El guionista y editor de 69 años escribió para Batman, Hulk, Spider-Man o la Patrulla X y publicó 'Watchmen'

Muere Len Wein, legendario creador de Lobezno y La cosa del pantano

El guionista Len Wein (Nueva York, 1948) es responsable de algunos de los héroes y villanos más reconocibles de la mitología del cómic —de los más adaptados al cine y la televisión—, y, sin embargo, nunca se le acreditó lo suficiente por ello. "La historia moderna del cómic sería completamente diferente si no fuera por Len. Que nadie lo aplauda por ello es una desgracia". El guionista Chris Claremont, responsable de la etapa más icónica de la Patrulla X, tenía claro lo que la industria del cómic estadounidense debía a uno de sus nombres más infravalorados. Wein creó a Lobezno, a la generación de mutantes de Tormenta, Lobezno o Rondador Nocturno y a la Cosa del Pantano; había escrito para los títulos más famosos de las dos grandes editoriales, y allí además había editado títulos como Watchmen. Wein, guionista clásico que comenzó en el terror, era, al fin y al cabo, un trabajador, uno lleno de imaginación que nunca perdió su entusiasmo como fanático de los tebeos. El creador ha muerto este domingo a los 69 años tras varias operaciones de corazón, que había contado los últimos días por Twitter.

Es fácil pasar por alto a Len Wein. Aunque pocos escritores tienen en su currículum etapas en El Increíble Hulk, Spider-man, Batman, Wonder Woman(donde rediseñó al personaje junto a George Pérez), Thor, Iron Man, Los Cuatro Fantásticos y la JLA, era tal su generosidad que cedía el protagonismo a quienes llegaron después. Además de López, sin él ni Alan Moore, que se dio a conocer por su brillante etapa en La cosa del Pantano, ni Chris Claremont, que comenzó como ayudante editorial de Wein en Marvel, tendrían una carrera. Pero su pluma para escribir cómics era tan poco estridente, que no llamaba la atención entre el gran público, si bien dominaba la estructura y la idiosincrasia de las viñetas como nadie.

Portada de 'Giant-size X-men'.

Portada de 'Giant-size X-men'.

 

Wein era un trabajador feroz y compaginó su tarea de escritor con sus labores editoriales en una de las épocas más complicadas y competitivas de la industria. En Marvel se erigió como editor en jefe tras la salida de Roy Thomas y desde allí lanzó toda una nueva manera de entender a los superhéroes, con la creación la nueva y diversa Patrulla-X en Giant Size X-men 1junto al dibujante Dave Cockhrum, uno de los títulos más legendarios de la historia. En sus páginas, Charles Xavier reunía a un nuevo equipo de mutantes encabezados por Lobezno (heredado de la etapa de Hulk de Wein, en la que le habían pedido un cupo de canadienses), Tormenta, Rondador Nocturno y Coloso. Su trabajo editorial evitó que Wein siguiera en la serie, así que en 1975 pasó las riendas a un joven y entusiasmado Claremont, que había asistido a todas las reuniones como su ayudante. Así comenzó su leyenda, una etapa que duraría décadas. "Para mí era un trabajo más. No era diferente de Hermano Voodoo", contaba Wein en Las historias jamás contadas de Marvel cómic.

Las cancelaciones de títulos en aquella época eran constantes, y lidiar con una treintena de equipos creativos no era una tarea sencilla. De hecho, acabó tan cansado por su trabajo como editor que decidió probar un soplo de aire fresco y aceptar la oportunidad de escribir a Batman en Detective Comics. Pero Stan Lee no se tomó bien su paso a la competencia, y decidió que no podía estar en ambos sitios a la vez. DC no tardó en darle un puesto como editor en algunos de los títulos más reconocibles. Su nombre siempre estará ligado en esa casa a Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, si bien sus desavenencias con el guionista por su final fueron públicas desde el momento de su publicación. Tanto fue así que cuando en 2012 la editorial lanzó los polémicos cómics de Before Watchmen, que ahondaban en los personajes de la legendaria serie innecesariamente, Wein era cabeza de cartel: "Iba siendo hora. Moore ha tenido estos personajes durante un cuarto de siglo y decidió no hacer nada con ellos".

Pero Wein para entonces ya tenía el título de leyenda, un autor al que la industria le debía algo que nunca le entregaría. No solo los mutantes o la Cosa del pantano (al que adaptó Wes Craven al celuloide), Wein también ha visto traslados al audiovisual personajes como Lucius Fox, con el rostro de Morgan Freeman en la trilogía del Batman de Christopher Nolan; Amanda Waller, a la que ahora interpreta Viola Davis en el universo DC; Cottonmouth, al que encarnó Mahershala Ali en Luke Cage, o Blanco Humano, que contó con su propia serie de televisión. Aunque, en realidad, todo lo que recibía por ello era el honor de verlos en pantalla: "Nunca vi un duro de las películas Marvel, ni siquiera tengo crédito en alguna de las películas de Lobezno. Hugh Jackman es un hombre encantador y en el estreno de X-men orígenes: Lobezno dijo al público que me debía toda su carrera y me abrazó. Fue muy gratificante, pero hubiera preferido un cheque".

