PANAMÁ.- La XIII Feria Internacional del Libro (FIL) de Panamá concluyó hoy tras seis días de múltiples actividades con el anuncio de que Israel será el agasajado de la próxima edición de este evento.

La directora de la denominada “fiesta de las letras” y presidenta de la Cámara Panameña del Libro (Capali), Orit Btesh, destacó con “satisfacción” en el acto de clausura que la decimocuarta versión de la FIL 2018 “tendrá como invitado de honor al Estado de Israel”.

“Compatriotas y discípulos de 12 premios Nobel vendrán en 12 meses a brindarnos su esencia” y experiencia literaria, señaló Btesh, quien tras seis años al frente de este evento anunció su retiro.

Los organizadores de la Feria, que este año tuvo a Colombia como país invitado y añadió más encuentros culturales, foros y diálogos entre autores, homenajearon al escritor panameño Justo Arroyo, novelista y cuentista que ha ganado en varias ocasiones el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró.

En la ceremonia se reconoció también la trayectoria de Priscila Delgado como promotora de la literatura como patrimonio y además fundadora de la Cámara Panameña del Libro.

La Capali, organizadora de la feria que este año se realizó con el lema “La Ciudad de los Libros”, recibió el apoyo de más de 10 delegaciones diplomáticas, más de 60 patrocinadores, más de 40 empresas y 65 casas editoriales, detalló Btesh.

Reconoció en declaraciones a Efe que este año, todavía sin tener las cifras al cierre del evento ferial, se ha tenido un “bajón de 5 %” en el número de visitantes, que en la pasada edición se calculó en más de 100.000.

EFE

MONTEVIDEO.- Unos 40 fotógrafos de Uruguay mostraron este domingo el acervo de Montevideo a través de la plataforma digital mundial Instagram, en la que hasta el momento se han publicado más de 200.000 imágenes relativas a ese país en sus diversas actividades.

Se trata de la actividad “con un ojo diferente” que organizó la comunidad fotográfica “Igeruruguay” en la que a través de un bus turístico los amantes de la fotografía recorrieron distintos puntos de la capital uruguaya para compartir sus imágenes a través de la aplicación digital.

Así lo explicó a Efe Sebastián Angiolini, uno de los creadores de este grupo, quien agregó que actualmente existen 550 “comunidades igers” en todo el mundo.

La participación dentro de esta agrupación se da mediante las etiquetas “#igersUruguay”, dónde los usuarios participan activamente.

Según detalló Angiolini, es una comunidad de unas 10.000 personas en promedio, quienes suben a la aplicación digital entre 100 y 200 fotos por día con distintos motivos como familiares o sociales.

“Nuestra intención es destacar a Uruguay a través de la fotografía. El usuario ya conoce la comunidad y al momento que pone la etiqueta ‘igersuruguay’ ya está avalando que la foto puede ser compartida”, destacó.

De igual forma, dijo que en esta ocasión recibieron 120 postulaciones de personas en todo el país de las cuales fueron seleccionadas 40.

Además valoró que este año realizarán una actividad en conjunto con su comunidad homóloga en Argentina para un encuentro de ambos países en el departamento de Colonia, al suroeste uruguayo.

Por su parte, el viceministro de Turismo de Uruguay, Benjamín Liberoff, dijo a Efe que con este tipo de actividades son “una manera interesante” de presentar a la capital uruguaya al mundo.

“Podemos pensar como esta comunidad contribuye a visualizar otros lugares de Uruguay y por esa vía hacer lo que de una manera u otra caracteriza las comunicaciones que es con la participación de todos”, concluyó.

“Igeruruguay” es una comunidad fotográfica que nació en 2012 para que los usuarios compartan sus fotos, registrando en cada una de ellas un momento o una historia a través de distintas consignas.

EFE

La osada captura del paso sobre el canal de Caen por fuerzas aerotransportadas británicas aseguró el flanco izquierdo de la invasión de Normandía en 1944

El puente Pegasus, objetivo de los Aliados el Día D.

El puente Pegasus, objetivo de los Aliados el Día D.  TOPHAM PICTUREPOINT

Comparado con los espectaculares puentes de Remagen y el río Kwai, el Pegasus puede parecer poca cosa. Pero su épica, pelín de bolsillo en el cinemascope de la Segunda Guerra Mundial, es sin duda similar. Además, a diferencia de sus dos hermanos mayores, el puente Pegasus, en el canal de Caen, en Normandía, junto a Bénouville, existe y se lo puede ver, e incluso cuenta con un café, el famoso Café Gondrée, desde el que la Resistencia francesa espiaba a los alemanes en plan Allo, allo, pero sin bromas. Recordemos que el puente de Remagen se hundió en el Rin y el del río Kwai que todos tenemos en la cabeza es una criatura de ficción, aunque basada en puentes reales del Ferrocarril de la Muerte —uno de los cuales se postula torticeramente como el de la película—.

