La desesperación ya había forzado a miles de venezolanos a hurgar regularmente en las bolsas de basura de las calles en busca de algunas migajas para comer, una práctica que se ha vuelto demasiado común en un país doblegado por la escasez y la hiperinflación.

People look at the damage in a mini-market after it was looted in Puerto Ordaz, Venezuela January 9, 2018. REUTERS/William Urdaneta

Por Antonio María Delgado / El Nuevo Herald

Pero ahora el escalofriante rostro del hambre está llevando a cientos de venezolanos a salir a las calles a para saquear las tiendas y los camiones de transporte, en una escalada de violencia que está obligando a los negocios que aún tienen productos a cerrar sus puertas y que en un breve espacio de tiempo ya ha de dejado una alarmante estela de muertos, heridos y detenidos.

En los primeros once días del 2018, Venezuela registró 107 casos de saqueo en 19 estados de la nación petrolera, dijo el viernes el Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social.

Y las cifras de la ONG no incluyen los múltiples saqueos que se estaban produciendo el viernes en distintos estados venezolanos, que tuvieron que ser contenidos por vehículos blindados de la Guardia Nacional y que produjeron el arresto de decenas de personas.

Los saqueos están siendo acompañados por un elevado número de protestas emprendidas por ciudadanos desesperados por el hambre. Entre el primero y el 11 de enero, éstas han sumando 386 en todo el país, según datos preliminares del observatorio, ONG que presentará su informe formalmente el lunes.

“La desesperación, la impunidad y la grave crisis humanitaria que vivimos en Venezuela se sigue profundizando y está llevando a la gente a cometer este tipo de delito [los saqueos]”, comentó desde Caracas Marco Antonio Ponce, coordinador de la ONG.

“Esta situación sigue agudizándose en todo el país. Ante la imposibilidad de reponer los alimentos, ante la ausencia de importación de productos, y ante la ausencia de producción nacional, estamos viviendo una situación bastante crítica de escasez de los pocos productos que todavía tenemos en el país”, agregó Ponce.

Y la frustración va en aumento, ya que al no contar con posibilidades reales de atender el clamor de un pueblo hambriento, el único instrumento que el régimen de Nicolás Maduro ha estado empleando para enfrentar la situación ha sido la represión, en una tendencia que ha comezado a cobrar víctimas.

Grupo de personas saquean una hacienda y matan a una vaca

En Mérida, estado que está entre los más golpeados por la escasez de productos, cuatro personas murieron y otras 15 resultaron heridas, en medios de los intentos de las autoridades de contener los disturbios que se produjeron el jueves en distintas localidades.

Decenas de militares y policías tomaron el viernes algunos poblados del estado occidental, donde varios comercios y haciendas han sido saqueadas en las últimas 48 horas y más de 100 personas han sido arrestadas, informaron medios locales.

Una situación similar se produjo en el estado Bolívar, al sur del país, en medio de los intentos por contener los saqueos que han estado siendo registrados casi a diario en algunas localidades de la región minera.

Medios locales también reportaron el viernes saqueos de camiones de transporte interceptados en la carretera en los estados Zulia, Trujillo y Portuguesa.

Venezuela, país que cuenta con las mayores reservas de petróleo probadas del mundo, atraviesa por la peor crisis económica de su historia moderna, caracterizada por una severa escasez de alimentos y medicinas y una hiperinflación que cerró el 2017 con una tasa cercana al 3,000 por ciento.

De no producirse el radical cambio en la conducción política y económica del país, la nación petrolera podría registrar este año una tasa de inflación de al menos 30,000 por ciento, aunque algunos economistas temen que podría superar el 100,000 o el 200,000 por ciento, debido a que el único instrumento de financiamiento que está utilizando el régimen es la impresión de dinero inorgánico.

El colapso económico ha estado empujando gradualmente a la población venezolana hacia la hambruna.

“La gente está muerta de hambre, no hay comida”, dijo a la agencia de noticias AFP Félix Velásquez, un carpintero de 64 años que debe estirar un salario mínimo de 797,510 bolívares (apenas cinco dólares a la tasa de cambio del mercado).

Velásquez formuló el comentario mientras esperaba su turno para ingresar a un abasto en el este de Caracas. Pero al final volvió a su casa con las manos vacías, luego de recorrer sin éxito cuatro supermercados.

 

 

 

 

CARACAS.- La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) asrguró este viernes mediante un comunicado que las elecciones presidenciales pautadas para este año 2018 podrían ayudar a dirimir los problemas por los que atraviesa el país.

El Arzobispo de ciudad Bolívar, Monseñor Ulises Gutiérrez manifestó en al lectura del comunicado su solidaridad con los presos políticos y aseguró que las condiciones en las que se encuentran detenidos.

Respecto al proceso de diálogo con la oposición, la CEV pidió que sirva para que se comiencen a respetar las instituciones en el país.

Dos naufragios ocurridos en alta mar, en los años 2015 y 2018, y en la misma ruta hacia la isla de Curazao, han dejado diez venezolanos fallecidos, quienes zarparon desde las costas del estado Falcón en búsqueda de una mejor calidad de vida. 

