PANAMÁ.-  La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) inauguró hoy en el metro de Panamá, el único de Centroamérica, una exposición que busca concienciar a la sociedad sobre las penurias que sufren las personas refugiadas en todo el mundo.

La exposición, que se titula “RefugiArte” y ya se ha exhibido en otros países de la región, está formada por medio centenar de obras de artistas latinoamericanos y “rinde homenaje al valor y la resiliencia de millones de personas refugiadas y desplazadas en nuestra región y en el mundo”, indicó Acnur.

La muestra, que cuenta con obras de 5 artistas panameños, se podrá disfrutar hasta el 13 de octubre próximo en la estación de Albrook, la principal terminal de transportes de la capital.

“Cada ilustración da testimonio sobre la odisea de las personas que huyen de la guerra, la violencia o la persecución, en muchos casos arriesgando su vida, cruzando mares o caminando miles de kilómetros hasta llegar a un lugar seguro”, explicó la agencia de la ONU en un comunicado.

Según Acnur, en 2016 una media de 20 personas por minuto se vieron obligadas a huir de sus hogares y buscar protección en otro lugar, ya sea dentro de las fronteras de su país o en otros países.

El año pasado el 55 % de la población refugiada del mundo procedía de Siria, Afganistán y Sudán del Sur, de acuerdo a la agencia internacional.

EFE

'Mujer-Ocre', cuadro robado en 1985 en un museo de Arizona y valorado en más de 83 millones de euros, reaparece escondido en un dormitorio

Nathan Saxton, especialista en exposiciones del Museo Arte de la Universidad de Arizona, y Kristen Schmidt, secretaria de exposiciones, examinan el cuadro tras su recuperación.

Nathan Saxton, especialista en exposiciones del Museo Arte de la Universidad de Arizona, y Kristen Schmidt, secretaria de exposiciones, examinan el cuadro tras su recuperación. 

Cuando estaban tumbados en la cama, Jerome y Rita Alter contemplaban de frente Mujer-Ocre, uno de los cuadros de desnudos femeninos de Willem de Kooning.Si abrían la puerta, desaparecía el colorido lienzo expresionista: la obra, pintada en 1957-1959 y con un tamaño de un metro por 70 centímetros, permanecía perfectamente escondida, en un espacio entre el marco de la puerta y una pared.

 

Los Alter no querían que nadie conociera su secreto: tenían el cuadro del pintor holandés-estadounidense (Róterdam, 1904 - Nueva York, 1997) robado por, aparentemente, una mujer mayor y un hombre joven en 1985 del museo de arte de la Universidad de Arizona, en Tucson. Quién sustrajo realmente la obra y cómo acabó en una excéntrica casa en un pueblo de Nuevo México a 360 kilómetros de distancia es uno de los misterios recientes del mundo del arte. Entre las muchas especulaciones sobre la autoría, las investigaciones apuntan a que lo hiciera el matrimonio Alter, Rita con su hijo o Jerome vestido de mujer junto al primogénito.

Mujer-Ocre está valorado hoy en más de 83 millones de euros. Pero, sin saberlo, David Van Auker lo compró a principios de agosto por unos 2.000 dólares, 1.675 euros. Tardaría poco en descubrir que era un dekooning auténtico y que acababa de poner fin a la intriga que atenazaba desde hace 32 años a los responsables del museo y a la policía. “La gente de la finca eran artistas, así que pensé que alguien había hecho una copia del cuadro. No pensé nada más allá de que realmente me gustaba y que tenía previsto llevármelo a casa. No tenía idea de que era auténtico”, cuenta por teléfono Van Auker, de 54 años.

Él es responsable de una tienda de antigüedades y muebles en Silver City, a 50 kilómetros de la casa de los Alter en Cliff, un pueblo de menos de 300 habitantes en una meseta de Nuevo México. Tras recibir una llamada del sobrino del matrimonio, Van Auker visitó la casa el pasado 2 de agosto. Rita Alter había fallecido, a los 81 años, unas semanas antes. Y su marido, Jerome, lo había hecho en 2012, también a los 81 años. El sobrino fue el que gestionó la herencia y tras haber escogido qué objetos se quería quedar puso el resto a la venta.

