí me decían que veía demasiado la tele, así que eso tampoco es nuevo. Ahora tenemos más pantallas, eso es todo… Como todo lo que inventan los humanos, puede usarse mal y también puede usarse de una forma que sea muy interesante y le abra nuevas perspectivas a la gente», comenta tan entusiasta como quizá impreciso.

¿Le asusta la presión de hacer la secuela de ‘Los increíbles’?
No, es halagador. Si la gente espera mucho de ella es porque la primera película les gustó. Pero hay un millón de buenas razones para no hacer una película: puedes decepcionar a la gente, cuestan demasiado dinero, y se tarda mucho en hacerlas. También existe esa sensación extraña cuando la gente te deja mensajes en Internet diciendo: «Más te vale no decepcionarme». No resulta inspirador. Tienes que liberarte de todas esas tonterías y pensar: ‘Me encantan las películas, me encanta cómo me hacen sentir’. Y que a otros les haga sentir igual.

Y aquí ya sí, no queda más que dar la razón a Brad Bird, un tipo que películas tan entretenidas que, por fuerza, son ya otra cosa. Mucho más.

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