LISBOA.- El “Festival de Lucía“, que se celebrará por segundo año consecutivo en la ciudad lusa de Castro Marim, homenajeará al genio de la guitarra Paco de Lucía (1947-2014) en un certamen en el que participarán, entre otros, el guitarrista Tomatito y el cineasta Carlos Saura.

El guitarrista flamenco español Tomatito abrirá el festival el 18 de agosto con una actuación que tendrá lugar en el entorno amurallado de Castro Marim, según el Ayuntamiento luso, organizador del evento.

Además, mañana, jueves, como evento previo, Tomatito protagonizará la “Serenata a Lucía” en la localidad de Monte Francisco, pueblo de la comarca de Castro Marim en el que nació Lucía Gomes, la madre de Paco de Lucía.

El 19 de agosto, el festival contará con la portuguesa Mariza, que protagonizará un concierto titulado “Mundo” y que se celebrará en el estadio de fútbol de Castro Marim, localidad portuguesa perteneciente al distrito de Faro, en la región del Algarve.

En el recinto “Casa do Sal” se abrirá al público durante los días del certamen una exposición virtual dedicada a la vida y obra de Paco de Lucía y se exhibirán pinturas y fotografías que el cineasta español Carlos Saura realizará durante el festival.

También se impartirán clases de formación a cargo del crítico musical Nuno Galopim y del guitarrista luso Henrique Vieira.

EFE

Guy Ritchie agarra la historia más clásica de la isla y la lleva al peor rincón de su terreno, el abuso de la thermomix, perdida hace siglos la frescura de «Lock & stock» y «Snatch: cerdos y diamantes». Camelot ya no tiene magia, sino efectos digitales. Ni siquiera cabe llamarlos especiales.

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Ahora el crítico hace un giro vertiginoso de su punto de vista y pasa a narrar las virtudes que conserva el cine del británico. La cosa es espectacular, muy apropiada para los últimos sofocos (esperemos) del verano. Y entretenida. Si sospecha que su vecino de butaca se ha dormido, llame al 112, porque está muerto.

Ritchie también se muestra acertado en las caras menos conocidas de su reparto: la casi española Astrid Berges-Frisbey, cuya mirada es la verdadera espada de la cinta, y el musculoso Charlie Hunnam. Puede que el chico no parezca el idóneo para reencarnar a Arturo, pero sí lo es para dar vida al superhéroe pandillero que, en el típico ataque de director, buscaba su «entrenador». Al fin y al cabo, ¿cuántos recuerdan al Nigel Terry que protagonizó el clásico de John Boorman? Y eso que la versión de 1981 siempre tuvo el prestigio subido.

 

Nuevo corte nervioso en la sala de montaje de la redacción –es contagioso– para desvelar que lo que ve el espectador durante demasiados minutos parecen los descartes de «Juego de tronos». O de la última fantasía Marvel. A los personajes incluso se les iluminan los ojos y el mundo tiembla cuando el bueno(rro) de Hunnam sostiene la espada como es debido, que ahora sabemos que es a dos manos, sin la elegancia de Federer. Ahí el gasto en fuegos artificiales se dispara y las ideas se agotan. Ni una gota de leyenda que echarse al gaznate. Si la «actualización» de Sherlock Holmes aguantaba el debate, como mínimo, la de Camelot es un simple raspado de la última letra del reino.

NUEVA YORK.- Una escultura que sobrevivió a los ataques del 11 de septiembre de 2001 volverá a ser emplazada en el World Trade Center la próxima semana, según informaron hoy medios locales.

Conocida popularmente como “La Esfera”, la pieza de bronce titulada “Gran esférico cariátide”, de más de 8 metros de altura y 25 toneladas de peso, está emplazada desde 2002 en Battery Park, en el sur de la isla de Manhattan.

La escultura del artista alemán Fritz Koenig, fallecido en febrero pasado, ocupaba originalmente el espacio central de la plaza Austin J. Tobin, el área comprendida entre las Torres Gemelas.

La esfera de color dorado resistió al desplome de las Torres Gemelas y fue rescatada de los escombros tras el atentado del 11 de septiembre de 2001.

No obstante, quedó visiblemente dañada y las autoridades de la ciudad decidieron trasladarla temporalmente en el parque con vistas a la Estatua de la Libertad, espacio que ocupa actualmente.

Convertida en todo un símbolo de esperanza, la esfera, que se ha conservado desde entonces sin restaurar, volverá 17 años después a lucir en su lugar original.

EFE

CÓRDOBA.- La escritora argentina Susana Oro, una de las más prolíficas del país austral en el subgénero de novela romántica, destacó las ventajas que para los autores tienen las plataformas de autopublicación, especialmente la libertad creativa y el establecimiento del ritmo de producción.

Con una media de tres o cuatro títulos publicados por año, Oro aseguró, en una entrevista concedida a Efe, que este ritmo de trabajo solo es posible a la autopublicación en plataformas como la que ella usa, “Kindle Direct Publishing” (KDP) de Amazon.

“La ventaja es la libertad que uno tiene de publicar lo que escribe o lo que le gusta escribir; y el tiempo en el que uno quiere publicar porque en una editorial tiene que depender de sus tiempos, ya que tienen muchos escritores y no siempre te pueden publicar dos o tres novelas al año”, comentó Oro.

