ANAMÁ.- En los 2 últimos años en Panamá 120 bebés prematuros lograron sobrevivir gracias a la leche donada por madres que producen con excedente este alimento único: esa fue la bandera de una “gran tetada” que promovió hoy la lactancia materna en el país, donde solo entre 20 % y 30 % de los neonatos es amamantado.

Con esos porcentajes, citados este domingo por la jefa nacional del Programa Materno Infantil de la Caja del Seguro Social (CSS), Sara Campana, Panamá se encuentra por debajo del índice ideal de un 50 % de infantes alimentados con leche materna de manera exclusiva durante sus primeros seis meses de vida.

Y así están todos los países mundo, según reveló la semana pasada un estudio efectuado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef y la ONG Global Breastfeeding Collective.

Campana recalcó que en Panamá existe una ley que establece el derecho de las madres trabajadoras a dedicar una hora al día de su jornada laboral para la lactancia de sus hijos durante sus primeros seis meses de vida, bien sea desplazándose hasta sus casas o extraer la leche en el lugar de trabajo.

En el evento de este domingo, celebrado en el concurrido Parque Omar de la capital panameña, las cerca de 20 de madres que llegaron temprano pudieron obtener orientación de las autoridades de Salud y de Trabajo sobre el aprovechamiento de ese derecho legal.

También intercambiaron experiencias sobre su vida como madres que dan pecho.

“No fue fácil. Hay que tener mucha determinación para poder cumplir con la lactancia, pero sabiendo que es la mejor alimentación para mi bebé, lo logré”, comentó a Efe Sharon Smith, una joven trabajadora y madre de un niño próximo a cumplir 15 meses y que aún mantiene la lactancia materna.

Smith reconoció que en todo este proceso fue vital el apoyo familiar y de su entorno de trabajo, ya que, con la comprensión de sus superiores inmediatos logró aprovechar la ley incluso después de los 6 meses que establece para amamantar a los bebés.

Pero más allá de la norma que incluye esa prerrogativa, Campana hizo énfasis en que esta jornada organizada por la CSS, los ministerios de Salud y del Trabajo, y Unicef, buscaba incentivar a las madres que producen leche con excedentes a donarla al banco que maneja el Seguro Social.

“La Caja del Seguro Social también apoya a los niños prematuros porque tenemos el primer y único banco de leche humana pasteurizada a nivel nacional y en Centroamérica”, destacó la funcionaria.

En los últimos dos años, “el banco ha pasteurizado 450 litros de leche humana y pudimos sacar adelante 120 recién nacidos prematuros de menos de 1.500 gramos. Para nosotros ese es un gran avance”, dijo la jefa nacional del Programa Materno Infantil de la CSS.

“Y con estas jornadas lo que hacemos es exhortar a las mamás a que sean donadoras de su excedente, (…) para donarlo a los niños que lo necesitan”, agregó.

El director de la CSS, Alfredo Martiz, tildó de “altamente importante” jornadas como la “gran tetada”, que este domingo celebró su séptima edición, especialmente a la luz de que en América existen “problemas muy serios de nutrición”, bien sea por falta de alimento o porque el que hay es malo.

Y el asunto de la calidad de la nutrición y sus consecuencias en la salud es lo que incentiva a Sara Navarro a dar teta a su pequeño de cerca de tres meses.

“Quiero que tenga una buena alimentación, que siempre esté sano. Además (la lactancia materna) me ayuda a mí, tanto en lo económico como en lo mental”, aseguró a Efe Navarro, propietaria de un negocio que alquila equipos para fiestas.

Navarro cuenta que ante la renuncia de su hijo de tomar leche de la mamadera, se lo lleva “para todos lados”, y el pequeño es “feliz porque le gusta que todo el mundo lo cargue y toma su tetita donde sea”.

EFE

El parásito aprovecha la genética de sus huéspedes para mutar y desarrollarse, complicando la invención de una vacuna

La malaria es una enfermedad más antigua que el propio ser humano. Se cree que su forma más primitiva tiene unos 100 millones de años de antigüedad, aunque las investigaciones más recientes señalan que la malaria se transmitió a los humanos por primera vez hace 10.000 años. Desde entonces, se ha desarrollado y ha convivido con la humanidad. Las referencias al "mal del aire" o "mal del pantano" se encuentran repartidas a lo largo y ancho del globo, desde China hasta Grecia o Sudamérica. Y pese a que, desde 2010, las muertes globales por malaria se han reducido en un 29%, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registró 12 millones de infecciones y 429.000 muertes por malaria en el año 2015, localizadas en África en un 90% de los casos.

 

Pero, si hemos podido encontrar una vacuna para enfermedades tan letales y diversas como la tuberculosis, la difteria o el tétanos, ¿por qué somos incapaces de hacer lo mismo con la malaria? Esto se debe, en parte, a algo llamado "cambio de camisa": el parásito de la malaria, el Plasmodium, cambia para no ser detectado por el sistema inmunológico de sus huéspedes. Lo hace a través de dos formas: la mutación genética y los mecanismos epigenéticos, los sistemas que controlan la expresión de los genes sin afectar a su composición.

La bióloga Elena Gómez, investigadora en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y recientemente reconocida con una beca Leonardo por la Fundación BBVA, cree que la manera de parar a la malaria podría encontrarse, precisamente, en los mecanismos epigenéticos del parásito, el propio camuflaje delplasmodio. No en el del parásito que llega al humano, sino en el de su primer vector de desarrollo: el mosquito.

Tradicionalmente se ha considerado que el mosquito era una simple jeringa que inyectaba el parásito de la malaria en el ser humano. Hoy día sabemos que no es así. El mosquito es portador y huésped a la vez. El parásito se desarrolla, cambia e interactúa de forma compleja con él, reduciendo sus índices de supervivencia y reproducción, y cambiando su fisiología.

