El mexicano Guillermo del Toro presenta 'The Shape of Water' en la sección oficial, donde compiten Clooney, Aronofsky, Payne o Kechiche. Fernando León mostrará fuera de concurso 'Loving Pablo', con Javier Bardem y Penélope Cruz

George Clooney, en la última edición del Festival de Cannes, en mayo de 2016.

George Clooney, en la última edición del Festival de Cannes, en mayo de 2016. 

Venecia ha acogido a profetas chilenos, a extrañas criaturas mexicanas y a un argentino Nobel de Literatura. Cada año, un vuelo directo llevaba las salas del Lido hasta el Cono Sur y sus historias. Pero, tras una larga pasión, tanto que se hablaba del certamen italiano como capital del cine de América Latina, se rompió el amor: ninguna película del área competirá por el León de Oro de la 74ª edición del festival, cuya programación se anunció hoy. El cineasta mexicano Guillero del Toro, con la estadounidense The Shape of the Water, será el único representante latino, frente a las nuevas películas de George Clooney, Darren Aronofsky, Alexander Payne o Paul Schrader. Tampoco hay ningún filme español que opte al León de Oro, y tan solo una directora en la competición oficial: la china Vivian Qu, con Angels Wear White. Pero ambas, por desgracia, ya son noticias habituales. 

Sea como fuere, la selección resulta poderosa. Tanto que hay medios italianos que ya apuntan a que Venecia podría sentarse en el trono de los festivales, tras la decepcionante edición de Cannes de este año. Una de sus armas principales, por lo menos, sí es española: la Mostra enseñará, fuera de concurso, Loving Pablo, el filme de Fernando León de Aranoa sobre Escobar, con Javier Bardem en el papel del rey del narcotráfico y Penélope Cruz en la piel de la periodista Virginia Vallejo, con quien el criminal mantuvo una relación sentimental. "Merece la pena ver" lo que ha hecho Bardem como Escobar, afirmó Alberto Barbera, director de La Mostra, en la presentación. El actor español, por cierto, también protagoniza Mother!, de Aronofsky, junto con Jennifer Lawrence y Michelle Pfeiffer: el thrillerse centra en cómo sobrevive una pareja a la visita de varios invitados extraños.

Fuera de concurso también se verá Zama, de la argentina Lucrecia Martel. Y la presencia de América Latina resiste en el segundo apartado del festival, Horizontes: ahí se presentarán Invisible, del argentino Pablo Giorgelli, Los versos del olvido, filme chileno del iraní Alireza Khatami, y, entre los cortos, Tierra mojada, del colombiano Juan Sebastián Mesa Bedoya y Meninas formicidas, del brasileño de Joao Paulo Miranda María. 

 

A la apuesta fija por América Latina, en 2015, Venecia sumó la del riesgo. Y la jugada salió regular. De ahí que el año pasado el certamen lanzara un órdago con varios cineastas de renombre, de Malick a Villeneuve, de Wenders a Kusturica. Esta edición parece reforzar la ambición de La Mostra, con apellidos prometedores para el gran público pero también para los cinéfilos. Clooney volverá al Lido con Suburbicon, un drama familiar escrito por los Coen, y protagonizado por Matt Damon, Julianne Moore y Oscar Isaac. Del Toro narra con Michael Shannon y Sally Hawkins la inquietante historia de amor entre una conserje muda y un anfibio antropomorfo. Y Downsizing de Payne, inaugura el festival con una "sátira social de ciencia-ficción", en palabras del director, con Matt Damon, Christoph Waltz y Kristen Wiig. Tratará de repetir esa tradición reciente por la que el filme que abre en Venecia arrasa en los Oscar: ahí están La La Land, Gravity y Birdman para demostrarlo.

Los críticos celebran el regreso de Abdellatif Kechiche, director de La vida de Adele, con la que ganó una Palma de Oro en Cannes que tuvo que poner a la venta precisamente para financiar el filme que lleva a Venecia, Mektoub, My Love: Canto Uno. Las obras de Koreeda Hirokazu (The Third Murder), Paul Schrader (First Reformed), Andrew Haigh (Lean on Pete) y Paolo Virzí (The Leisure Seeker) figuran también entre los filmes más esperados del certamen. Y cierta fascinación a priori despiertan los documentales Human Flow, del artista chino Ai Weiwei, sobre los refugiados, y Ex libris-The New York Public Library, del maestro Frederick Wiseman.

