Más de un mes llevan los habitantes de la comunidad rodeados de heces.

Upata.- La calle principal de la urbanización Coviaguard lleva más de un mes llena de sedimento de heces fecales por el desbordamiento de la red de aguas servidas.

Coviaguard, Upata (Fredys Marrero)

Dicha situación ha sido notificada a la Fundación Yocoima, de la Alcaldía del municipio Piar, pero hasta ahora no ha sido resuelta.

 

Un gran número de familias sufre las afectaciones por pasearse sobre lagunas de excremento.

 

Neris Moreno, una de las habitantes del lugar, sostiene que no sabe qué hacer para llamar la atención de las autoridades.

 

Califica a los funcionarios de indiferentes por no interesarse por los problemas de la comunidad.

 

La mujer manifiesta preocupación, no solo por los malos olores, sino también por la exposición constante a las aguas residuales.

 

“Podemos sufrir enfermedades como consecuencia de la insalubridad (…) ya hay personas que padecen molestias respiratorias, estomacales y en la piel”, critica.

 

En el caso particular de Moreno, su padre, un adulto mayor, está enfermo y de paso, tienen que soportar los fétidos olores que entran a su casa.

 

Indolencia

Mina Calzadilla, otra de las afectadas, menciona que las instituciones muestra total indolencia ante los reclamos de los pobladores.

 

Desde la Fundación Yocoima, solo reciben la excusa de que no tienen camión vactor para achicar las cañerías y en la Dirección de Servicios Hidráulicos de la Hidrológica del estado Bolívar (Hidrobolívar), “se hacen los sordos”.

 

La obstrucción de las cloacas de Coviaguard también perjudica a los habitantes de Villa Canaima.

 

Dagoberto Torres, propietario de un establecimiento comercial, precisa que fetidez ha impedido que su clientela visite su local por miedo a contraer enfermedades.

 

No es la primera vez que las cloacas en ese eje se colapsan, por lo que los vecinos exigen que resuelvan el problema de raíz de una vez por todas.

 

Sin presencia de autoridades

Funcionarios públicos no se han presentando para resolver la dificultad; los representantes de instituciones dependientes de la Gobernación del estado Bolívar y de la Alcaldía de Piar se muestran apáticos.

Desde hace tres días vecinos de Castillito no han podido dormir por temor a la crecida del río.

Lluvias

Los sectores ubicados a lo largo de la faja de Castillito cercanos al Caroní, son los más vulnerables a inundaciones.

En el barrio la Españolita siguen sumando familias que han tenido que cargar con sus enseres por el desbordamiento del río Caroní.

Cuenta Germán Gutiérrez, quien vive en la calle 23 de Enero de esta comunidad, que en su vivienda comenzó a filtrarse el agua por las paredes, el piso y la cañería, desde las 8:00 a.m. de este viernes.

“Comenzamos a recoger todo hoy -viernes-. Gracias a Dios inició la anegación en la mañana y no en la noche porque quizás no nos hubiese dado tiempo de recoger nuestras cosas. Igual no tenemos para dónde irnos”, comparte.

También indica que su núcleo familiar está conformado por tres niños y 10 adultos. A pesar de que hace tres días notaban que a sus vecinos ya se les acercaba el agua no pudieron tomar previsiones porque no tienen un lugar a dónde mudarse.

En esta calle, hasta la mañana del viernes, habían ocho casas afectadas. En muchas de ellas ya no se podía pasar a los patios.

Mientras las horas avanzaban el nivel del agua subía.

Animales como cochinos y morrocoyes fueron llevados a los pocos lugares secos de sus casas.

Carmen Rojas, residente, dice que desde el jueves tuvo que sacar sus enseres.

“Saqué todos mis corotos, de cinco habitaciones hacia la sala. Sé que tengo que irme, pero para dónde. Esta situación no es normal”, acota.