Sus cadáveres llegaron hasta la orilla de una playa en la zona de Koraal Tabak, y fueron hallados por autoridades de la isla caribeña cuando hacían patrullaje y detuvieron a dos venezolanos que estaban mojados y en actitud sospechosa. No se sabe si esos detenidos formaban parte del naufragio y lograron sobrevivir. Ellos lo negaron, sin embargo están bajo investigación. Aquel 22 de julio de 2015 fueron seis las personas que murieron luego de abordar la lancha que los llevaría a la isla de forma ilegal, y este miércoles 10 de enero se sumaron a la lista, al menos 4 víctimas más que naufragaron a pocos metros de tocar tierra firme. Se trata de los hermanos Joselyn Sánchez Piña, de 24 años, y Danny José Sánchez Piña, de 33; Oliver Cuahoromett Valásquez, de 33, compadre de los hermanos, y la adolescente de 17 años Janaury Guadalupe Jiménez. 

El representante de la policía de Curazao, Reginald Huggins, informó sobre el hallazgo de los cuerpos y la captura de los dos venezolanos, además de haber conseguido la lancha destrozada a orillas de la playa muy cerca de los fallecidos. Hasta la tarde de este jueves, se conoció que se estaban practicando varios allanamientos en sectores de Curazao para tratar de capturar a los venezolanos ilegales y así determinar lo que realmente ocurrió con la embarcación. 

Por su parte, en suelo venezolano se conoció el accidente este miércoles en horas de la mañana y familiares de las víctimas se alteraron y pidieron ayuda a las autoridades. Sabían que sus parientes habían decidido abandonar el país, pese a la restricción marítima que anunció el gobierno venezolano desde el fin de semana pasado hacia las islas del Caribe. 

Sin embargo, decidieron pagar los 100 dólares que costó el puesto en la lancha y zarpar a las diez de la noche del martes. Estimaban arribar a la isla entre las 5 y 6 de la mañana del miércoles, justo en una zona que no es tan patrullada por los agentes de inmigración. Tras conocerse la noticia y la divulgación de fotografías de los cadáveres en redes sociales, los familiares reconocieron los cuerpos de inmediato. Ya estaban preocupados porque ninguna de las 34 personas que viajaron en la embarcación había llamado para avisar que estaban bien. 

Las autoridades venezolanas habían sido alertadas del accidente por parte de los representantes de Curazao y por los familiares de las víctimas. Así fue como el director de Protección Civil de la zona, Gregorio Montaño, anunció que estaban desplegados con una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana haciendo rastreo en alta mar, en conjunto con una comisión antillana. 

Dijo también, que solo han recuperado cuatro fallecidos y que el resto de la tripulación aún sigue desaparecida. No pueden darlos por muertos, porque no han aparecido los cuerpos. Presumen que los sobrevivientes pisaron tierra y se escondieron de la policía local para no ser deportados. 

Así lo hizo uno de los pescadores que se salvó. Habitantes de la Vela de Coro dijeron que se comunicó con una tía que vive en Curazao para decirle que logró salvar su vida, pero no la de su prima porque ella no sabía nadar bien. Prefirió esconderse para no ser capturado. 

Este drama lo viven los habitantes de las costas de Falcón desde hace dos años aproximadamente, cuando comenzaron las migraciones masivas de forma ilegal hacia Aruba y Curazao. 

La crisis que atraviesa Venezuela obligó a las familias más desposeídas de Coro, que han vivido de la pesca por años, a cruzar fronteras para mejorar su calidad de vida, dejando de lado el riesgo de morir o ser detenidos y deportados. 

La esposa de Danny José Sánchez, Normely Razz, dijo que la noche del zarpe el hombre se despidió de ella y sus dos hijas, pues se iría a trabajar a la isla. Ya había estado allá durante seis meses y el dinero que reunió le permitió comprarse una moto en Venezuela y hacer de mototaxista. “Estaba cansado de trabajar aquí y no tener nada para nosotros”, dijo la mujer. 

La adolescente ya había ido a Curazao antes y la deportaron. Esta vez abandonó sus estudios universitarios de administración para radicarse definitivo y ayudar a su familia. Por más que su madre, Aury Chirinos, le pidió que no se fuera la jovencita no le hizo caso. 

Una joven que se salvó por no abordar la lancha, luego de que su novio la amenazara con terminar la relación si se iba, hoy día se lo agradece.  Ella pidió mantener su nombre en el anonimato, pero contó que tenía todo listo para irse a Curazao a trabajar, pero más pudo el amor. 

Esta migración ilegal es diaria, al menos una lancha zarpa por día para cada isla caribeña con más de 30 venezolanos que se han convertido en los nuevos balseros del continente. Por el momento, las familias esperan las gestiones que hacen las autoridades consulares de cada país y el Ministerio de Interior y Justicia venezolano para repatriar, lo más pronto posible, Los cuatro cadáveres de sus parientes y así darles cristiana sepultura.