 

La competición por el León de Oro se completa con L’Insulte, del libanés Ziad Doueiri, La villa, del francés Robert Guédiguian, Jusqu'à la Garde, del también francés Xavier Legrand, Foxtrot, del israelí Samuel Maoz, Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, del británico Martin McDonagh Y Sweet Country, del australiano Warwick Thornton. Las esperanzas italianas de ser profeta en su tierra se fían también a Ammore y Malavita, peculiar musical sobre la criminalidad organizada de los hermanos Manetti, Hannah, de Andrea Pallaoro y Una famiglia, de Sebastiano Riso.

El ganador se conocerá el 9 de septiembre y dependerá de un jurado presidido por la actriz estadounidense Annette Bening. Robert Redfor y Jane Fonda, en cambio, han triunfado antes de empezar: recibirán el León de Oro honorífico justo antes de estrenar en La Mostra la película Our Souls at Night, producida por Netflix. El gigante del streaming, que se enfrentó al festival de Cannes, presenta en la Mostra también la serie Suburra. Mientras que otro coloso de EE UU, Amazon, produjo el documental de Ai Weiwei. 

 

"Más que la imagen del presente, o la foto recuerdo de la temporada, los filmes que proponemos representan la percepción del futuro, la indicación de las vías que se abren hacia el mañana, que observan el horizonte para avistar un después", agregó Barbera. De ahí que Venecia renueve también su abrazo a la realidad virtual. Tras ser el primer gran festival en estrenar un largo en ese formato, el año pasado, ahora La Mostra propone una inédita competición. De las 100 propuestas en realidad virtual recibidas, escogió 22, entre ellas tres españolas. La casa de este concurso será el Lazzaretto Vecchio. En este islote, un hospital intentaba salvar hace siglos a los enfermos de peste. Para los cinéfilos más tradicionales, la realidad virtual también lo es. A saber si La Mostra encontará la cura.

Este gran narrador ha construido un mundo literario cargado de una densa mitología propia

Resultado de imagen para Ednodio Quintero, Venezuela

No habrá premio de novela Rómulo Gallegos este año, lo que para muchos es una prueba más de la destrucción del área pública que gestiona el arte y la cultura en Venezuela. “Lo institucional está desnaturalizado, los museos, las bibliotecas, ya no son tales”, apunta Antonio López Ortega, narrador y ensayista venezolano y notorio gerente cultural, para quien lo sorprendente en todo esto es que, a pesar de los problemas de los últimos años, la calidad de la creación en Venezuela permanece intacta. Sus palabras me han hecho pensar enseguida en Ednodio Quintero, nacido en 1947 en Trujillo cerca de la bella ciudad andina de Mérida. Este gran narrador ha construido un mundo literario cargado de una densa mitología propia, maravillosamente inventada, cuyo punto de partida fue siempre una imaginación aldeana elevada a la máxima potencia; aun recuerdo la grata y fuerte impresión que en 1991 me causó La danza del jaguar, su primera novela.

Quintero es visto ya cada vez más como escritor esencial, pero el reconocimiento de su obra ha sido lento, debido a una infinidad de causas, entre las que habría que incluir la deriva cultural de una Venezuela aislada del exterior y también el hecho de que pertenezca a la categoría de lo que Fabián Casas, al hablar de Bolaño, llamó “los escritores de antes”, es decir, que pertenezca a la categoría de aquellos que nunca fueron simplemente escritores, sino también puntos de unión entre vida y literatura, faros en los que los jóvenes podían verse reflejados. Quintero es uno de esos “escritores de antes”, y es posible que, a la larga, haber estado tan alejado de los focos mediáticos le haya beneficiado, porque le ha permitido acceder al ideal de ciertos narradores de raza: ser puro texto, ser estrictamente una literatura.