Por eso no es extraño que Wein, que comenzó queriendo ser dibujante, considerara uno de sus grandes logros ser de los pocos de su generación que había logrado superar al tiempo: "Tengo una carrera en este negocio tras 45 años. Eso es algo que no pasa mucho. Soy el hombre con más suerte en el mundo", exclamaba en 2012 en una entrevista en Collider: "He pasado toda mi vida haciendo lo que me gusta ¿Cuántos pueden decir eso?". Ese entusiasmo por los cómics de los que se enamoró de niño con Batman le siguió hasta el final.

 

 

La Mostra encumbra ‘La forma del agua’ del cineasta mexicano, un extraño cuento de hadas en tiempos de Guerra Fría en el que resuenan los Estados Unidos de Trump

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El director mexicano Guillermo del Toro se alzó anoche con el León de Oro a la mejor película en la Mostra de Venecia por La forma del agua, magistral fábula de ciencia ficción con mensaje político encubierto. El premio, concedido por un jurado presidido por la actriz Annette Bening, resultó coherente: había sido una de las películas más aclamadas de este festival. “Tengo 52 años, peso 130 kilos y he rodado 10 películas. Pero hay un momento en la vida de todo narrador en que lo pones todo en riesgo para hacer algo diferente”, expresó Del Toro al recoger el premio. La forma del agua es el resultado de esa voluntad.

La forma del agua, que se estrenará en España en enero de 2018, está ambientada en un laboratorio secreto en los primeros sesenta, cuando el ejército estadounidense mantiene cautivo a un monstruo capturado en el Amazonas, una mezcla de hombre y anfibio con quien la protagonista, una mujer de la limpieza muda y solitaria, vivirá una relación pasional. Pese a su larga trayectoria y su incontestable prestigio, este es el primer premio de envergadura en un festival para el cineasta mexicano, que solo tenía en su haber un galardón menor en Cannes por su debut, CronosEl laberinto del fauno, eso sí, obtuvo tres oscars y el Goya al mejor guion, para el propio Del Toro. El creador es también el primer mexicano que se alza con el León de Oro. “Se lo dedico a cualquier director mexicano o latinoamericano que sueñe con rodar algo en el género fantástico como parábola y esté enfrentado a alguien que le dice que eso no se puede hacer. Sí se puede”, afirmó ayer el director. “Si te mantienes puro y sigues creyendo en lo que sea que crees –en mi caso, los monstruos–, todo irá bien”.

La vencedora del León de Oro describe la alianza entre distintos personajes situados en los márgenes de la estricta cultura oficial durante la posguerra estadounidense: una mujer discapacitada, su compañera de trabajo afroamericana, un vecino homosexual y un espía ruso con agenda oculta, que maniobraran para salvar a ese monstruo. En la película se percibe también un paralelismo indisimulado entre los tiempos de la Guerra Fría y la actualidad en la América de Trump, que Del Toro no negó. “El cine fantástico es un género político. En este momento, nuestra primera acción política debería ser escoger el amor por encima del miedo. Vivimos en tiempos en que el odio y el cinismo son usados de forma penetrante y persuasiva. Nuestra primera misión cuando nos levantamos tiene que ser creer en el amor”, había explicado Del Toro a principios del festival.

El jurado optó por un palmarés justo y equilibrado, en el que aparecieron casi todas las películas más aplaudidas durante los últimos diez días, en una de las ediciones de mejor nivel en los últimos años. Por ejemplo, el Gran premio del Jurado fue para Foxtrot, del director israelí Samuel Maoz. Se trata de un retrato de una familia que encaja con desesperación la noticia de la muerte de su hijo, soldado en el ejército israelí. La película se distingue por su narración fragmentada y sus admirables contornos formales, aunque también resulte algo pretenciosa y enamorada de sí misma.

Mayor sorpresa causó el León de Plata al mejor director para el francés Xavier Legrand por Jusqu’à la garde, que describe la guerra de un matrimonio divorciado con el objetivo de obtener la custodia de su hijo. Legrand, con una larga trayectoria como actor en el teatro público, debuta con este cruce de thriller y cine social, que afronta con valentía el espinoso problema de la violencia de género y sus consecuencias en el seno de la familia. Legrand, que recogió su premio muy emocionado, sale de Venecia catapultado: también se llevó el premio Luigi de Laurentiis a la mejor ópera prima.

