Cumplida con sevicia la sentencia de muerte, Oscar Pérez y sus compañeros se adentran ahora en otros ámbitos. Despojados de todo vínculo terrenal, ya no precisan de los pasos calculados ni de extremar la cautela, de armas ni de chalecos protectores. Nada dependerá ahora de sus movimientos. Despegarán simplemente adonde quiera elevarlos un imaginario popular dramáticamente ayuno de ejemplos inspiradores. Y que vive momentos del más profundo descreimiento.

Del 27 de junio pasado al 15 de enero de este año transcurrieron los 203 de su cruzada voluntarista, quijotesca y definitivamente suicida desde que decidió humillar el soberbio engreimiento de un aparataje policiaco-militar poderoso, sanguinario, desnaturalizado como no ha tenido precedentes en Venezuela.

Los amos del poder respondieron a su atrevimiento como a una vendetta personal cuando volcaron la violencia represiva hacia sus padres, ajenos a los planes del piloto y policía, para destruirles su vivienda. Desde ese instante si fue una acción en nombre del Estado, se trató de terrorismo de Estado, lo que terminó envolviendo todo el carácter de la arrasadora operación final.

Paradójicamente, haber concretado sus desafíos de manera limpia e incruenta, con un extraño halo de facilidad e impunidad como lo recogían los registros audiovisuales que inundaron las redes sociales, levantaron en torno a su figura el muro de la sospecha, la creencia de que sus acciones obedecían a una maniobra engañosa, distraccionista, un peón que se prestaba a otro perverso montaje de la dictadura.

¿Cómo pudo sobrevolar en helicóptero una zona que concentran tantos poderes como el centro de Caracas sin que lo derribaran ni lo apresaran? ¿Cómo pudo tomar por asalto un comando militar sin disparar un tiro? ¿Quién ha dicho que policía se levanta en armas? Y ya que ha sido actor, ¿cuánto le estará pagando el gobierno por esa pantalla de falso rebelde?

Aún en sus últimas horas, en pleno Gólgota, cuando su rostro salpicado de sangre y sus angustiosos mensajes en tiempo real no dejaban dudas de que marchaba definitivamente hacia el martirio, se mantenían los hervores de la desconfianza en las redes sociales. Divulgada la noticia de su muerte, se exigía la foto de su cadáver. Sólo faltó algún Santo Tomás del tuiter exigiendo hundir los dedos en los agujeros de sus balazos.

Los doscientos días de la epopeya de Oscar Pérez ha calibrado bien esa postración del ánimo nacional, ese sentimiento de frustración y desconcierto por los reveses políticos que ha invadido al venezolano, impotente ante el aplastante cerco político y el asedio del hambre, la falta de medicinas y necesidades de todo orden. No cree en nada ni en nadie.

Para una cúpula de ambición totalitaria que después de dos décadas en el poder maneja con maestría la construcción política del miedo, tener rodeadas a sus presas, disponiendo de una inmensa ventaja numérica y un poder de fuego descomunal, el pequeño grupo rebelde era un manjar irresistible para un odio tan bien incubado, una ocasión demasiado propicia yprovocativa como para no dejar sentado un atroz escarmiento de sangre.

Y enseguida ha venido la impúdica amenaza: quien siga el camino de Pérez y su gente correrá su misma suerte.

Cuando habían pasado 96 horas de la Masacre de El Junquito, ninguno de los cadáveres del grupo disidente había sido entregado. Esos cuerpos deben estar hechos añicos como quedó el chalet donde se refugiaban. El alto gobierno ya debe haber contemplado en versión digital el macabro resultado de su orgía criminal. Y sabe que exponerla a los ojos del público potenciará la condena y el repudio mundial. Cremarlos, desaparecer esa evidencia sería el objetivo, pese a la desesperada resistencia de los familiares.

Hay un charco de sangre a los pies de la silla presidencial. Su ocupante se dice victorioso, pero ahora es cuando más le teme a esos cuerpos hoy acribillados, pero no fuera de juego. Y eso es porque aún equivocado en su vía armada, iluso o soñador insensato, Oscar Pérez vuelve a la acción redimido por su martirio ante los ojos de un pueblo que como cualquier otro se rinde ante el heroísmo de quien ofrenda su vida en plena juventud y en nombre de la libertad.

Es el simbolismo que aterra y perseguirá a Maduro, Cabello y otros, pero que al mismo tiempo convoca al pueblo a creer en sí mismo y en su capacidad para perseverar en la irrenunciable lucha por una Venezuela de libertad, justicia y dignidad.