Los más perjudicados

“Lo que tenemos aquí en la calle La Laguna es agua. Llevamos más de dos días en este plan, y hoy ha sido peor”, asevera Rosa Caña.

Asimismo, declara que necesitan colaboración para todos los vecinos. Son más de 15 casas ubicadas en esta calle que están inundadas. Solo se puede pasar con camionetas.

“¿Para dónde se va uno?”, es lo que repiten todos los habitantes de esta comunidad.

“Tengo dos nietos: uno de 11 meses y otro de cinco años. No puedo irme a la casa de mi mamá porque está en peor situación que yo, el agua le llega hasta la placa”, señala Glenda Guillén.

Por otro lado, Claudia González afirma que hace semanas recibieron la visita de Protección Civil Caroní.

“Me dijeron que el agua tenía que llegar hasta el techo de las casas para poder ayudarnos. Aquí también requerimos colaboración así como lo han hecho en otros sectores de Castillito”.

Explica que su casa está en la punta de la laguna. “Tienes una hija de 10 años -con discapacidad- en un ojo, y otra de 11 meses, y no sabe que hacer”, señala.

Por ahora ha tenido que llevar algunos objetos y a sus pequeñas a casa de su madre, quien vive en la misma comunidad.

Refugios temporales

Habitantes de Castillito, en Puerto ordaz, afirman que su situación se ha agravado.

“Las familias afectadas son el doble que antes, muchas se niegan a salir de sus casas con la esperanza de que no suba más el río”, sentencia Yanis Jaime, residente de los Siete Bares.

Igualmente manifiesta que una comisión de Protección Civil les advirtió que “el agua seguiría aumentando su nivel, por lo menos un mes más, así llueva o no”.

Entre los refugios habilitados en la parroquia Cachamay está la Escuela Wenceslao Monserrat. Este fue dispuesto para algunos damnificados de La Españolita, Los Oleandros y la Curva de Castillito, mientras que habitantes de la comunidad de Siete Bares y Los Monos están temporalmente ubicados en la UEN Oscar Luis Perfetti. Cerca de 75 familias están resguardadas.

Según los refugiados, en este albergue les han facilitado colchones, agua potable y cajas de alimentos. De momento están esperando baños portátiles.

Otra parte de los afectados de Los Monos está en la Escuela Bolivariana Nacional Roraima.

Desde este viernes, a la altura del antiguo Banco Caroní, de Castillito, la sociedad civil y grupos religiosos activaron ese punto para recibir donaciones en cuanto a medicinas, ropa y alimentos para los damnificados.

Esperan la colaboración de los guayaneses. Aseguran que cualquier aporte es bueno.

Cifras oficiales

De acuerdo al director nacional de Protección Civil, Jorge Galindo, en Ciudad Guayana hay 335 familias afectadas, de las cuales 35 se encuentran en refugios temporales.

Le hacen un llamado a presidente del Instituto Municipal de Tránsito, Transporte y Vialidad (Imttv-Caroní) y al Alcalde encargado Tito Oviedo.

Transporte-público (Archivo PRIMICIA)

Desde horas de la mañana de este miércoles los usuarios de la red social Twitter reportan paro de transporte en Alta Vista, específicamente frente a la feria de las hortalizas.

Más de 20 unidades de transportes se encuentran inhabilitadas en el sitio debido al “abuso de los fiscales de tránsito contra los transportistas”.

Hacen un llamado al presidente del Instituto Municipal de Tránsito, Transporte y Vialidad (Imttv-Caroní)  y al Alcalde encargado Tito Oviedo que realicen una reunión para tratar el aumento del pasaje a Bs. 300.

Los conductores se mantendrán en protesta hasta que obtener respuestas por parte de los entes gubernamentales.

Reportan ocho casas anegadas y cuatro que corren el mismo riesgo, además de enfermedades.

