Tras un año de normalización del flujo peatonal por la frontera entre Colombia y Venezuela, las escenas de caos y desórdenes retornaron el viernes sobre esta línea divisoria.

Los miles de ciudadanos provenientes del vecino país, que intentaban ingresar a suelo colombiano por alguno de los tres puentes internacionales de Norte de Santander, no ocultaron su desespero al quedar atrapados en la romería de gente que se formó, a lado y lado de los dos países, en el primer día de los nuevos controles migratorios adoptados por el presidente Juan Manuel Santos.

Venezolanos que huyen de su país

 

El puente internacional Simón Bolívar fue uno de los corredores que más utilizaron el viernes los venezolanos para entrar a Colombia.

Foto: 

Andrea Moreno / ELTIEMPO

Con el corredor humanitario, habilitado por Venezuela a finales del 2016, el flujo peatonal en la frontera se reguló con un tránsito diario de 35.000 personas, según datos de Migración Colombia.

Sin embargo, el nuevo esquema de registro paralizó el movimiento de personas, principalmente, en el puente internacional Simón Bolívar, ubicado entre la población venezolana de San Antonio y Villa del Rosario (Norte de Santander), donde se generaron escenas de represamientos que, por algunas horas, dificultaron la salida hacia Venezuela.

Entre el paquete de medidas adoptadas se estableció el acceso a venezolanos únicamente con el pasaporte o la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), aunque el proceso de tramitación de esta última también fue suspendida por Santos. 

La determinación se tomó, porque, según el jefe de Estado, la gente creía que con ese documento bastaba para estar más de una semana en Colombia, lo que es errado, ya que solo funciona para permanecer alrededor de 72 horas. 

El pasaporte y el Permiso Especial de Permanencia (PEP) son los que permiten estar más tiempo.

Desde su implementación, en mayo del 2017, se registraron un total de 1’500.000 solicitudes para el TMF.

 

La situación

“Hay mucho éxodo”, “Dejen pasar”, “Hay niños, mujeres y ancianos con sed”, decían quienes intentaban abrirse paso entre las multitudes que se formaron en los puentes Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y La Unión. 

Barricadas de la Policía Metropolitana de Cúcuta y el despliegue de 54 uniformados, entre efectivos del Gaula y del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) ayudaron a apaciguar los ánimos. 

“Los nuevos anuncios de Santos han formado un efecto embudo que también está impidiendo el movimiento hacia Venezuela. Todavía no sabemos cómo va a funcionar la nueva normativa migratoria”, aseveró Juan García, un venezolano, de 32 años, quien intentaba regresar a su país, desde Villa del Rosario, con maletas llenas de medicinas y alimentos para su familia.

En este sector fronterizo también hizo presencia la Defensa Civil y algunos delegados de Naciones Unidades, que intentaban apaciguar los descontentos de quienes se apostaron a un lado de la vía para aguardar el restablecimiento del paso.

Pienso que estos controles son positivos, porque algunos estaban haciendo lo que les daba la gana


En medio del atasco que se formó sobre los filtros migratorios, había mujeres embarazadas, niños y adultos mayores, quienes, por las altas temperaturas, la espera y la asfixia de la congestión se derrumbaron en plena fila. 

Dos ambulancias se encargaron de auxiliar a todo aquel que presentara algún problema de salud. 

Ante el desbordamiento de ciudadanos que impedía el ingreso hacia Venezuela, los oficiales de la Guardia Bolivariana (la policía vecina) tomaron la decisión de restringir, durante algunas horas, el paso peatonal. Esto también provocó una parálisis en el flujo migratorio en dirección hacia ese país.

A pesar de los represamientos y de las imágenes de caos, la Policía Metropolitana de Cúcuta reportó una disminución en el movimiento de ciudadanos extranjeros por el puente Simón Bolívar. 

Según el coronel Javier Barrera, hasta las 10 de la mañana del viernes, unas 8.500 personas habían cruzado la frontera por dicho paso elevado, una cifra mucho menor en comparación a los 15.000 que, hasta la misma hora del jueves, habían pasado por ese sector.

“El movimiento se disminuyó, pues los controles migratorios aumentaron. Estamos tratando de fortalecer el dispositivo de seguridad en los pasos fronterizos para evitar desórdenes y garantizar la tranquilidad durante el cruce de los ciudadanos”, señaló el coronel Barrera.

La nueva normativa para el ingreso a Colombia ha generado un sentimiento de preocupación en algunas personas que, diariamente, entran al territorio nacional para abastecerse de alimentos o medicinas, o incluso rebuscarse el sustento diario con trabajos informales.

“Estamos a la espera de que nos expliquen cómo vamos a poder a pasar, porque no sabemos qué documento usar, ni tampoco cómo implementarlo. Ahora nos tocará vivir en Cúcuta”, comentó Maoly Paz, una venezolana que trabaja en un establecimiento comercial de la capital nortesantandereana y cada mes viaja hacia su país, para llevar harina, leche en polvo y pan, y a visitar a sus dos hijos.

 

Así vivieron los nuevos controles en la frontera

  1. Édgar Gómez - 43 años

    “El paso está habilitado, solo que no está fluyendo como antes. Pienso que estos controles son positivos, porque algunos estaban haciendo lo que les daba la gana. Lo que se quiere es que este paso se haga más correcto y más transparente. Pero no se puede negar tampoco que esta multitud de personas se formó por el tamaño reducido del puente y la lentitud del trabajo de algunos funcionarios de Migración Colombia”.
  2. Jorge Peña - 47 años

    “Todo esto ha sido una sorpresa. El paso del lado venezolano de la frontera estaba peor, llega mucho más allá del impuesto por la aduana de las autoridades venezolanas. Hay mucho desorden, no sabemos si esto se va a convertir en algo de todos los días. Esperemos que las nuevas medidas de Colombia también nos beneficien, porque en mi país estamos pasando hambre y mucha necesidad”.
  3. Jorge Hernández - 24 años

    Yo vengo a comprar comida, porque en Venezuela no hay nada. Y cuando me disponía a pasar, me tomó por sorpresa esta fila interminable de gente. Era caótico. El forcejeo de las personas y uno aguantando calor, sed y hambre. No aceptamos esas nuevas medidas, porque nosotros cruzamos por necesidad. Los controles van a impedir el libre paso, como era antes”.
  4. Tatiana Tavera - 23 años

    “El puente está colapsado y hay un paso intermitente, por eso nos tienen atascados. Poco a poco fueron pasando las personas. Yo soy vendedor informal y necesito devolverme a mi país para llegar a dormir. Con esta lentitud, no sabremos qué pase mañana. Entendemos que los controles son por el bien de todos, pero vea, lo que generó fue desorden y congestión, algo que no se veía desde hace mucho”.

GUSTAVO ANDRÉS CASTILLO ARENAS
Corresponsal  EL TIEMPO
@Litumaescritor