Tras décadas descubriendo planetas, llega el turno de las exolunas, mucho más difíciles de detectar

La primera firme candidata es tan grande como Neptuno y orbita un gigante gaseoso

Ciencia extrema para buscar otros planetas

A lo largo de las dos últimas décadas se han ido descubriendo infinidad de mundos fuera del Sistema Solar, haciendo de los exoplanetas uno de los capítulos más interesantes de la astronomía. Hay ya unos 3.800 en la lista, según el archivo de la NASA. Pero, ¿qué pasa con las exolunas? Si sólo en nuestro sistema solar se conocen más de 200 satélites, ¿no los hay orbitando todos esos mundos lejanos?

Los científicos están convencidos de que sí. Pero el problema es que a esas distancias resulta muy difícil detectarlas. Por eso, la presentación, este miércoles, de la que podría ser la primera exoluna observada, ha sido acogida con bastante interés. Según explican sus descubridores en la revista Science Advances, la han podido identificar porque es bastante grande -tiene un diámetro comparable al de Neptuno- y orbita un planeta gigante gaseoso del tamaño de Júpiter, bautizado como Kepler 1625b. En nuestro sistema solar, no hay lunas tan grandes como ésta, que se encuentra a unos 8.000 años luz

¿Cómo dieron con ella? Alex Teachey y David Kipping, los investigadores de la Universidad de Columbia (EEUU) que firman esta investigación, analizaron los datos de 284 planetas descubiertos por el telescopio espacial Kepler, diseñado para encontrar mundos fuera del Sistema Solar. Todos tenían la particularidad de que tardaban más de 30 días en dar una vuelta a su estrella, es decir, tenían órbitas amplias. Midieron la disminución en el brillo de la estrella que se produce cuando el planeta pasa delante (lo que se llama tránsitos) y descubrieron que Kepler 1625b presentaba ciertas anomalías.

Estas particularidades les permitieron disponer de 40 horas de observación con el telescopio espacial Hubble, que les facilitó datos cuatro veces más precisos que los que obtuvieron con Kepler. Monitorizaron el planeta durante las 19 horas que duró el tránsito que hizo delante de su estrella y, tres horas y media después de que éste terminara, el Hubble detectó otro descenso en el brillo de la estrella, mucho más corto y pequeño. Un resultado compatible y consistente con la presencia de una luna, según argumentan estos dos astrónomos, a los que desafortunadamente, se les acabaron las horas de observación asignadas antes de que pudieran medir el tránsito completo del satélite.

Cautela ante el hallazgo

Por ello, sus propios descubridores son cautos sobre sus resultados y, aunque creen que estamos ante la primera luna observada, admiten que necesitan más observaciones para estar seguros. “Estamos deseando someternos al escrutinio de la comunidad astronómica y esperamos todo tipo de reacciones de nuestros colegas, desde la emoción al escepticismo. Y es algo fantástico porque es parte del proceso científico”, comenta a este diario Alex Teachey.

¿Cuándo podrán confirmar si realmente se trata de una exoluna? “Será en mayo de 2019 cuando volvamos a observar el tránsito. Como es muy largo, porque dura 19 horas, es imposible observar el evento completo con un único telescopio terrestre, así que necesitamos un telescopio espacial. El Spitzer podría ser una buena opción pero realmente el Hubble es el mejor para conseguirlo, así que queremos que nos den más tiempo de observación”, explica. Los astrónomos también tienen los ojos puestos en el futuro telescopio espacial James Webb, cuya fecha de lanzamiento ha vuelto a ser pospuesta hasta 2021.

Para el astrofísico español Guillem Anglada, uno de los mayores expertos mundiales en exoplanetas, la cautela de los autores está justificada: “El trabajo es sólido, pero la detección no es del todo clara. Ahora mismo, es lo mejor que uno puede hacer. Como ellos dicen, hay que mirar más objetos y ver si la evidencia de la presencia de lunas se acumula, así como tomar más medidas sobre este objeto”, explica el investigador español, sin vinculación con ese estudio.

De hecho, apunta Anglada, “más que una luna, yo diría que esto sería un planeta ‘binario’, ya que estaríamos hablando de un júpiter orbitado por un neptuno“.

¿Estamos entrando en la era de las exolunas? “Tiendo a pensar que sí, aunque creo que los progresos serán lentos. Es muy plausible que haya otra detección a lo largo del próximo año pero parece que es más probable que encontremos lunas orbitando planetas que están a bastante distancia de sus estrellas, en las regiones más frías de esos sistemas planetarios, y eso supone otro tipo de reto para nosotros”, explica Teachey.

La probabilidad de ver exolunas

Tener nuevos desafíos, añade, es algo positivo para los científicos pero el investigador cree que a corto plazo no hay que esperar “una explosión de descubrimientos”. Además, añade, en la actualidad no son muchos los investigadores que están dedicados a detectar lunas fuera del Sistema Solar.

Anglada coincide con Teachey en subrayar la dificultad de descubrir lunas tan lejanas: “Primero hay que encontrar un planeta que pueda tenerlas (que sea gigante, que no esté demasiado cerca de su estrella y que, además, transite. La probabilidad de encontrar un objeto así es ya muy baja, diría que del orden de 0,05%, por lo que Kepler (que es la única misión que puede encontrarlos) tendrá un par de docenas de objetos. Después, la luna tiene que estar y además, ser bastante grande para que se detecte con un solo tránsito“, enumera.

Sobre la posibilidad de que las exolunas sean habitables, cree que “en principio, sería difícil que exista vida como en la Tierra sin que haya una superficie sólida o líquida, pero quién sabe… En cualquier caso, con lo difícil que es detectar exolunas, buscar evidencias de vida en ellas es (de momento) ciencia ficción”.

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