Vecinos del barrio La Constituyente, ubicado en Core 8, donde habitan unas 400 personas, están  en precarias condiciones sin apoyo de los entes gubernamentales.

Una de las residentes, Yaritza Caña, contó que la última vez que supieron de autoridades fue cuando la Gran Misión Vivienda Venezuela (Gmvv) inauguró el “conjunto” hace cinco años.

 

El mayor problema, según la vecina, es el del alumbrado público, cloacas y asfaltado.

 

La calle donde está su casa es de tierra, no hay desagües y los postes no tienen bombillos; en tiempo de lluvias se inunda el lugar y en la noche “es una boca de lobos”.

 

Cuentan los habitantes que la Gmvv entregó las casas pero ni esta ni otra institución se preocuparon por hacer conexiones con las tuberías de aguas negras que pasan por las vías adyacentes a la comunidad.

 

Para solventar el problema, cada vivienda tiene un pozo séptico; sin embargo, en ocasiones estos se desbordan por las lluvias.

 

Noel Moreno, quien tiene diez años en La Constituyente, dice que luego del empozamiento de agua deben esperar a que esta se evapore y que “hay algunas partes de la comunidad que pasan bastante tiempo con el agua anegada”.

 

Otra vecina, Merquiade Urbano, también se une a las críticas en el sector.

 

Manifiesta que en los 11 años que lleva en el lugar nunca había “estado en tan mal estado”.

 

Varias paredes de su vivienda están cuarteadas y, además, tiene meses sin electricidad ya que se quemaron los cables.

 

Para poder usar algunos electrodomésticos básicos como la nevera, tuvo que improvisar con un cable enchufado al único tomacorrientes que funciona.

 

“Todo es de mala calidad”, dice.

 

A pesar de los problemas, los vecinos coinciden en que el único servicio que medianamente funciona es el de aguas blancas.

 

Aseguran que pocas veces sufren cortes, además, que “gozan” de un constante flujo y presión.

 

Alimentos

La vecina Merquiade Urbano expresó que cada dos meses llegan los alimentos del Comité Local de Abastecimiento y Producción; en ocasiones ha tenido que recorrer la calle y mercados buscando que le regalen alimentos. “No me puedo morir de hambre así que salgo a pedir”, manifestó indignada.