La autora, que anteriormente publicaba sus obras a través de una editorial, prefiere continuar en el sistema de la autopublicación, ya que, para ella, en las grandes compañías “salvo que escribas ‘Cincuenta Sombras de Grey’, por poner un ejemplo, es difícil que te den la importancia y la promoción para vivir de la literatura”.

“Tengo libros a la venta en todo el mundo, en Australia, en Canadá, en Japón, algo que en una editorial no ocurre tan sencillo; (…) siempre digo ‘nunca digas nunca’, porque puede llegar una oferta que a mí me conviene por regalías, pero irme por estatus no, de ninguna manera”, resaltó Susana Oro.

Sobre la búsqueda de la inspiración en sus trabajos, Oro aseguró que no se fija en “gente real”, sino que sus historias parten de un conflicto basado puramente en la ficción.

Oro reconoció que trata de leer mucho de escritoras españolas, mexicanas, colombianas, en general de autoras que trabajan en español para observar así diferentes usos del lenguaje.

“Acá en Latinoamérica somos todas muy parecidas y con España somos muy distintas, a veces nos cuesta entendernos, pero creo que es una buena forma de ampliar lo que uno hace”, matizó.

En cuanto a sus proyectos de futuro explicó que tras su último libro -una historia romántica basada en el drama- quedó “bastante marcada”, aunque en estos momentos está cerca de terminar una nueva novela para este año.

En un plano más intimista, la autora admitió que gracias a la escritura consiguió superar “algunos problemas familiares”, que le provocaron “una forma de pensar negativa durante algún tiempo”.

“Tenía que hacer algo que me sacara de esos pensamientos, y la literatura me sacó; las primeras novelas eran un desastre, nunca las publiqué pero al menos logré hacer una historia completa y eso para mí era importante”.

La autora reveló que tras aquella época comenzó a leer y a escribir “hasta que fue aprendiendo como es este trabajo”, ya que con 15 años había escrito una novela que acabó “tirando” porque no sabía qué hacer con ella.

“Adquirí una forma muy particular de escribir, empiezo con una idea muy chica que desarrollo y a partir de ahí paro a esperar que vaya creciendo por sí sola”, explicó.

La escritora cordobesa ha publicado hasta el momento 12 novelas de género romántico, y con el título ‘Hechizo de luna’ llegó a ser finalista en la tercera edición del Premio Literario de Autores Indie en español de la empresas de comercio electrónico Amazon.

“No solo es llegar a finalista, que es un gran logro, es que el concurso tiene mucha visibilidad para todos los autores que se presentan; yo participé en el primero y en el tercero, y la verdad es que las ventas fueron muy grandes, uno solo no llega tan lejos”, destacó sobre su presencia en el certamen.

Este concurso concentró, durante su tercera edición, alrededor de 1.500 publicaciones de 39 países, una representación que según la escritora supone “una buena forma de aprender las costumbres de otros países, puesto que cada uno tiene sus modismos”.

EFE

El país nórdico es modélico en la protección del escritor y la industria del libro. A las ayudas para promocionar la creación se suman el IVA cero para el libro de papel, el precio fijo y un trato reverencial al autor

Jostein Gaarder marcó un hito en la expansión de la literatura noruega con 'El mundo de Sofía'.

Jostein Gaarder marcó un hito en la expansión de la literatura noruega con 'El mundo de Sofía'. 

"Si Noruega, con sus gestionables cinco millones de habitantes, sus productivas reservas de petróleo y su devoción por la cultura, no es el mejor país de Europa para ser escritor, al menos, tiene las condiciones para serlo". Así arranca el reportaje de portada del próximo Babelia, una profunda incursión en las políticas públicas del país escandinavo para apoyar al autor y a la industria del libro. Con unas becas-sueldo que no se dan con cuentagotas, unas ayudas a la traducción de las que también se benefician autores consagrados como Karl Ove Knausgård, una cuidada gestión de los derechos de autor, y un formidable programa de compra masiva de libros para las bibliotecas públicas, el país escandinavo ofrece un ecosistema que anima la creación y que está dando sus frutos.

 "Noruega está exportando literatura. La calidad media de las letras del país es muy alta y creo que se debe en gran parte a ese apoyo que ha prestado el Estado durante muchos años”, resume Jostein Gaarder, el autor que abrió las letras noruegas al mundo con El mundo de Sofía (1991).

El reportaje va acompañado de un esquemático texto que radiografía la situación en España, donde solo el 2% de los escritores puede vivir a la literatura.

En páginas siguientes el lector de Babelia encontrará la reproducción de una conversación entre el escritor Juan Goytisolo, recientemente fallecido, y el actor y director teatral José Luis Gómez. En diciembre de 2015 ambos se reunieron para charlar sobre La Celestina, personaje que un año después interpretó Gómez en su célebre adaptación para la escena.

En la sección de libros Anna Caballé reflexiona en un artículo sobre el hecho de que cada vez más escritoras se atreven a narrar la relación con sus madres, como Vivian Gornick en Apegos feroces y Christine Angot en Un amor imposible.

En el apartado de arte, Peio Aguirre escribe sobre la exposición de Eric Baudelaire en San Sebastián y Chus Martínez Domínguez analiza la gran muestra individual en una institución de Kiko Pérez, que expone en la Fundación Luis Seoane de A Coruña.

Randy Newman protagoniza la sección de música, junto a reseñas de otros discos, y en las páginas de opinión continúan las columnas de verano de Patricio Pron y Javier Rodríguez Marcos, junto con la firma habitual de Manuel Rodríguez Rivero.

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