'Mujer-Ocre' (1957-1959), de Willem de Kooning.

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'Mujer-Ocre' (1957-1959), de Willem de Kooning. EL PAÍS

 

Van Auker hizo un inventario y decidió llevarse todo lo que quedaba allí, incluido el cuadro, por unos 2.000 dólares. Subió los objetos a su furgoneta y los transportó a su tienda. Esa misma noche pensaba llevarse a su casa el cuadro. Lo dejó apoyado en un escritorio. “El primer cliente que entró ya dijo que creía que ese era un verdadero dekooning. Por supuesto, todos reímos”, rememora.

El cliente volvió unas horas más tarde e insistió. Cuando ya se lo habían sugerido otras cuatro personas, Van Auker empezó a inquietarse. Se puso a buscar información en Internet y encontró un artículo de la prensa de Arizona en 2015 sobre el 30º aniversario del robo. Atónito, comprobó las similitudes y movió ficha: llamó a la autora del artículo, al museo de la universidad y al FBI. Tras unas indagaciones, un equipo de expertos se desplazó a la tienda y verificaron atónitos que Mujer-Ocre había reaparecido. “Lloraron, se quedaron sin palabras, se abrazaron, fue una euforia pura”, cuenta.

Se había reparado la humillación sufrida el último viernes de noviembre de 1985. El día después de Acción de Gracias una pareja, ataviada con abrigos, entró al museo de la Universidad de Arizona al abrir sus puertas a las 9 de la mañana. Ella se puso a hablar con un guarda de seguridad y él se dirigió al segundo piso. A los 10 minutos, se marchaban con prisas ante la sorpresa de los pocos trabajadores que había ese día. Mientras la mujer distraía al guarda, el hombre recortó el lienzo, lo enrolló y se lo escondió en el abrigo, según los investigadores. Con un cuadro que entonces se valoraba en 335.000 euros, se subieron a un coche y se evaporaron para siempre sin dejar rastro que pudiera destaparles.

Van Auker asegura que “ni por un minuto” pensó en quedarse o vender la pintura cuando empezó a tener indicios de su valor millonario. “Es una buena sensación ser capaz de mostrar al mundo que está bien hacer lo que es correcto. Espero que inspire a la gente”, asegura. Fruto de la investigación del FBI, no puede hablar con los familiares de los Alter, pero vaticina que fueron los primeros sorprendidos con el hallazgo del cuadro: “Creo honestamente que no lo vieron. La puerta del dormitorio estuvo abierta probablemente todo el tiempo”.

UNA FAMILIA APASIONADA POR LA CULTURA

Los Alter eran una familia apasionada por la cultura y los viajes, y con gustos peculiares. En los años setenta se mudaron a Nuevo México y se construyeron la casa, que incluía cuidados jardines y una zona con esculturas y bustos con pedestales de personalidades musicales. Jerome fue profesor de música y clarinetista en Nueva York y Rita trabajó en asuntos lingüísticos en Silver City. Tenían una vida discreta, según testimonios citados por el diario The New York Times. Su hijo Joseph sufre desde hace tiempo un desorden mental y es hospitalizado con regularidad. La pareja escribió varios libros. Uno es de historias ficticias de viajeros y tiene muchos ecos con el robo del museo.

PANAMÁ.- El Gobierno panameño condecoró hoy a la compositora Erika Ender, coatura del éxito “Despacito”, con su máxima distinción, la Orden “Belisario Porras” en el Grado de Comendador, para reconocer su éxito en la industria musical.

La artista recibió la orden de manos de la canciller y vicepresidenta de Panamá, Isabel de Saint Malo. La alta funcionaria indicó que la cantautora es un ejemplo de que las mujeres pueden romper paradigmas y dejar huellas en la vida de sus semejantes.

“Para nuestro Gobierno la igualdad de género es fundamental y estamos trabajando arduamente para lograrla. Erika es un ejemplo de que es posible”, expresó la Canciller.