Tras los recientes acontecimientos generados en el país, dónde la vida parece haber perdido su valor, donde la rendición para no ser asesinado no es tomada en cuenta, el gobierno busca justificar o mantenernos en una pausa analizando un episodio, y mientras tanto los alimentos y medicinas continúan escaseando, el dinero no alcanza, el efectivo sigue desapareciendo de los bolsillos de los venezolanos, y Venezuela pasó a ser la nación con más inseguridad del mundo.

El docente, especialista en conducta y comportamiento humano, Elio Barazarte, considera que en Venezuela puede ocurrir un colapso que generaría un estallido social, y de no originarse estaríamos como sociedad “dando patadas de ahogados”.

“El hambre va a ser el detonante, por eso si debe haber un estallido social, pero no va a ser un estallido social que nosotros debamos programar. Lo único es que ahora la tenemos en la puerta de la esquina, en nuestros hogares, en la calle, en el día, y en la noche, entonces estamos viendo que ciertamente el hambre y la desnutrición es lo que va a llevar de que aquí exista el estallido social,  ya que de lo contrario van a seguir siendo patadas de ahogados”, dijo.

Barazarte señala que con “el hambre” no se puede mediar. Manifiesta que de no ocurrir “el colapso” seguiremos en la tesis del ensayo y error.  “Pasa algo, hay una bulla, hay un muerto, hay un paro, vuelven las protestas, y volvemos otra vez al principio”, señaló.

El también licenciado en educación y profesor universitario explicó que como venezolanos tenemos que pisar fondo “aunque suene feo y muy drástico”, para sobre ese fondo empezar a construir de nuevo, ya que si no se comprende, ni se retoma el sentido de arraigo, de identidad y de pertenencia no se podrá salir de la crisis.

“Mientras no pisemos fondo y no internalicemos como ciudadanos que tenemos que tener un sentido de arraigo, de identidad y de pertenencia y de ver el día a día lo bello,  el valor y la belleza que tiene Venezuela, toda la mano de obra que tiene el venezolano, el talento, mientras no nos creamos lo que somos no vamos a poder avanzar”, enfatizó.

En otro punto manifestó que en nuestro país, la sociedad tiene miedo por la impunidad, pero además por no saber lo que ocurrirá en el mañana. Barazarte también se refirió a los radicalismos, expresando que en algún momentos esos polos opuestos tienen que encontrarse, dejar de ser particulares y tratar de buscar alguna solución que vaya a beneficiar a los dos bandos, porque a su juicio quien debe ganar es Venezuela.

“Estamos viviendo como lo dicen los enfermos terminales, un día a la vez, y así la gente no puede tener proyecciones, no puede tener metas, no puede tener objetivos…vivimos una constante incertidumbre en todos los escenarios”, indicó.

Por otra parte, el docente argumenta que existe una apatía, un descontento en el ciudadano de a pie, debido a que diariamente hay situaciones que permiten particularmente a los jóvenes que decidan abandonar el país, autoexcluirse de la sociedad, porque no ven el fondo.

“Cada día las puertas están trancadas, no hay oportunidad, no hay fuentes de trabajo, las matrículas universitarias son sumamente costosas, la matrícula en cuanto inscritos cada año es menor, hay alumnos que se van como mochileros, graduados en otros países que están sin ofender ni menospreciar, pero después de haber hecho una carrera de cinco años, de haber hecho un diplomado, están de taxistas, montan un kiosco, que puede ser en Australia o pasando la frontera en Colombia”.

Allembert informó que Henri Falcón presentará propuesta a Bolívar.

Carlos Allembert, secretario general de Avanzada Progresista (AP) en el estado Bolívar, informó que el 25 de enero tendrán una reunión de Dirección Nacional en la que se establecerá el plan para todo el año.

Avanzada Progresista AP (Cortesía)

 

De este encuentro también emanaría el cronograma de la visita de Henri Falcón, líder nacional del partido, a la región bolivarense.

 

Allembert expresó que la visita de Falcón es acorde a las elecciones presidenciales, pues es un derecho poner su opción a la orden y presentar una propuesta.

 

Aclaró que AP está dispuesta a participar en primarias presidenciales, pero prefieren que el abanderado opositor sea electo por consenso.

 

“Estamos en una situación política muy tensa, además de que el tiempo es corto, es mejor que se elija por un consenso nacional que no deje rencillas entre partidos”, señaló.

 

A pesar de esto, están dispuestos a asumir el reto “venga como venga”, agregó.

 

De acuerdo al político, la oposición está luchando en tres escenarios: el electoral con sus intenciones presidenciales, la calle con protestas pacíficas y el internacional con el diálogo.

 

Desde el secretariado regional, AP Bolívar está organizando a su estructura municipal para afrontar los eventos electorales.

 

“Nosotros no nos detenemos, seguimos planificando y aceitando nuestra maquinaria”, manifestó.