El premio al mejor guion fue para Martin McDonagh por Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Missuri, otro de los títulos más aplaudidos en el certamen. McDonagh, que despuntó como dramaturgo en los noventa con celebradas obras irlandesas como La reina de belleza de Leenane, apuesta ahora por reinventar el género del western, colocando en el centro de su relato a un forajido distinto a los habituales: una madre que aspira a vengar a su hija violada y asesinada, interpretada con fulgor por Frances McDormand.

Los premios de interpretación fueron para dos veteranos de la actuación. La Copa Volpi a la mejor actriz fue para Charlotte Rampling, protagonista absoluta de Hannah, profundo retrato de la esposa de un hombre que ha cometido una infracción imperdonable. El premio vuelve a coronar a una de las mejores actrices del continente, aunque su interpretación tenga cierto regusto a déjà vu: ya realizó interpretaciones parecidas en Bajo la arena o la reciente 45 años. El mejor actor fue el palestino Kamel El Basha, por la francolibanesa L'insulte, su primera película tras muchos años trabajando en el teatro. Por su parte, el actor Charlie Plummer, de 18 años, se llevó el premio Mastroianni al mejor intérprete emergente por su papel de adolescente huérfano en Lean On Pete.

LOS GANADORES

León de Oro: La forma del agua,de Guillermo del Toro.

Gran Premio del Jurado: Foxtrot, de Samuel Maoz.

León de Plata al mejor director: Xavier Legrand, por Jusqu’à la garde.

Copa Volpi a la mejor actriz: Charlotte Rampling, por Hannah.

Copa Volpi al mejor actor: Kamel El Basha, por El insulto.

Mejor guion: Martin McDonagh, por Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri.

Premio especial del Jurado: Sweet Country, de Warwick Thornton.

Premio Mastroianni al intérprete revelación: Charlie Plummer, por Lean on Pete.

Premio a la mejor ópera prima: Jusqu’à la garde.

El certamen distingue la obra del escritor francés, autor de 'Limónov' y 'El reino'

Emmanuel Carrère obtiene el premio de la Feria del Libro de Guadalajara 2017

Por su profundo respeto al periodismo y por su insaciable búsqueda de nuevas formas de narrar, Emmanuel Carrère(París, 1957) ha sido galardonado este lunes con el Premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances. El literato y cineasta francés, considerado heredero de Michel de Montaigne y Jean-Jacques Rousseau y uno de aquellos autores de ficción que dice escribir la realidad —como su compatriota, el tan reconocido como controvertido Michel Houellebecq—, se convierte así en el 27º distinguido con este reconocimiento al conjunto de una obra. El galardón le será entregado el próximo 25 de noviembre en la inauguración de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, uno de los encuentros más importantes de la narrativa en español, que se celebra en la capital del Estado mexicano de Jalisco.

"Me siento honrado de que mi nombre se añada a la lista de los premiados; muchos son escritores que leo. Es un gran honor y una gran alegría", ha apuntado desde París el autor, entre otras obras, de El adversario (2000) y Limónov (2011) y uno de los escritores fundamentales de la Francia contemporánea.

 

 

Carrère empezó su trayectoria profesional como periodista hace ya tres décadas. El estilo que adquirió entonces le ha acompañado siempre, según ha afirmado este lunes por teléfono en la rueda de prensa celebrada en Guadalajara. Por ello, cuando el integrante del jurado Gustavo Guerreroha empezado a presentar al premiado como escritor, guionista, crítico, cineasta, se ha detenido: “Es también y subrayo esto: periodista”. En un país como México, en el que ya son nueve los reporteros asesinados en lo que va de año, Carrère ha lanzado enseguida su apoyo: “Admiro a los periodistas que continúan haciendo su trabajo a pesar de las amenazas”.

Además de por su vertiente periodística, Carrère ha sido premiado por “una obra versátil, amplia y transversal que ha obtenido un vasto y entusiasta reconocimiento internacional”, ha destacado el tribunal sobre el autor de El reino(2014). El comité ha señalado esta capacidad multimedia de crear novelas y películas o trabajar en televisión, “sin separarse de la gran tradición humanista europea”.

EL ESCRITOR QUE CONVIRTIÓ LA AUTOFICCIÓN EN UN ARTE

GREGORIO BELINCHÓN

Emmanuel Carrère es como ese colega de cervezas al que siempre le pasan cosas más interesantes que a uno. O al menos sabe contarlas de forma que parezcan delirantes, diferentes y atrevidas. Y eso que desde crío ya tuvo en su casa alguien con miles de historias que narrar: su madre, Hélène Carrère d’Encausse es, hoy, la secretaria permanente de la Academia Francesa y una de las grandes expertas europeas en historia rusa, descendiente ella misma de aristócratas georgianos. Todo ese poso lo ha ido soltando poco a poco Carrère en su obra: entre lo que le ha pasado, lo que ha ficcionado y lo que ha investigado siguiendo su olfato —impecable su reportaje sobre los campamentos de refugiados en Calais— y sus gustos, al lector le queda en su imaginario un Emmanuel amante de la autoflagelación sentimental (Una novela rusa), emocional (la sobrecogedora De vidas ajenas) e incluso religiosa (El reino, o cómo le dio un ramalazo ultracatólico a los 30 años), un autor que nunca aburre, un escritor de frase directa...