En el centro de su más reciente novela, El amor es más frío que la muerte(Candaya), hay un momento en el que el narrador, el escritor de antes, “el apátrida”, el héroe de las mujeres (a la manera de Bioy, pero muy japonizado), observa que una roca tiene forma de tumba y le recuerda un lecho como el de Procusto. Una cama de piedra, piensa. Y se tiende boca arriba en la fría laja y dice sentirse cómodo, sereno como un rey en una gran casa para siempre. En ese intenso instante de la novela podría estar la clave absoluta del cuerpo eterno, dinástico, que los textos de Quintero entronizan en la historia de la literatura de todos los tiempos; uno diría que el venezolano está ahí sintonizando con aquel célebre arranque de Pierre Michon en Los cuerpos del rey, donde se nos indicaba que el monarca tiene dos cuerpos: uno eterno, dinástico, que el texto engrandece y consagra, y al que arbitrariamente llamamos Shakespeare, Joyce, Beckett; y otro cuerpo mortal, funcional, relativo, el andrajo, que se encamina a la carroña; que se llama, y nada más se llama, Dante, y lleva un gorrito que le baja hacia la nariz chata; o nada más se llama Joyce y lleva gafas de miope, o se llama Shakespeare y es un rentista bonachón y robusto con gorguera isabelina.

PARÍS.- De tradición discreta, cuando no secreta, la pasión coleccionista brilla con raro esplendor desde hace meses en los mejores museos de París, con fondos históricos como el del ruso Serguéi Shchukin y actuales como el de la empresaria española Alicia Koplowitz, la francesa Agnes b. o el sultán Sooud Al-Qassemi.

Muestras en curso, recién terminadas o en preparación, prometen o permiten disfrutar de inéditas y en general irrepetibles experiencias artísticas, prueba de que los coleccionistas prefieren hoy compartir su arte más temprano que tarde.

Nada que ver con la manera en que figuras de siglos pasados como los Jacquemart André o Nissim de Camondo legaban al Estado al final de sus días los palacios y colecciones disfrutados en vida.

Así, justo antes de desvelarla en España a finales de mes, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Koplowitz reveló al mundo su afición desde el Museo Jacquemart André, con la muestra “De Zurbarán a Rothko. Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital”.

Casi al mismo tiempo, Al-Qassemi, fundador de la Fundación Barjeel en Sharjah (Emiratos Árabes Unidos), dio a la temporada que termina en el Instituto del Mundo Árabe la exhibición “100 obras maestras del arte árabe moderno y contemporáneo”.

La tendencia sumará en octubre la exposición “Extranjero residente” en La Maison Rouge, con la colección inédita del empresario y distribuidor de cine francorumano Marin Karmitz, dueño de las cadenas de cines MK2, quien promete explorar “el siglo XX, sus tragedias y lugares, de Europa a EE.UU.”.

Un mes antes y tras una compleja investigación, el Museo Marmottan Monet inaugurará “Monet coleccionista”, que por primera vez volverá a reunir las obras atesoradas en su día “egoístamente”, solo para él y algunos amigos, por el pintor impresionista.

EFE

La obra, que el creador firma junto con el guionista Tom King, se lleva un premio Eisner a la mejor serie limitada

Una viñeta de 'La visión', de Walta.

El universo Marvel vuelve a tener tinta española. Gabriel H. Walta, uno de los últimos dibujantes españoles en dar el salto a la editorial estadounidense, ya cuenta con su premio Eisner —conocido popularmente como "los Oscar del cómic"— gracias a su trabajo en La Visión, colección escrita por Tom King que ha logrado este año el galardón a mejor serie limitada. Los reconocimientos más importantes de la industria del cómic se entregaron el viernes en San Diego dentro de la Comic-Con, macroevento de cultura popular que se celebra en esta ciudad californiana hasta el domingo.

 

La Visión, aplaudida obra de 12 números de King y Walta que ya se había llevado este año el premio a la mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona, aborda la historia más íntima de Visión, uno de los personajes más famosos del grupo de superhéroes Los Vengadores, creado en 1968 por Roy Thomas y que en el cine ha sido popularizado por el actor Paul Bettany.

Asistentes a la Comic-Con de San Diego.
Asistentes a la Comic-Con de San Diego.  EFE
 

En la singular aproximación de King y Walta al androide, tras años salvando el mundo y de ajetreados romances con La Bruja Escarlata, trata de comportarse como un ser humano más. Todo comienza con el héroe decidido a construirse su propia familia (con perro incluido) y mudarse a un barrio residencial. Una aventura que se aleja del habitual tebeo de superhéroes para convertirse en una trama de ciencia-ficción más cercana a La dimensión desconocida.