Multiplicación y camuflaje

El proceso funciona así: una mosquita huésped del plasmodio pica a un ser humano y le transmite el parásito. Una vez dentro del ser humano, el primer objetivo del parásito es el hígado. "Dentro del hígado", explica Gómez, "el parásito utiliza sus propios mecanismos epigenéticos para cambiar de forma" para transitar entre los tejidos sin ser detectado, "y para multiplicarse rompiendo las células del hígado". Una vez ha alcanzado un nuevo estadio de desarrollo, "pasa al torrente sanguíneo e invade los glóbulos rojos, iniciando así un nuevo proceso de desarrollo, multiplicación y cambio de forma y máscara", detalla la bióloga.

Para evitar que el sistema inmunológico lo perciba como una amenaza y lo elimine, el plasmodio coloca nuevas proteínas en la superficie de las células sanguíneas infectadas para disfrazarlas y volverlas invisibles ante el sistema inmunitario. "Después de esto", prosigue la investigadora, "pasa hasta por cuatro cambios de forma y máscara en el torrente, y crea nuevas versiones transmisibles de sí mismo. A partir de este punto, solo hace falta que un nuevo mosquito pique al humano infectado y se infecte por el parásito para reanudar este ciclo en otra persona", relata la científica.

La doctora e investigadora Elena Gómez Díaz.

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La doctora e investigadora Elena Gómez Díaz.BBVA

 

Mosquitos bajo el microscopio

El proyecto de Gómez es averiguar cómo funciona este proceso en los mosquitos. "La epigenética es la encargada de regular el cambio de forma y máscara del parásito durante las etapas de desarrollo en el humano. Pero, si esto ocurre en el organismo humano, ¿qué es lo que ocurre en el organismo del mosquito?, ¿cómo funcionan los mecanismos epigenéticos del parásito en sus etapas de desarrollo dentro del mosquito? Sabemos muy poco al respecto", afirma la investigadora.

Gómez aislará y cultivará parásitos obtenidos a partir de sangre de portadores infectados y llevará a cabo infecciones experimentales en tres especies de mosquitos en Burkina Faso. Así, estudiará los mecanismos epigenéticos durante el desarrollo del Plasmodium en el mosquito, "con la intención de encontrar nuevas moléculas o mecanismos que permitan frenar al parásito en el mosquito", señala.

La OMS registró 12 millones de infecciones y 429.000 muertes por malaria en 2015

"En cierta medida, estamos buscando el talón de Aquiles del parásito de la malaria. Debido a las etapas de desarrollo y cambio del parásito dentro del mosquito, el protozoo que sale del insecto es diferente del que entra. Lo que hacemos nosotros es estudiar cómo cambia el parásito dentro del mosquito, porque ese cambio puede afectar a cómo de virulento y dañino puede ser el parásito después de salir. Nuestra intención es frenar el cambio de camisa que hace a través de los mecanismos epigenéticos. Si conseguimos frenar su desarrollo en el mosquito, sería posible diseñar estrategias para combatirlo", concreta la bióloga.

El gran problema del protozoo Plasmodium, según explica el investigador Alfred Cortés, del Instituto de Salud Global de Barcelona, reside en "la complejidad" del organismo. "Digamos que el nivel de complejidad aumenta desde los virus, los más simples, hasta las bacterias y, finalmente, llega a los protozoos parásitos, como es el caso del parásito de la malaria. Su genoma es mucho más grande que el de los virus y las bacterias y además estos parásitos han evolucionado con los humanos desde que estos se volvieron sedentarios. Están perfectamente adaptados a todas las respuestas inmunológicas que tenemos y, de hecho, los propios seres humanos hemos evolucionado para adaptarnos a ciertas formas de malaria", señala.

"Creo que la epigenética", concluye Cortés, "es un campo muy importante para desarrollar nuevas herramientas contra la malaria. "De unos años a esta parte, el foco se ha desplazado desde la idea de controlarla  y ser conscientes de que habrá períodos con mayores o menores recursos para hacerlo, a erradicarla por completo".

GINEBRA.- La Organización Mundial de la Salud (OMS) está distribuyendo medicinas a casi un millón de niños en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria, en un intento de evitar hasta diez mil muertes por malaria, una enfermedad que está haciendo estragos en el país.

Según los datos con los que cuenta la agencia sanitaria de la ONU, unas 8.000 personas se infectan y siete fallecen cada semana a causa del paludismo.

“Estos son los datos registrados, pero sabemos que es una subestimación y que el número real de personas que se contagian y que mueren es unas siete veces mayor”, afirmó en rueda de prensa Pedro Alonso, director del Programa de Malaria de la OMS.

De hecho, los casos de malaria representan el 50 por ciento de las atenciones médicas y el 50 por ciento de las muertes registradas en el estado de Borno.

Pero el problema principal es que el país africano está entrando en la estación de las lluvias, cuando las aguas estancadas se acumulan y se multiplica el mosquito que transmite el parásito causante de la malaria.

Según Alonso, durante la estación de las lluvias, los casos y las muertes se pueden multiplicar hasta por 20, de ahí que la estimación es que se podrían producir hasta 10.000 muertes.

Para evitarlo, durante todo el año, la OMS ha implementado un plan cuya primera fase acaba de concluir y que pasa por administrar antipalúdicos a 1,1 millón de niños de entre tres meses y 5 años durante varios meses, sin tener en cuenta si han contraído o no la enfermedad.

En esta primera ronda han administrado medicamentos a 880.000 niños, pero el objetivo es poder alcanzar a 1,1 infantes que se estima viven en la región del estado de Borno que ha sido liberada del yugo del grupo yihadista Boko Haram.

EFE