Pegasus, que no tenía nombre y pasó a llamarse así tras su captura en honor del emblema del caballo alado, que era el distintivo de las fuerzas aerotransportadas británicas de boina roja que lo tomaron (boina e insignia los diseñó la novelista Daphne du Maurier, a la sazón esposa del general de esas fuerzas), es un puente pequeñito, de 45 metros, anodino, del tipo basculante, construido sobre las aguas quietas de un canal que discurre hacia el mar paralelo al río Orne. Sobre dicho río, existe en las cercanías del Pegasus, a 400 metros, camino de Ranville, un segundo puentecito, bautizado Horsa (también a posteriori, por el tipo de planeadores empleados), cuya peripecia bélica está vinculada indisolublemente al primero.

La historia del puente Pegasus durante el Día D, el 6 de junio de 1944, la invasión por los Aliados de la Francia ocupada por los alemanes, la revancha de Dunquerque si se quiere, es una de las más icónicas de aquella jornada rica en episodios inolvidables, desde la nevada de paracaidistas de la 82ª Aerotransportada sobre Sainte-Mére-Église, hasta el terrible, spielbergiano desembarco en la sangrienta playa de Omaha, pasando por el asalto a las baterías de Pointe du Hoc por los Rangers del coronel Rudder. De hecho, la toma del Pegasus, primer combate del Día D (empezó a las 00.16), forma parte del imaginario del coraje británico (que ya se sabe que es el mejor narrado), a la altura de la defensa de Tobruk o de los héroes de las cáscaras de nuez (los comandos en kayak que atacaron el puerto de Burdeos). "No era un puente cualquiera y la lucha que se desató para hacerse con él no fue una batalla cualquiera", resumió el historiador Stephen Ambrose (el autor de Hermanos de sangre), que escribió la emocionante y pormenorizada crónica canónica del episodio, El puente Pegasus (Inédita, 2004). “Fue una operación en la que los británicos dieron lo mejor de sí”, estableció el estadounidense, asesor de Salvar al soldado Ryan.

La captura del puente Pegasus (con el vecino Horsa los dos únicos puntos de cruce de las aguas del Orne a lo largo de la carretera costera normanda) se consideró esencial para asegurar el flanco izquierdo de la invasión y proteger el desembarco en la playa de Sword de un contraataque de las fuerzas acorazadas alemanas. Para tomar intacto el puentecito, defendido por fuerzas de infantería y artillería alemanas, se decidió enviar una unidad de élite aerotransportada que debía  hacerse con él en un golpe de mano, utilizando el factor sorpresa, antes de que los alemanes lo volaran, y conservarlo hasta que llegaran las tropas desembarcadas. Era una misión osada y con un punto suicida, sometida a tantos imponderables que tenía todas las cartas para acabar en desastre. Pero todo salió tal y como se había planeado y la Operación Pegasus se convirtió en un éxito, aparte de la única llevada a cabo por las fuerzas aerotransportadas aliadas que escapó al caos general y se desarrolló según el plan previsto.

Veteranos de guerra visitan el puente Pegasus, durante la conmemoración del Día D, el 5 de junio de 2014, en Ranville (France).

Veteranos de guerra visitan el puente Pegasus, durante la conmemoración del Día D, el 5 de junio de 2014, en Ranville (France).  WIREIMAGE

 

El coup-de-main lo llevó a cabo una unidad del 2º regimiento de infantería ligera de Oxfordshire y Buckinghamshire (los Ox and Bucks) integrada en la 6ª división aerotransportada, la Compañía D, tan famosa como la Easy ("¡Currahee!") de Hermanos de sangre inmortalizada en la miniserie de HBO. Su jefe, el comandante John Howard —que llevaba un zapatito de su hijo de dos años como talismán—, la había convertido, a base de un durísimo entrenamiento, en una fuerza muy preparada y motivada, capaz de combatir de noche y digna de servir de punta de lanza de toda la división (10.000 combatientes) y de la invasión entera (156.000 hombres).

Eran 181 oficiales y soldados muy en forma (incluidos diez pilotos y 30 zapadores) armados con subfusiles Sten, ametralladoras Bren y bazucas Piat, embarcados en seis planeadores Horsa remolcados por bombarderos Halifax. Los Horsa eran unos aparatos de madera que te permitían llegar al objetivo tan calladamente como un ladrón en la noche, pero de cuya fragilidad da fe su apodo de “ataúdes silenciosos” y hearses, coches fúnebres. De hecho, los Horsa de la Compañía D se pegaron soberanos tortazos al aterrizar y uno se partió por la mitad. Los pilotos del primero en tomar tierra salieron disparados de la cabina a través del parabrisas y quedaron inconscientes en el suelo (fueron los primeros soldados de la invasión en tocar territorio francés). Pero consiguieron colocarlo magistralmente a 50 metros del extremo este del puente, derribando de paso la alambrada que lo protegía.