Tampoco es perfecto: dirigió la fallida El bigote, adaptación a la gran pantalla de su novela homónima, y se salió de la serie de televisión Les Revenants, sobre siete personas que resucitan sin motivo aparente, que había escrito durante sus cinco primeros episodios. Y a pesar de que a veces se retrata con aires de ingenuidad, Carrère no lo es. Por un lado, se zambulle en extraños retos, como escribir una biografía de Philip K. Dick —Yo estoy vivo, vosotros estáis muertos—desde dentro de la mente de mismo Dick, pero por otro entiende cuándo quedarse al margen si el protagonista es más grande que él y que la vida: Limónov y El adversario(la novela que le dio la fama en España) son los mejores ejemplos de que, ante todo, Carrère es un fascinante cuentacuentos.

Se le considera heredero de Montaigne y de Rousseau, por lo que “lo autobiográfico adquiere una dimensión crítica que le permite pintarse sin concesiones”, apunta el acta del jurado. Entre la obras de Carrère obras destacan, además de las ya señaladas, Una semana en la nieve(1995), Una novela rusa (2007) y De vidas ajenas (2009).

El jurado estuvo compuesto por el colombiano Jerónimo Pizarro, la española Mercedes Monmany, Valerie Miles, nacida en Nueva York y radicada en Barcelona, la rumana Carmen Musat, el estadounidense Efraín Kristal, el colombiano Héctor Abad Faciolince y el venezolano Guerrero. Carrère fue seleccionado entre 72 candidaturas de 18 países distintos.

“Desgraciadamente no hablo español”, ha apuntado en un momento de la rueda de prensa el francés. También se ha disculpado porque su conocimiento de la literatura mexicana se redujera a grandes escritores como Octavio Paz. No obstante, ha contado que había leído recientemente dos autores mexicanos que le habían impactado: Valeria Luiselli y Emiliano Monge. “Hablan de temas contemporáneos y sus textos tienen algo de periodísticos”, ha afirmado. Ahora dice que sueña con su viaje a México para recibir el premio.

Desde 1991, la Asociación Civil, que reúne a varias instituciones y es la responsable de la distinción, ha otorgado el homenaje, dotado con 150.000 dólares (unos 126.000 euros), a: Nicanor Parra, Juan Marsé, Sergio Pitol, Juan Gelman, Juan Goytisolo, Carlos Monsiváis y Fernando del Paso, entre otros. El rumano Norman Manea, víctima de dictaduras fascistas y comunistas, fue el autor reconocido el año pasado y el catalán Enrique Vila-Matas, fuertemente ligado a América Latina desde los años 90, en 2015. Solo tres mujeres figuran entre los galardonados: Nélida Piñón (1995), Olga Orozco (1998) y Margo Glantz (2010).

En su 31ª edición, la FIL de Guadalajara contará con un invitado de honor particular: la ciudad de Madrid. La capital española es la segunda urbe que merece este reconocimiento en la historia de esta cita literaria, después de Los Ángeles (Estados Unidos) en 2009. Y la tercera de una región española, tras Cataluña y Castilla-La Mancha. Con este vínculo que las distintas autoridades alabaron, Madrid adquirió un compromiso de patrocinio para esta edición del certamen (de unos dos millones de euros —2,4 millones de dólares— según el Ayuntamiento madrileño).

El año pasado, en su 30 cumpleaños, la feria convirtió a Guadalajara en la capital de la literatura latinoamericana. Más de 120 escritores de la región, liderados por la figura de Mario Vargas Llosa, quien cumplía 80 años, protagonizaron la edición. Cualquiera de los certámenes celebrados en la ciudad del tequila y el mariachi son una ocasión para recordar a los grandes, entre los que no pueden faltar Julio Cortázar, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti o Juan Rulfo. Es una excusa para la loa de una literatura tan amplia y rica como la región que la ve crecer.

Ésta es la historia de ocho hermanos de Niodior, una pequeña isla del delta del río Saloum, en Senegal. Talentosos e inconformistas, todos han logrado hacerse un hueco en el panorama cultural de su país o fuera de él a través de diferentes disciplinas artísticas, muchas veces difícilmente encasillables. Tienen en común la reivindicación de una África libre de las ataduras mentales coloniales que aún perduran y la importancia de la creación artística en la construcción de la emancipación africana sobre bases endógenas. Éste es el retrato de una saga de agitadores culturales con un sólido bagaje intelectual y una apertura tremendamente crítica y constructiva hacia el exterior. Ésta es la saga Sarr.