Ender, de 42 años y considerada una de las mujeres más influyentes en el mundo de la música latina, compuso hace un año y medio junto con los puertorriqueños Luis Fonsi y Daddy Yankee el tema “Despacito”, que se ha convertido en la primera canción en español en 20 años en llegar al número 1 de la lista de éxitos en EE.UU.

La artista, de ascendencia brasileña, fue en 2016 la primera mujer panameña en ganar un Grammy Latino y este año se convirtió en la compositora más joven en ingresar al Salón de la Fama de los Compositores Latinos, en Miami.

En Panamá, Ender impulsa través de su Fundación “Puertas Abiertas” el concurso Talento con Propósito (Talenpro), que busca cultivar y exponer los distintos tipos de talentos que existen en la entre los niños y jóvenes de las escuelas.

EFE

'Provincia 53. Arte, territorio y descolonización' es la primera exposición que pone el foco sobre la situación silenciada del pueblo saharaui

Fotografía de la serie 'Corrales de ganado', de Javier Andrada.

La vista y el oído se activan nada más entrar en Provincia 53. Arte, territorio y descolonización del Sahara. De frente, un mapa de la costa noroeste de África; a la derecha, una jaima llena de color; a la izquierda, un poste (el central que se usa para hacer las jaimas) con un altavoz que repite en 15 idiomas diferentes y como una letanía: "Norte, Sur, Este y Oeste", pieza sonora de Isidoro Valcárcel Medina ¿Elemento que sitúan o no sitúan? El mapa está claro, está hecho para ubicar; la jaima es propia de los pueblos nómadas, sin un sitio fijo, pero precisamente esas estructuras son su lugar concreto; y la reiteración de los puntos cardinales es un vagar de una parte a otra.

Estas tres piezas sitúan al visitante en la que un día fue la provincia número 53 de España —en 1970 los saharauis obtuvieron el DNI— de ahí el nombre de esta muestra que se podrá ver en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac) hasta el 4 de febrero y que pone el foco en uno de los conflictos aletargados del norte de África, la situación del Sáhara Occidental y del pueblo saharaui. A través del centenar de piezas -que van desde material fotográfico de archivo de finales del XIX, hasta documentales, carteles de cine, materia prima del lugar como fosfatos (objeto del deseo en el territorio ocupado), instalaciones sonoras, dibujos u obras creadas ex profeso para la exposición- se da voz y luz a un tema acallado durante décadas. Puro artivismo,remover conciencias con el arte, que permanece más que las balas.

Es una muestra que se podría recorrer solo fijándose en las palabras, conceptos que son gritos que ponen el acento en un asunto silenciado. Parece que el conflicto de los territorios ocupados del Sáhara Occidental se quiere hacer desaparecer simplemente por dejadez, por no ocuparse ni preocuparse de ello. Si no se habla no existe. En Provincia 53 se materializan las palabras.

Muro. El de la vergüenza, como todos los que existen en el mundo, pero mientras del que separa EEUU con México se habla día sí, día también, de los 2.700 kilómetros levantados por Marruecos en los años ochenta para constreñir al pueblo saharaui se desconoce casi todo, como que tiene unos 500 puestos militares de vigilancia y que está rodeado de minas antipersonas. Una construcción invisible, se mimetiza con el terreno, en la que se ha parado a reflexionar Javier Andrada y ha dibujado las plantas de los destacamentos, formando así un políptico. Deja constancia de que están ahí, de que siguen exisitiendo.

Hamada. "Hammada no badia, piedra no arena / El camello sin pastos, la cabra en el cercado / El nómada en la jaima de barro", reza otro políptico de Andrada, esta vez de fotografías. Durante siglos los saharauis han sido un pueblo nómada que se trasladaba por el desierto en busca de pastos para su ganado, su fuente de vida. Esto contrasta con su situación actual: la vida paralizada en los campamentos de refugiados, la jaima portátil, de tela, ha sido sustituida por la de adobe, los animales en corrales hechos con chapas o con cualquier material encontrado, fotografiados por el artista parecen piezas de arte póvera, pero en realidad lo que quiere remarcar es ese paralelismo entre el ganado encerrado y los saharauis también acorralados en la hamada argelina, un territorio plano, árido, de rocas planas. La nada.

