Alfredo Toro Hardy utilizó en estos días una metáfora muy elocuente sobre la situación del país, sobre todo tomando en cuenta el desastre de Pedevesa, que bien conoce: somos como un avión en vuelo al que se le acabó la gasolina y sólo le queda calcular el terrible aterrizaje, si se puede llamar tal


Se suma a otros analistas que dan por fenecido el enfermo gobierno de Maduro. El muy entrenado y respetable político Gustavo Tarre ya está escribiendo como vamos a organizarnos para reparar la casa destruida. Y hay otros pero que sería largo e innecesario traer a colación.

Quizás sí señalar una variante interesante que son aquellos que no se explican como un gobierno que ha acabado con todos los órdenes y desórdenes del país puede sobrevivir, además contra toda lo opinión muy beligerante de los países decentes del globo y sus instituciones más sacrosantas. Aunque hay una explicación grandota y exclamativa: los muchachos del general Padrino, cuya relación con el régimen crece continuamente por acumulación de perversiones de las partes.

Las últimas son la famosa carta de reconocimiento al carácter democrático y legítimo de Maduro, sin lo cual no solo no se asciende sino que usted se va a su casa o a alguna mazmorra por conspirador, traidor a la patria, espía de Trump y otras atrocidades.

De esto da fe Rocío San Miguel, reconocida experta en el área militar y que nadie ha desmentido. Y en segundo lugar, es un decir, los astronómicos (es un decir) sueldos de los oficiales de las gloriosas huestes bolivarianas, comparados con los del resto de los venezolanos, así usted haya hecho unos cuantos doctorados en los más sofisticados saberes y en las más ilustres universidades del planeta.

Porque hay los pesimistas, seguramente mayoría, que no solo subrayan los males que estamos padeciendo, desde el precio del kilo de tomate hasta la desaparición de la aspirina y el agua y la luz y los autobuses y las posibilidades de llegar a viejo y los periódicos y el efectivo y toda moral administrativa y agregue lo que le plazca, sino también siniestros augurios sobre el futuro donde habrá una Constitución no cubana sino coreana y hornos crematorios y otras hazañas que nos harán inolvidables para la historia latinoamericana, o mejor, mundial.

Usted puede apostar, es la palabra precisa, hípica, sobre uno de las dos opciones. Hay quienes en la mañana que se va AD de la MUD piensan de una forma muy oscura y en la tarde en que se oyen murmullos sobre Jaua y su supuesta disidencia, piensan lo contrario. No se preocupe, no es usted que se está volviendo bipolar o paranoico sino la realidad misma que parece un cuadro de Dalí o Magritte.

Decía Nietzsche, con su voz muy áspera, que la vida era sufrimiento y de lo que se trataba era de encontrar una cierta grandeza en ese sufrimiento. Que lo primero es verdad parece claro, piense en la enfermedad, la vejez, la muerte, la cantidad inmensa de Maduros que existen en el mundo y lo tendrá claro.

Que algo de grandeza puede haber en que hagamos lo que tenemos que hacer por salvar este pedazo de tierra del norte de América del sur, que es nuestro escenario existencial, podría ser ese destello de dignidad y de nobleza, y de dicha auténtica, de que hablaba el gran filósofo alemán, que se volvió loco por cierto. Quién quita que por ahí podría haber algo de salud psíquica, más que bañándose en Miami Beach por el resto de sus días.

TAL CUAL

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