Los soldados de Howard corrieron hacia el puente y neutralizaron a los estupefactos centinelas en el más puro estilo Hazañas Bélicas, pegando tiros, lanzando granadas y sin hacer prisioneros. El teniente Den Brotheridge disparó su Sten contra un alemán, el primero en morir el Día D, pero a su vez recibió un balazo en el cuello del que moriría poco después. Él y un soldado ahogado serían las dos únicas bajas mortales en la acción de la Compañía D (que tuvo 14 heridos). Los ingenieros revisaron el puente y descubrieron que las cargas para volarlo no estaban puestas (un detalle que se omitió en el filme El día más largo, para no restar dramatismo). A las 00.21, a los cinco minutos, el puente estaba tomado y asegurado y los defensores muertos o huidos. El otro puente cayó incluso con mayor facilidad y Howard pudo enviar el mensaje en clave que daba cuenta de la captura de ambos y parecía enviado por Enid Blyton: “Ham y Jam”, Jamón y Mermelada.

El puente Pegasus se convirtió en un lugar legendario para las tropas Aliadas. Cada año se celebra el aniversario de su captura con una ceremonia a la que acuden los cada vez más escasos supervivientes, con sus boinas y medallas, que tienen barra libre a perpetuidad en el Café Gondrée. Unas piedras señalan los lugares en que aterrizaron los planeadores. El puente original fue sustituido por uno nuevo, similar, en 1994, pero el primero, tratado como una reliquia, fue colocado muy cerquita en un bonito Memorial que incluye un planeador Horsa y que forma parte del Museo Pegasus, inaugurado en 2000. Ahí sigue, recordando la hazaña, testigo silencioso del coraje y de la Historia.

¡LLEGAN LOS PANZER!

“El alemán de hoy es como la novia de junio”, arengó elocuentemente el general Gale a la Compañía D antes de partir: “Sabe lo que le espera, pero no sabe lo grande que va a ser”. La guarnición de 50 hombres que defendía el puente Pegasus (algunos se encontraban en un burdel cercano) observó ciertamente con horror a los espectrales guerreros de caras tiznadas (excepto los dos negros de la unidad) que se les venían inesperadamente encima. La mayoría de los defensores eran soldados de poca calidad, jóvenes y conscriptos extranjeros. Pero tropas mucho más veteranas y peligrosas amenazaban con contraatacar, entre ellas el 125º regimiento de Granaderos Panzer del famoso coronel Von Luck, favorito de Rommel. Durante la madrugada, se produjo un ataque de blindados que detuvo el afortunado disparo del bazuca del sargento Thornton, que hizo explotar un tanque y dar media vuelta a los demás. También enviaron los alemanes dos lanchas cañoneras por el canal, buceadores y un bombardero. La Compañía D tuvo que atrincherarse y mantener los puentes frente a esos ataques hasta la llegada del grueso de las unidades paracaidistas bajo el coronel Pine Coffin, Ataúd de Pino (¡!) y los comandos del célebre Lord Lovat tocando la gaita. El próximo año se estrenará una película sobre este acontecimiento histórico, dirigida por Lance Nielsen, titulada Pegasus Bridge.

BOGOTÁ.- La Feria de Arte de Medellín (Artmed) vivirá del 24 al 27 de agosto de 2017 su tercera edición, en la que se reinventará con el objetivo de convertirse en un gran punto de encuentro entre artistas, galeristas y coleccionistas locales para darles un impulso regional e internacional.

“El tema de la conexión es de lo más importante porque Medellín le aporta muchos artistas al país y al mundo y la ciudad no los vive, no los disfruta”, dijo a Efe la gerente de Artmed, Clara Mónica Zapata.

Asimismo, indicó que la razón de tener la feria en Medellín es una “apuesta para el mercado” puesto que en plataformas como Artmed “conviven escenarios de difusión, “pero también de legitimización, de cómo el arte genera transformación, de oportunidad”.

Por todo ello, Zapata espera que con este relanzamiento la feria se convierta en “una puerta” para artistas, galerías y productores puesto que “ahí empieza la cadena”.

“Esta es su tercera versión, aunque para nosotros es como la primera en términos de la nueva dinámica, de nuevo enfoque. Hicimos una resignificación del proyecto, pero creo que es necesario acotar que Medellín tiene una dinámica interesante en temas de artes plásticas”, subrayó.

