Mientras los usuarios sufren por una sistema cada día más precario y colapsado por la desincorporación de 85% de la flota, los camioneteros insisten en la necesidad de elevar en 300% el precio del pasaje como única salida para evitar que las pocas unidades aun operativas queden inservibles. Las autoridades se lavan las manos 

Autor: Ronald Uribe


¿Se acuerdan del “agarra tu camionetica, mamita” que salía en Ni Tan Tarde, el programa que conducía Luis Chataing y Érika de la Vega? Ahora es un lujo el poder ir en el transporte público para llegar a nuestros destinos. La constante alza del pasaje, la escasez de insumos para los transportistas y la aparente falta de control de los organismos del Estado son un cóctel peligroso para el sector.
Los ciudadanos en Caracas viven un calvario para poder trasladarse en la capital. Pueden esperar varias horas una camionetica para llegar a su hogar o trabajo, según sea el caso. La situación del transporte público se ha venido deteriorando de una forma alarmante en los últimos tres años porque el acceso a los repuestos se hace cuesta arriba pues se tasan a dólar paralelo. Esta situación ha hecho que los venezolanos modifiquen su modus vivendi y busquen trabajar cerca de sus casas –o en ellas- por la carencia de este servicio.
“Estamos hablando de no menos de un mes”, alertó el presidente del Comité de Usuarios del Transporte Público, Luis Alberto Salazar, quien señaló que la falta de insumos como lubricantes para motor, cauchos y baterías impide que muchas unidades funcionen y las que quedan deben paliar una situación que se ha escapado de las manos.
“Un cambio de aceite debe hacerse una vez al mes aproximadamente y el litro cuesta Bs. 1.200.000, mientras que un chofer puede trasladar máximo a 600 usuarios al día a Bs. 1.000 el pasaje, por lo que se hace imposible realizar el mantenimiento preventivo de las unidades”, explicó.

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