Saliou Sarr, alias Alibeta, combina música, teatro y cine para promover la reflexión sobre cuestiones de actualidad.

Saliou Sarr, alias Alibeta, combina música, teatro y cine para promover la reflexión sobre cuestiones de actualidad. 

Quizá Felwin haya sido el más aplicado de la familia. Sin duda es el más conocido. Con 44 años, forma parte de los principales pensadores y filósofos del continente africano de la última década. Economista reconocido internacionalmente, su nombre suena ahora por la reciente publicación Écrire l’Afrique-Monde, actas de Los talleres del pensamiento, un coloquio organizado por él mismo y el camerunés Achille Mbembe. Un encuentro que reagrupó en Senegal el otoño pasado a un nutrido grupo de escritores, investigadores y pensadores del continente que abogan por construir un África del mañana que se aleje definitivamente de la alienación cultural que supone exportar acríticamente el modelo occidental.

 

“No hay cuestión africana que no sea al mismo tiempo una cuestión universal. Si el futuro del planeta se juega en gran parte en África, entonces se nos presentan nuevos retos en el ámbito del pensamiento, de la escritura y de la creación africana y su diáspora. Para afrontarlos, no podemos permitirnos el lujo de no reflexionar unidos, de no actuar unidos”, plantean en el prólogo de la edición impresa.

Él es el articulador de un discurso al que sus hermanos Fatou-Seydi, Saliou, Sahad, Manjun, Youssou y Gnima dan forma artística a través, sobre todo, de la música, pero también otras disciplinas como el teatro, el cine, la danza o la mezcla de todas ellas. Solo Ami está “fuera de los escenarios”, trabajando también en el sector pero en el ámbito de la comunicación. Incluso Felwin, entre clases en la Universidad de Saint Louis (Senegal), la editorial Jimsaan que dirige junto a Boubacar Boris Diop y los numerosos coloquios internacionales en los que participa, tiene tiempo para crear y componer habiendo publicado en 2007 un álbum en solitario Bassaï.

En su brillante ensayo Afrotopia, el mayor de los Sarr, desarrolla su concepción de “utopía activa”, que tiene por tarea identificar en la realidad africana potencialidades propias, endógenas, y fecundarlas, llevarlas a cabo, buscando crear el mejor futuro para sus habitantes pero también aportar lo mejor de sí misma al mundo inevitablemente conectado en el que vivimos.

Felwine Sarr es economista, escritor y filósofo.

Felwine Sarr es economista, escritor y filósofo. ELISE DUVAL

 

Profundamente anclada en la tradición y espíritu de las poblaciones africanas, la creatividad artística es uno de estos elementos clave a través de los cuales Felwin Sarr cree que se debe poner en marcha esa otra manera de proyectar, sentir y organizar el futuro del continente. “El pensamiento crítico no se limita exclusivamente a la producción de textos filosóficos. Se concretiza a través de corpus literarios y no discursivos (gráficos o pictóricos). Incluye multiplicidad de gestos, campos y estilos que van desde la música al baile, de la arquitectura a la fotografía y al cine”, afirma. Y prueba de ello es su familia.

Una familia excepcional

El gusanillo de la música les entró gracias a él, el mayor de la saga, cuando, siendo estudiante en Francia les mandó a sus hermanos pequeños una guitarra de regalo. Felwin hacia sus pinitos a la cabeza de un grupo de reggae, Dolé, que con dos álbumes en el mercado, se produjo durante casi 13 años en la escena francesa de festivales de verano.

De manera autodidacta, unos y otras coquetean con el instrumento y empiezan a dar rienda suelta a su creatividad. Sucesivamente siguen el camino del primero y se van a estudiar a Francia, animados por unos padres que buscan la mejor salida académica para su prole. Brillantes estudiantes todos, cada vez se sienten más atraídos por la rama artística, primero como hobby y después como pasión. De ella empiezan a hacer su profesión y lideran todos ellos proyectos personales individuales y exitosos.

Tras 10 y siete años de trabajo respectivamente, Majnun El loco errante y Sahad, acaban de publicar en 2017 sus primeros álbumes, Kindépili el del primero y Jiwel del segundo, quien con su grupo The Nataal Patchwork está actualmente de gira por Europa.

Majnun, instalado en Orleans, ya había tenido buena acogida con su grupo Waliyaan (exilio en wolof) formado por músicos senegaleses, congoleses, franceses y magrebíes con quien había actuado durante más de un lustro antes de iniciar su carrera en solitario. El divagar de este trotamundos se siente en su trabajo básicamente groove pero fuertemente influenciado con sonidos tan dispares como la rumba congolesa, la flauta peul, pasando por la música del País Dogón o los ritmos brasileños.