La gerente de la feria también recordó que las primeras bienales de Colombia se hicieron en Medellín, donde los museos “tienen una tradición y hay un producto artístico importante con artistas de talla internacional” que son de la ciudad o del departamento de Antioquia del que es capital.

Según su propia experiencia, muchos de los empresarios coleccionistas de arte de Medellín acuden a Bogotá en busca de arte, donde muchos galeristas les comentan que venden a artistas antioqueños.

Ahí es donde nace buena parte de la intención de Artmed que incita a coleccionistas y artistas “a mirar al interior”, señaló Zapata.

Preguntada por la relación con la Feria Internacional de Arte de Bogotá (ARTBO), destacó que al retomar el proyecto hablaron con sus organizadores a quienes siempre vieron como “un referente” y a la que cree que van “a complementar”.

EFE

El escritor británico, autor de «Bajo el volcán», una de las obras maestras de la literatura del siglo XX, lamentó durante años la pérdida en el incendio de su cabaña del manuscrito de la novela que escribía

El escritor británico Malcom Lowry

 

El británico Malcom Lowry, autor de «Bajo el volcán», una de las obras maestras de la literatura del siglo XX, lamentó durante años la pérdida en el incendio de su cabaña del manuscrito de la novela que escribía, «Rumbo al Mar Blanco», del que décadas después apareció una copia que se publica ahora en español.

La editorial Malpaso saca a la venta el próximo 28 de agosto esta novela con la que Lowry pensaba finalizar una trilogía y cuya curiosa historia iguala la de su autor.

Malcom Lowry (1909-1957), cuya errante vida estuvo marcada por su adicción al alcohol, conoció la fama en 1947 con la publicación de «Bajo el volcán», en la que narraba el proceso de autodestrucción por la bebida de un cónsul británico en una ciudad mexicana. Pero la azarosa vida de estas novelas comienza mucho antes ya que, según aseguró el autor, llevaba escribiendo intermitentemente «Rumbo al Mar Blanco» desde 1931.

 

A principios de los años 40, Lowry se instaló en una cabaña frente al Pacífico con su segunda mujer, la exactriz norteamericana Margerie Bonner, donde se dedicó a escribir hasta que el 7 de junio de 1944 un incendio destruyó la vivienda. Su mujer pudo salvar, lanzándose a las llamas, el manuscrito de «Bajo el volcán» y el escritor intentó hacer lo mismo para rescatar el de «Rumbo al Mar Blanco», pero no lo consiguió y las mil páginas que había acumulado de esa novela acabaron convertidas en cenizas, según recuerda la editorial.

La pérdida de este texto atormentó a Lowry hasta su muerte, un hecho que recordó en varias ocasiones en su correspondencia en la que se afirmaba que el fuego le había impedido acometer su proyecto de escribir una trilogía que iba a llevar por título «El viaje interminable». Pero existía una copia de esta novela que el mismo autor había depositado años antes, en 1936, en la casa neoyorquina de su exsuegra, la madre de su primera mujer, la que fuera estrella de Hollywood Jan Gabrial, poco antes de trasladarse a México.

Durante cuatro décadas la copia de esta novela permaneció oculta hasta que, a la muerte de Margerie Bonner en 1988, la primera mujer del escritor, también fallecido, decidió sacarla de su escondite y mecanografiarla. Esa es la versión que llegó a los archivos de la New York Public Library y que ve ahora la luz en castellano, según explica la editorial en el libro, en el que se apunta que las disputas de las dos viudas por el legado de un autor ya mítico contribuyeron a sostener la fábula de una obra maestra irremediablemente perdida en el fuego.

¿Una novela olvidada?

¿Olvidó Malcolm Lowry la existencia de la copia que había dejado en Nueva York?: los expertos lo consideran improbable y creen que lo más verosímil es que, dado que nunca intentó reconstruir esa novela que fue idealizando a lo largo del tiempo, pudiera sentirse abrumado por la perspectiva de una tarea descomunal y prefiriese incorporar esa pérdida a la épica de sus heridas y frustraciones.

Si en «Bajo el volcán», que fue llevada a la gran pantalla por John Huston, Lowry relata la bajada a los infiernos en los años 30 del cónsul inglés en México, en "Rumbo al Mar Blanco" el escritor volvió a luchar contra sus demonios y sus propias incertidumbres ideológicas. Una obra protagonizada por un estudiante de Cambridge que quiere ser novelista pero que está convencido de que el libro que escribe y, en cierto sentido, su propia vida, ya han sido escritos por un autor noruego.

Un trabajo en el que se reflejan la biografía del autor cuya historia finalizó el 26 de junio de 1957 por una combinación de alcohol y barbitúricos, que fue considerado un accidente por los forenses.