El Dr. Extraño de Walta.

El Dr. Extraño de Walta. MARVEL

 

"Desde un principio, supimos que iba a ser especial para nosotros, aunque no estábamos nada seguros de que fuera a llegar a todos los lectores”, reconocía a EL PAÍS Walta tras conocer su nominación. Era la única serie de superhéroes en la categoría: "Nos alegra especialmente que le guste a lectores que no suelen acercarse a este tipo de tebeos".

Nacido en 1973 en la ciudad española de Melilla, la obra de Walta incluye, entre otros títulos, El Velo y El Bosque de los Suicidas, así como diversos trabajos para el gigante Marvel, que acaba de anunciarlo como el nuevo dibujante de Dr. Extraño. El premio a mejor serie limitada para Walta fue la única buena noticia para los artistas hispanos en la 29ª edición de los Eisner, ya que fue el único de los nominados iberoamericanos que se alzó con el triunfo.

El español Paco Roca no ganó con Arrugas el premio a la mejor edición estadounidense de un cómic internacional, mientras que sus compatriotas Emma Ríos (Island Magazine) y Santiago García (responsable de la recopilación que reúne a autores de nuevo cuño con caras reconocibles del tebeo patrio, Panorama - La novela gráfica española hoy) tampoco lograron el reconocimiento a la mejor antología. Otro español, Albert Monteys, conocido por su trabajo en El Jueves, era candidato al Eisner al mejor cómic digital por la epopeya de ciencia-ficción ¡Universo!, publicado por Panel Syndicate, mientras que el dibujante Pere Pérez optaba al galardón a la mejor nueva serie por la superheroína Faith y Florentino Flórez estaba nominado al mejor libro relacionado con los cómics por Ditko Unleashed: An American Hero, alrededor de la exposición dedicada al creador de Spiderman.

Al otro lado del Atlántico, la mexicana Eva Cabrera no pudo llevarse el premio a la mejor serie limitada con Kim and Kim, mientras que su compatriota Mauricio Caballero tampoco triunfó en el apartado de mejor cómic digital por Helm. Finalmente, el argentino Eduardo Risso no se llevó el premio al mejor cómic basado en la realidad por Dark Night: A True Batman Story como tampoco lo hizo el brasileño Rafael Albuquerque por Batgirl en la categoría de mejor publicación para adolescentes.

BUENOS AIRES.- El dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado “Quino”, creador de Mafalda, celebra hoy en su casa de Buenos Aires y rodeado de su familia su 85 cumpleaños, informaron a Efe fuentes de su entorno.

Hijo de españoles y rebautizado desde niño como “Quino” para diferenciarlo de los muchos “Joaquines” que ya había en su familia, el emblemático autor festeja su día acompañado por su mujer, Alicia Colombo, y sus sobrinos, que viven en Chile y que viajaron estos días a la capital argentina para acompañarle.

Las aventuras de Mafalda, la pequeña contestataria y luchadora social amante de los Beatles, la democracia, los derechos de los niños y la paz, y detractora de la sopa, las armas, la guerra y James Bond, se desarrollaron de 1964 a 1973.

Sin embargo, su imagen y sus atemporales e irónicos mensajes en pro de un mundo mejor la han hecho inmortal.

También a sus amigos Manolito, Susanita y Felipe, con los que alcanzó el éxito mundial en decenas de idiomas.

Las últimas lenguas en las que se publicaron sus historias fueron el braille y el guaraní.

Quino, que a lo largo de su trayectoria ha recibido galardones como el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y la Medalla de la Orden y las Letras de Francia, es considerado uno de los mayores iconos de Argentina dentro y fuera de sus fronteras.

“Cuando me dicen, ‘gracias por todo lo que nos diste’ digo, ‘¿qué les di?'”, expresó en una entrevista con Efe en mayo de 2016, en la que reconoció haber puesto “el dedito” en “una tecla que mueve muchas cosas”.

A pesar de que tras 1973 Quino retomó el personaje de Mafalda en alguna ocasión, el no querer cansar hizo que su pequeña hija descansara para siempre, al menos en lo que respecta a nuevas historias.

 

EFE