El constituyente Diosdado Cabello aseguró este miércoles que no habían colectivos durante el operativo policial y militar realizado el lunes contra el exCicpc Óscar Pérez y sus compañeros.

Durante su programa Con el Mazo Dando, Cabello alegó que el colectivo Heiker Vásquez fue llamado por Pérez y su grupo para ayuda en la negociación. Sin embargo, sostuvo que Díaz Pimentel, del grupo de Oscar Pérez, lo asesinó de un tiro en el pecho.

 

“Dijeron que participaron los colectivos, porque estaba un compañero Heiker Vásquez ahí. Bueno yo lo voy a decir a Heiker Vásquez lo mandan a buscar ellos, para que los ayude en la negociación (…) Heiker Vásquez es un funcionario de inteligencia de la policía y ellos lo mandan a buscar porque el señor Día Pimentel es del 23 de enero y conoce a Heiker. Y Heiker fue hablar dos veces con ellos para que se entregaran. Le pidieron cigarros a Heiker y Heiker les llevó cigarros y le dijeron dile a tu jefe que nos vamos a rendir. Esto es veridico lo que les estoy diciendo. Iban en dos vehículos hasta el sitio sorpresa, cuando Heiker se bajo del carro su mismo amigo Díaz Pimentel lo asesinó de un tiro en el pecho. Y le lanzaron granadas a los vehículos, donde iba la gente a detenerlo. Nunca demostraron voluntad verdadera de rendirse”, reseñó.

Asimismo, advirtió que los colectivos de Venezuela están preparados para defender la revolución bolivariana.

Óscar Pérez fue asesinado luego de compartir, con millones de venezolanos y en tiempo real, su decisión de rendirse ante los esbirros de Nicolás Maduro que disparaban ferozmente sobre él y sus compañeros con aplastante superioridad de medios. Los ominosos circunloquios de los primeros comunicados de la dictadura hacían ya presumir lo que ya sabemos: Pérez ha podido correr la peor de las suertes: ser acribillado, ya rendido y cautivo.

Óscar Pérez fue asesinado luego de compartir, con millones de venezolanos y en tiempo real, su decisión de rendirse

A esa certidumbre conducen los vídeos que frenéticamente subió Pérez a las redes sociales, acaso solo minutos antes de ser muerto. Ellos lo muestran ensangrentado, sobrepasado por el fuego inmisericorde de sus asesinos, reclamando la presencia de fiscales del ministerio público ante quienes entregarse.

En esas imágenes, la voz de Pérez debe imponerse al tableteo de las armas enemigas y al estrépito de una casa viniéndose abajo, impactada por granadas autopropulsadas. Otros vídeos captan, inequívocamente y desde diversos ángulos, la superioridad numérica y los muchos recursos de guerra desplegados contra Pérez y sus hombres.

Todo indica, pues, que el expiloto policial y su comando de irregulares, atrincherados en una casa vacacional del extrarradio caraqueño, pudieron ser objeto de un engaño tan cruel como innecesario: al parecer, se les hizo creer que una negociación de la entrega estaba ya en curso, solo para permitir que hombres armados con lanzagranadas tomasen cuidadosamente posiciones que asegurasen el exterminio.

Esto de ganar tiempo “negociando” para, al cabo, aniquilar con mayor desahogo, eficacia y vesania toda resistencia es ya marca de fábrica del régimen de Nicolás Maduro.

La masacre de El Junquito, como ya comienza a llamársele, tuvo lugar mientras Maduro presentaba una falaz memoria y cuenta presidencial del año 2017 ante su fraudulenta y plenipotenciaria Asamblea Constituyente. En su discurso, Maduro alardeó de inverosímiles logros económicos y auguró a los famélicos venezolanos, víctimas de la corrupción e improvidencia de un Estado fallido y delincuente, una era de dicha y prosperidad colectivas.

Pero las palabras que Maduro dedicó al caso Pérez no permitían dudar de cuál podría ser el desenlace del operativo que se estaba desarrollando en esos momentos.

Para acrecentar el agobio, el horror y la desesperanza, estas muertes, que se suman al más de un centenar que el año pasado causó la dictadura, han ocurrido durante el receso de los vergonzosos diálogos de Santo Domingo.

Allí, una desacreditada dirigencia opositora gesticula parsimoniosamente, junto con los más despiadados y cínicos caimacanes del régimen chavista, el acuerdo de una improbable ruta hacia elecciones libres y transparentes.