Acapulco incomunicado (Elieser Silveira)

Norma Villanueva, habitante de Acapulco, en San Félix, cuenta que la comunidad está totalmente incomunicada porque la única vía de acceso se anegó con la crecida del río. Según dice, la única manera de salir es en curiara.

“La gente que vive en la parte baja, cerca del río, tuvo que refugiarse en casa de otros vecinos hacia las zonas más altas (…) Hace más de 10 días que vivimos está situación”, declara.

La única opción que tienen para salir de la zona es en las embarcaciones de los pescadores, pero no todos cuentan con dicho privilegio, pues quienes están enfermos o sufren alguna discapacidad no pueden hacer la travesía.

La movilización depende de la disposición de los propietarios; cuando ellos salen a pescar para mantener a sus familias, los vecinos deben esperar o buscar otros medios.

El problema es que no hay otra forma de salir de ahí a menos que sea a pie.

Quienes deciden atravesar la laguna se enfrentan a dos peligros; uno, es que el agua les llega a la cintura, y el otro, que se exponen a altos niveles de contaminación.

Trasciende que el área está repleta de desechos sólidos ya que por muchos años fue usada como zona de transferencia improvisada.

Alerta

Ante los recientes estragos de la naturaleza, los afectados temen una crecida súbita del río, y por ello toman precauciones para las horas de la tarde y durante la noche.

Hace 12 años que los integrantes de la comunidad de Acapulco no veían una crecida del río tan inminente, así los destaca Herminia Vásquez.

La mujer critica que unos 15 días antes de la anegación, una comisión de Protección Civil (PC) se apersonó en la comunidad y tras varias inspecciones, les advirtió que estaban en un área de alto riesgo.

“Ellos ya sabían que esta era una zona vulnerable; por eso vivieron, pero ya no han vuelto con ayuda”, sentencia Vásquez.

No obstante, las responsabilidades de PC no van más allá de inspeccionar las comunidades en peligro, adelantarse a posibles afectaciones y advertir a las personas para que tomen previsiones; entre ellas, abandonar sus casas.

Afectaciones de salud

La situación en la que viven las familias de Acapulco, sobre todo niños y adultos, es caótica.

Los denunciantes aseguran que  padecen de vómitos, diarrea y llagas por todo el cuerpo.

Según su reporte, al menos 80 % de la población ha sido diagnosticada con paludismo en los últimos meses. Actualmente hay tres personas con la enfermedad.

Norma Villanueva afirma que  en la comunidad también hay padecimientos estomacales porque no tienen agua potable.

“Nosotros bebemos agua del río que está contaminada por la basura o si no de la lluvia”, puntualiza.

Recuerda que hace un año recibían donativos del gobierno que los beneficiaba con agua potable, alimentos y hasta colchones, pero que en lo que va de año no ha llegado ninguna ayuda.

Ante estos problemas exige al gobernador Francisco Rangel Gómez y al alcalde encargado Tito Oviedo, que atiendan sus vicisitudes.

“Necesitamos mosquiteros porque hay demasiadas plagas, medicinas para los niños y principalmente, medios de transporte para salir de aquí”, agrega.

Migdelys Freites, también afectada, sostiene que una de las cosas que más les preocupa es que en las criaturas resultará muy difícil salir a medianoche  si se presenta una emergencia.

Los más perjudicados

Ángel Patetis tiene que ser dializado cada dos días y desde que creció el río su familia sufre para  trasladarlo en curiara.

Elena Vázquez padece de cálculos en la vejiga y no puede caminar, mucho menos montarse en la embarcación por su avanzada edad.

Maricarmen Patetis tiene una hija de dos años que no camina porque está desnutrida. Su aspecto físico refleja menos edad.

Ella declara que no han recibido jornadas médicas y que la última vez que unos especialistas visitaron la zona no llevaron medicamentos, sino récipes.

“Nos evaluaron y ya; ni el tensiómetro servía”, reclama.

Igual que Maricarmen, su hermana Selani tiene una hija desnutrida que era visitada, cada ocho días, por un nutricionista de Ciudad Bolívar que le prestaba ayuda con fórmulas especiales.