El documental sobre migración 'Life Saaraba Illegal', abre en octubre el Festival de Cine Invisible de Bilbao

En cuanto a Sahad, él también se ha enriquecido con sonidos procedentes de diferentes esferas, aportados por los músicos de su banda venidos de varios países africanos y encontrados por azar en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar. La prensa internacional habla de él como el “James Brown senegalés” y es que tras ganar el premio Tanit de Oro en las Jornadas musicales de Cartago (Túnez) en 2016, no ha hecho otra cosa que cosechar éxitos y buenas críticas. Su atrevido álbum Jiw(semilla), mezcla de afro fusión con blues mandinga sobre fondos afrobeat, ha sido catalogado de elitista, sin embargo el directo consigue conquistar a públicos muy amplios logrando un ambiente puramente africano alejado de los estereotipos comerciales y las etiquetas exóticas.

“Pronto me di cuenta de que mi familia tenía una historia que contar, así que decidí grabar la vida en casa, nuestras conversaciones e inquietudes y la relación con nuestros padres y entorno”, declara Saliou Sarr. Conocido artísticamente como Alibeta, Saliou es quizás el más interdisciplinar de la saga. Comenzó con guitarra y voz, grabando su primer álbum de tendencia afrojazz en 2013, bajo el titulo Bani Adama, en el que también se incluye un DVD donde se muestra parte de su espectáculo teatral (teatro-foro) y clips de lo que entonces era su proyecto de documental, Saaraba (la tierra prometida). Hoy, aquellas imágenes que fue tomando en su Niodior natal junto con más material que ha ido recopilando en los últimos ocho años grabando a sus primos en su ruta hacia España, conforman Life Saaraba Illegal, un documental reflexivo y personal sobre la migración que abrirá el próximo mes de octubre el Festival de Cine Invisible de Bilbao.

 

Fue él quien sufrió la decisión de su padre de no dejarle continuar sus estudios superiores en Europa, como habían hecho sus cuatro hermanos mayores, intentando evitar la influencia cultural que parecía les había contagiado Francia. “Si tienes curiosidad artística la manifestarás donde y como sea”, se quejó en aquel momento un frustrado Saliou, que es coordinador de la Universidad del Saber Ser, una iniciativa innovadora de una escuela privada senegalesa, en la que se trabaja la educación en valores como parte del corpus formativo de cualquier disciplina. “Queremos transmitir la importancia de la humildad y del compromiso social, pero también del arte y de la creatividad en la conformación de la persona y el valor que eso tiene en el desempeño profesional”, comenta.

Gnima Sarr está afincada en Paris donde lleva a cabo su proyecto musical.

Gnima Sarr está afincada en Paris donde lleva a cabo su proyecto musical. AURORE VINOT

 

Como sus hermanos, Gnima responde también artísticamente al cruce de influencias, la mezcla de acentos y lenguas, como el wolof, serer, francés o inglés, que le permiten experimentar y crear su propio universo. Emigrada a París con apenas 20 años para continuar sus estudios, su carrera musical prospera asociada al rap, slamy otros géneros urbanos que ella mezcla con elementos africanos, como el tassu, un tipo de oratoria senegalesa. Su proyecto personal, TIE & The Love Process, se ha materializado en el álbum Life is not a Waiting Game publicado en 2014 y un nuevo trabajo anunciado para septiembre, fecha para la cual el pequeño de la familia, el rapero Youssou, alias Rhapsod, estará también de estreno.

En cuanto a la mayor de las mujeres, Fatou-Seidy Sarr, no vio florecer su vena creativa hasta sus 30 años, cuando, afincada en Detroit, encuentra en la danza su manera de afrontar la diferencia identitaria y crea la Compañía de Danza Africana Rowe Niodior.

Resituar África en el mundo: palabra del coronel Sarr

Mamadou Sarr, el padre de la fratria, sentía el deber de participar activamente en la construcción del Senegal independiente. Quiso ser maestro, pero la inestabilidad de la institución académica en aquellos años tan movidos no cuajaba con su disciplinada mentalidad. Así que se hizo militar. Militar para la paz, participando con la Unión Africana y como casco azul de Naciones Unidas, en conflictos tan duros y emblemáticos como la guerra de Líbano, el genocidio de tutsis en Ruanda o la crisis de Darfur.