Los voceros de la MUD quizá agradecieron en secreto el respiro que la atención mediática, centrada ahora en la matanza de El Junquito, concedería por unos días a su perseverancia en negociar un modus vivendi con una dictadura asesina.

Eso explicaría el cauto silencio que la MUD prolongó todo cuanto pudo ante el asesinato de Pérez. Su prioridad era vindicar la justeza de su misión en Santo Domingo, no hacerle olas al dictador.

Pero la insidiosa acusación que hace la dictadura de que la MUD colaboró en la localización y muerte de Pérez, con rayar en lo demencial, debería obligar a los fundamentalistas del voto a revisar su estrategia de diálogo, diálogo y más diálogo. Debería, pero en la Venezuela de hoy eso es solo un decir.

Óscar Pérez no fue un guerrillero del Twitter. Encarnó, es verdad, una narcisista y anacrónica figuración del voluntarismo militarista, tan favorecido por los elementos más retrógrados de nuestra sociedad. Sus ideas, expresadas en más de una entrevista, eran de una desconcertante parvedad antipolítica.

Su muerte, sin embargo, reclama la condena de todos los demócratas de nuestra América.

Luego del operativo donde murió el exfuncionario, Óscar Pérez, oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) consideran que se demostró  “la pobreza de un hecho carente de organización, abundante en acciones erráticas, policialmente lleno de vicios y con presencia de tropas de varios cuerpos en descoordinación”, informó la periodista Sebastiana Barráez. 

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En su columna publicada en el portal web Punto de Corte, Barráez afirmó que el gran error de Pérez fue acceder a la entrevista en CNN, subestimando “el poder de los grupos de inteligencias venezolanos” quienes según la periodista los localizaron.

Barráez declaró la situación como “un caso de estudio para las universidades”, criticando el desempeño de los medios de comunicación y alabando a las redes sociales, por ser las principales herramientas de difusión que tuvo Pérez, quien fue “el principal reportero de su historia”. 

Asimismo, puntualizó que no es casualidad la sustitución de cargo del comandante general de la GN, Sergio Rivero Marcano por su compañero, Richard López Vargas, Viceministro de Servicios, Personal y Logística del Ministerio de la Defensa.

Según información de la periodista los militares de las Fanb afirman que el operativo contra Óscar Pérez presentó “fallas en el control y control”.

“Ese error lo vamos a pagar caro, a nivel de opinión pública internacional. Dimos un pobre ejemplo de descontrol, falta de pericia y mal manejo de un evento al que solo había que aplicarle el manual. Eso ocurre cuando se desvirtúa la actuación profesional porque la única intención era matar al piloto y a su grupo, en lugar de considerar a tanta gente entrenada que hay en el país. El hombre ya estaba rendido y no era necesario asesinarlo. Eso lo estipula las leyes de la guerra con los prisioneros, está enmarcado en el Convenio de Ginebra, es lo que se llama honor al caído” declaró un comandante del Ejército.

El comandante afirmó que el operativo tuvo “daños colaterales”, y reveló que murieron civiles que aún no salen a la luz pública. Además del reconocimiento de Freddy Bernal de una participación de “colectivos del 23 de Enero”.

En el comunicado de la periodista se pudo saber que oficiales de la Guardia y el Ejército llegaron a tres coincidencias mientras discutían de lo sucedido en El Junquito. A continuación los tres puntos relacionados:

  1. Si bien es cierto que Oscar Alberto Pérez cometió el delito del helicóptero y el robo de las armas en el comando de la GNB, no cometió ningún asesinato ni hubo heridos en esas dos acciones que ejecutó.
  2. El grupo Soldados en Franela que acompañó a Oscar Pérez manifestó claramente en voz alta y video que estaban rendidos, se declararon rebeldes, con oposición al gobierno, y aún así fueron asesinados.ç
  3. La participación del jefe del colectivo “Tres Raíces”, Heyker Vásquez, quien tiene investigación por cinco homicidios. “Es el uso de civiles armados para hacer el trabajo sucio de la FANB”.

“Matar a alguien rendido es indigno, es nazi” fue uno de los comentarios más directos que se pudo saber del comandante.

“Que no se haya resguardado la escena de los hechos y más bien se haya procedido a demoler la vivienda donde Oscar Pérez y su grupo estaba refugiado en El Junquito, dice mucho de lo desatinado que resultó todo el procedimiento” resaltó Barráez en su escrito.