“El doctor venía en su carro, pero ya no puede porque no hay paso”, comenta.

Declaran que la infante fue hospitalizada 25 días en Guaiparo y la compañía marítima ubicada en la entrada de la comunidad le prestó colaboración para realizar varios exámenes especiales de laboratorio.

“Cada día se seca más, es como si tuviera un parásito”, exclama con dolor la madre de la pequeña.

Este martes la llevarán a evaluación médica en el Hospital Dr. Américo Babó, de Puerto Ordaz.

Para ellos y otros de los pacientes que tienen en la comunidad, los voceros piden ayuda humanitaria al gobierno regional y municipal.

Piden ayuda

“No solo se nos ha mojado los colchones, sino que muchos vecinos tiene que colocar tapones en las puertas porque las culebras buscan refugiarse en las viviendas, ya hemos matado tres”, indica Migdelys Freites.

Todos los habitantes de Acapulco consideran que viven en un “pueblo marginal”.

Por ello invitan tanto al alcalde  Tito Oviedo como al gobernador Francisco Rangel Gómez que se acerquen a la población, para que visualicen las carencias de la comunidad.

“No esperen que haya fallecimientos en la localidad por tantos casos de paludismos”, sentencia Celia Renao.

Pueblo desasistido

Las familias de Acapulco viven en una constante incertidumbre porque no saben cuántas viviendas se afectarán con las precipitaciones.

Dicen que por más de 15 días han esperado que entes gubernamentales se aproximen a prestar ayuda.

Por ello piden medicinas y alimentos como ayuda humanitaria.

Carretera requiere inversión desde hace varios años.

El Pao.- La carretera nacional que comunica a la parroquia Andrés Eloy Blanco con Ciudad Guayana se encuentra en precarias condiciones,  en especial por una enorme cárcava que se ha ido formando.

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El riesgo para quienes se trasladan por la vía es constante.

Muchas personas que residen en la parroquia laboran en San Félix y por  motivo de trabajo hacen uso habitual de esa vía.

Los afectados destacan que las autoridades están al tanto de la delicada situación, sin  embargo, no han tomado los correctivos necesarios para  mejorar la vialidad, así lo dio a conocer José Ramón Mota, habitante de la parroquia El Pao.

Riesgo

La situación para quienes residen en El Pao y caseríos adyacentes es muy complicada, los habitantes no encuentran a qué institución dirigirse para que les de soluciones a esta falla.

Mota advierte que de continuar cediendo la tierra junto al asfalto, la parroquia quedará incomunicada con el municipio Caroní.

Otro de los problemas señalados por las personas afectadas, es la cantidad de maleza que hay a lo largo y ancho de todo el tramo vial, árboles que sobresalen de la carretera, perjudicando a quienes se trasladan en sus vehículos por la zona, apuntó Sofía Hernández, una conductora.

De igual manera, agregó que las condiciones que presenta la carretera obligaron a los transportistas desviar la ruta por Caruachi, cobrando un pasaje entre tres mil y seis mil bolívares, una especulación que constantemente es denunciada por los usuarios del servicio.

Por estas circunstancias, los pobladores de esa zona se mantienen a la expectativa para ver qué institución será la que finalmente atenderá sus reiteradas denuncias.

Hernández resaltó que la carretera carece de alumbrado y en el trayecto no se ve ni un bombillo en los postes, lo cual solo empeora la situación, pues al caer la noche, los conductores no pueden ver los huecos y corren el riesgo de tener un accidente.

Exhortan a las autoridades a que instalen “ojos de gato” que ayude a tener una mayor visibilidad de la carretera en horas nocturnas.

Pésimo estado de vialidad

Lorenzo Mejías, quien transita constantemente de la parroquia hacia Upata, manifestó que la vía desde El Pao hasta la capital se encuentra en mal estado.