La familia se preocupa por el neocolonialismo, el diálogo intercultural, la cohesión africana, la paz o la tolerancia

No en todas las ocasiones su espíritu justiciero le permitió acatar las órdenes de no intervención dictadas por sus superiores, de los que se llevó más de una reprimenda, pero también una gran admiración. Era un militar y un militante. Cuando volvía a casa, el Coronel Sarr contaba a sus hijos sin pelos en la lengua la realidad que se estaba viviendo, y compartía con ellos sus inquietudes. “Hay que pensar qué tenemos que aportar los africanos al mundo globalizado”, dice en las grabaciones de Saliou.

No es de extrañar que hoy ellos se preocupen de asuntos como el neocolonialismo, el diálogo intercultural, la cohesión africana, la paz o la tolerancia, y tampoco que necesiten expresarlo a través del arte.

“Pasamos nuestra infancia viviendo en campos militares y yendo a las mejores escuelas de Senegal, pero en las vacaciones nos íbamos a trabajar el campo y éramos uno más en el pueblo”, explica Saliou. “Nuestros padres nos inculcaron el amor a la tierra y la dignidad serer (grupo étnico mayoritario en la zona): la importancia de la lengua, del canto, de la espiritualidad, de la naturaleza,… pero la casa era muy disciplinada. Supongo que quisimos huir de algún modo, y fue a través del arte”. Un arte que vehicula un discurso a la vez moderno, liberador, crítico y constructivo sobre África y su papel en el mundo global.

“Opongámonos a que nos quiten lo que es nuestro, osemos alabar nuestros referentes, los que han iluminado claramente el camino” canta Alibeta, en su tema Bañleen. “Nuestra juventud, formada y disciplinada, es la fuerza que nos conducirá a la independencia real. Independencia en el uso de nuestras lenguas, en nuestra economía y agricultura y en nuestra libertad de movimiento” dice Sahad en el corte Indépendence, en una línea de pensamiento que recuerda la obra de su hermano mayor, pero también la del profesor Cheikh Anta Diop, al que ambos nombran en sus trabajos.

La espiritualidad es otro de los rasgos comunes de estos serer, que no dudan en invitar a la reconexión con la naturaleza o hacer referencias a la cosmogonía propia de su etnia alibeta), referentes de la cofradía mouride (Sahad) o sufí (Majnun). “En tiempo de crisis de sentido de una civilización tecnificada, África puede ofrecer una perspectiva diferente de vida social, emanada de otros universos mitológicos de los que tomar prestados un imaginario común de vida, de equilibrio, de armonía y de sentido. Como ya lo fue en los comienzos de la humanidad, África puede volver a ser el pulmón espiritual del mundo”, dice Felwin en Afrotopia.

Aunque individuales, en sus trabajos se percibe una coherencia grupal, un proyecto conjunto adornado con diferentes envoltorios. Su grupo de WhatsApp permite a los hermanos Sarr, dispersos por Europa, Estados Unidos y Senegal, intercambiar sobre los asuntos de actualidad, sobre sus iniciativas personales, a las que se prestan apoyo y consejo, pero también sobre su sueño de crear algo grande colectivo. Familiar.

El maestro del dibujo sutil presenta una exposición en Fundación Fortabat, donde muestra pinturas y grabado. Aquí habla de sus influencias y de sus ideas.

Eduardo Stupía: "El arte es materia, conflicto, filosofía y política"

 

La obra de Eduardo Stupía contó desde temprano con la complicidad de sus seguidores, que sin mayores resistencias se fueron allanando a los ajustes de foco que les fue proponiendo a lo largo de los últimos treinta años. Maestro sutil del dibujo, hubo un tiempo en que se apoyó en la línea para sugerir fascinantes travesías a escala microscópica y momentos -más recientes- en que se lanzó a explorar el vasto territorio del trazo pictórico, la superficie contaminada por la mancha y el carbón, al tiempo que sus trabajos progresivamente se aventuraban a la lógica de dimensiones mayores como las tres series que presenta ahora en el Museo Fortabat y justifican el título que exhibe: Panorámicas.

Se trata, por un lado, de ocho pinturas que presentó en formato mural en Montevideo en 2015 y dos series de grabados que realizó entre 2013 y 2016 en Madrid, en el estudio de impresión de Adam Benveniste. Sofisticado taller que le permitió combinar las técnicas del aguafuerte, la punta seca y el monotipo, pero sobre todo llevar cada una de las trece piezas de esta serie a la infrecuente escala de 70 por 90. La orientación longitudinal de la sala, oportunamente rediseñada por la curadora Verónica Gómez, refuerza la importancia del espacio en este giro que afirma el más reciente rumbo asumido por el artista y al mismo tiempo recupera el trazo fino y abigarrado que caracterizó su obra de los años 80 y 90.

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Lo que más me gusta de esta muestra es que puede ser considerada como un ensayo de convivencia de lenguajes.

Eduardo Stupía

-Hay algo de la apertura pictórica de grandes dimensiones en la que te embarcaste en los últimos años que fue cuestionado por tus seguidores, fanáticos del curso minucioso de la línea y la pluma.