Hassanía. El dialecto del árabe que se habla en la región del Sáhara Occidental y por tanto el canal que transmite la tradición oral de un pueblo que quiere conservar su memoria histórica para no olvidar su identidad. Sobre estos conceptos trabaja la artista Saray Pérez Castilla, que muestra en León una parte de su proyecto Paisajes invisibles, con el que pretende visibilizar los territorios olvidados. Su pieza es una instalación sonora en la que combina tubos de cerámica -como barro, el mantenerse unido a la tierra- con la palabra. El visitante se acerca a esos cilindros y a través de ellos puede oír relatos de lo que la artista llama sus deyars (sabios) —mujeres y hombres nacidos entre 1923 y 1954— narrando historias de su pueblo, está construyendo un banco de una memoria oral no escrita. Una cartografía de sonidos.

Proyecto 'Tuiza. Las culturas de la jaima', de Federico Guzmán, en la muestra 'Provincia 53' del Musac.

 

Proyecto 'Tuiza. Las culturas de la jaima', de Federico Guzmán, en la muestra 'Provincia 53' del Musac.

 

Melfa.Telas coloridas con las que se visten las mujeres saharauis y con las que Federico Guzmán ha construido las paredes de la jaima de su proyecto Tuiza. Las culturas de la jaima, que ya expuso en 2015 en el Palacio de Cristal de Madrid. Ahora esta instalación es uno de los ejes de la muestra, donde van a tener lugar la cantidad de actividades programadas durante los meses de exposición. La jaima saharaui es el lugar donde ocurren las cosas, donde nacen los niños y los ancianos tienen un espacio reservado. Tuiza en hassanía desiga el trabajo colectivo y solidario entre las mujeres, donde se reúnen y actúan en común.

La muestra, con más interés intelectual que estético, está cargada de documentación para ir desentrañanado. Es la primera que se hace en España en un museo de artes visuales sobre la cultura contemporánea del Sáhara Occidental. Juan Guardiola, el comisario y director del Centro de Arte y Naturaleza -que junto con el Musac produce la exposición-, se ha planteado un relato en el que reflexiona sobre el pasado colonial de estos territorios y el futuro global. Una crítica a los mecanismos de represión y control que se han ejercido y ejercen sobre un territorio todavía no descolonizado y del que si no se pone remedio puede quedar cubierto y silenciado por la arena del desierto.

BOGOTÁ.- Las películas “Pariente”, del director Iván D. Gaona, y “Amazona”, de Clare Weiskopf, representarán a Colombia en los Premios Óscar y Goya, respectivamente, informaron hoy fuentes del sector.

El filme de Gaona cuenta una historia de amor que ocurre en una zona de conflicto armado y es atravesada por la muerte, señaló en un comunicado la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas (ACACC).

El director, citado en la información, afirmó que la cinta representa un gran reto y espera que “gracias a esta selección se abran nuevas puertas, no solo para nosotros, sino también para todos los que hacen cine en el país”.

Por otra parte, el documental “Amazona” cuenta la historia de Val, la madre de Weiskopf, quien después de una trágica pérdida familiar deja atrás a sus hijos y se redescubre en la selva colombiana.

“Es un honor, nunca nos imaginamos que nos fueran a escoger para los Premios Goya, sobre todo siendo un documental, es mucho más difícil que este género tenga esta visibilidad (…) Esta selección hace que los documentales sean cada vez más visibles”, agregó la directora.

El año pasado “Alias María”, del director José Luis Rugeles, fue la representante de Colombia en los Óscar pero no consiguió pasar el corte y quedar entre las nominadas finales.

Mientras que “Anna”, de Jacques Toulemonde, representó a Colombia en los Premios Goya y resultó nominada en la categoría de Mejor película iberoamericana.

EFE