-Si, si - se ríe- los fanáticos de la secta de la pluma, que, por suerte, son cada vez menos. Creo que se debe a una fascinación con lo microscópico que yo también tenía. Frente a una trama aparentemente indistinguible era muy atractivo acercarse y descubrir allí un montón de situaciones. Duró hasta que yo mismo me empecé a cansar de esa microscopía; de esa idea de que la gente tenía que descubrir cosas. Cuando empiezo a dibujar con pincel todavía en formatos pequeños todo se vuelve más voluble y empiezo a retirarme de la precisión narrativa. Empiezo a descubrir el lenguaje propiamente dicho. No sólo por la representación en sí misma sino por toda una variante de tramas.

Eduardo Stupía: "El arte es materia, conflicto, filosofía y política"

Dejarse influir. Stupía con Luis Felipe Noé, al que considera una influencia decisiva. /Néstor García.

-Aquí pareciera estar todo expuesto en saludable convivencia.

-En cierto sentido, y para mi sorpresa, esta muestra repone de algún modo la convivencia del trazo afiligranado, dibujístico y minucioso con lo más pictórico, lo más gestual. También entiendo que al ver la filigrana en estos grabados el espectador que me conoce recuerda aquella obra de los 80 y 90. Yo también los recuerdo pero no de una manera melancólica, lo recuerdo pragmáticamente.

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Me tiene sin cuidado el fanatismo autoral. Uno siempre está constituido por gente que lo marca. Yuyo Noé ha sido clave.

Eduardo Stupía

-¿A la manera de un contrapunto dentro de tu propio recorrido?

-Justamente, como recuperación de distintos modos de hacer.

-Es interesante que el grabado te haya permitido hacer convivir esos dos momentos de tránsito del dibujo a la pintura en tu trayectoria. De algún modo, la monocopia expone el modo más pictórico que trabajaste en estos últimos años. El aguafuerte y la filigrana caracterizaron al Stupía de los 80 y 90.

-Tenés razón. Cuando abordo la monocopia lo hago de un modo muy diferente de como lo hubiera hecho hace treinta años. Entonces hubiera sido más crudo y seguramente más naif. Otra cosa es abordar la monocopia una vez que uno ha explorado diferentes operaciones en el plano más pictórico. Hoy estoy más entrenado en aquello que la monocopia exige, que es una especie de instantaneidad muy inconsciente que te pone frente a lo que no podés corregir. Lo que más me gusta de esta muestra es que puede ser considerada como un ensayo de convivencia de lenguajes.

Eduardo Stupía: "El arte es materia, conflicto, filosofía y política"

Búsqueda. Una de las obras de Stupía. /Néstor García

-¿Dirías que se expone una suma de procesos recientes y distantes que te pusieron frente a un camino exploratorio de escalas, lenguaje, diferentes medios?

-Si, decididamente. Creo que en los últimos diez años, coincide con el momento en que empecé a trabajar con (el galerista) Jorge Mara y me propone formatos peculiares para la galería. Esos formatos me proponen un cambio de escala en el lenguaje, lo que a su vez me lleva a otros formatos porque claramente estos grabados derivan de los lienzos de dos por tres que Jorge me pide. De algún modo, este formato panorámico a mí se me revela cuando empezamos a trabajar los formatos de dos por tres. Me pasa que en lugar de proyectar yo el formato a partir del lenguaje, los formatos me definían el lenguaje.

-Es curioso, porque la tradición romántica que consagró la autonomía del artista vería como un sacrilegio una intromisión semejante. ¿Sentís que lejos de ser así te planteó interesantes desafíos?

-Sí, claro. Las estéticas se constituyen en la discusión de los límites, no de las libertades. La libertad es un valor absoluto pero el arte no se maneja con valores absolutos, el arte es herramienta, materia, idea, conflicto, filosofía, política y todo el tiempo pugna porque aparezcan objetos lingüísticos en el medio de todo eso. Nunca es puro. Y en un sentido, no se trata de la intervención en sí sino de quién interviene.

-Agamben aborda esa cuestión en el mismo sentido y rescata específicamente la relación de Miguel Angel y Clemente VII, su mecenas, que en su opinión tenía una “excepcional comprensión del proceso artístico”.

-Si alguien se “mete” en mi obra de manera consciente proponiéndome un territorio que ve como una proyección que no he visto, bienvenido. Me tiene sin cuidado el fanatismo autoral. Uno siempre está constituido por gente que lo marca. En mi caso Yuyo Noé, ha sido una figura clave, también Gabriel Levinas en los 70 fue un tipo que me propuso un escenario fundamental y te podría nombrar muchos poetas amigos que de algún modo me han marcado a mí y a la obra.