La corrupción pudre la fe en la democracia y en ese marco social fermentan las tensiones que alumbran los movimientos políticos de corte populista. Partidos que convierten el descontento de los ciudadanos en palanca para su ascenso en un tiempo en el que los fiscales y jueces que investigan y persiguen la corrupción son grandes protagonistas de la vida política encarcelando presidentes y ministros, pero en Venezuela guardan silencio.

La democracia es una forma de gobierno, de organización del Estado, en el cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad al representante. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que todos sus habitantes son libres e iguales ante la Ley y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales. Pero ¿Somos iguales?

Según Lipset, El factor económico, la eficacia y la legitimidad son factores primordiales que hay que mantener y cuidar para evitar que se llegue a la caída del régimen. Por eso cuanto más prospera es una nación, mayores son sus posibilidades de mantener una democracia. Pero en un país donde la eficiencia parece negativa y existe una legitimidad cuestionada, ¿Esto es posible?

La corrupción como fenómeno global

En Europa más de las 3/4 partes piensa que la corrupción se está generalizando es sus países. En América latina según el barómetro Global de la corrupción 2/3 partes piensa que la corrupción ha aumentado. Y el 62% piensa que ha aumentado en el último año. Esto es un fenómeno que entonces no tienen limitaciones geográficas y tienen una dimensión planetaria.

En un reciente informe de la UE cito: …“Sin embargo, el verdadero costo social de la corrupción no puede medirse simplemente por la cantidad de sobornos pagados o fondos públicos desviados. Además de permitir que florezcan las ineficiencias económicas, la corrupción afecta negativamente a los objetivos del gobierno, que van desde una mejor distribución del ingreso hasta una mejor protección del medio ambiente. Lo que es más importante, la corrupción socava la confianza en los gobiernos, las instituciones públicas y la democracia en general”

La corrupción afecta directamente a la democracia y genera percepciones que torpedean su institucionalidad afectando de manera directa la legitimidad y la legalidad de los gobiernos. Pero al ser un delito sin víctimas y en muchos casos sin culpables existe una permisividad social al fenómeno, pues en casos como el de Venezuela ha generado movilidad social acelerada, generando un hombre nuevo “Bolibuergueses o enchufados”dependiendo de su afiliación política.

Oderbrecht un mecanismo continuado

Foro de Sao Pablo y sus representantes, armaron un complejo mecanismo de corrupción y clientelismo, que salió a la luz pública escandalizando a todos por la magnitud de los montos y la profundidad de sus operaciones extendidas en toda la región. El brazo armado un grupo pequeño de empresas encabezado por la brasilera Oderbrecht.

Se habla de un monto aproximado de pago de comisiones de 788 millones en los países de América latina entre 2001-2016. Sólo en el caso de Venezuela la semana pasada estimaron en más de 400 millones de dólares.

El primer impacto es la desigualdad, esto se reduce en la división de la sociedad entre una élite económica poderosa que maneja la renta y su poder para favorecer empresas que a su vez pagan altas sumas de dinero por los contratos otorgados y una masa progresivamente empobrecida.

El soborno o las contribuciones a la financiación opaca de líderes, partidos y campañas políticas que los benefician, hacen que el ciudadano vaya perdiendo progresivamente la confianza en sus líderes, dándole fuerza a la anti política, la abstención o la diáspora.

Venezuela un barril sin fondo

La corrupción tiene un impacto directo en los ciudadanos; según los estimados la deuda externa venezolana es de 150 Mil Millones de US$ y las estimaciones de blanqueo de capital en Venezuela según una firma británica ascienden a 409 Mil Millones de US$ -mucho más que la deuda externa-, es decir cada venezolano debería un monto 4720 US$. Si cada uno decidiera pagar 4 dólares mensuales para amortizar las obligaciones tardaríamos 1.180 meses, es decir unos 30 años para cancelarla.

Pero los impactos concretos también se manifiestan en otros indicadores cómo: la mortalidad materna que aumentó a 756 al año, el aumento de la mortalidad infantil a 11.466 casos, el aumento de la malnutrición hoy cerca de mitad de los menores en las zonas supervisadas por Caritas están en riesgo, la Fundación Bengoa que refleja que 3 de cada 10 escolares presentan desnutrición, la cual viene en ascenso al ritmo que se profundiza la crisis social, económica y de salud. Estos datos complementan otras fuentes cómo la Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano en la cual se refleja el aumento acelerado de la pobreza que alcanzó el 84% para finales del 2017.

Podemos mencionar también: el control de cambio, la regulación de precios, la destrucción de la propiedad privada, la reservas comprometidas, el control social vía CLAP, la inflación más alta del mundo, la pérdida del 50% del PIB y es que esto hace que nuestro país tenga el peor desempeño económico del mundo, mientras la evasión de la realidad y complicidad aumentan los problemas.

A pesar que el presidente de Oderbrecht, ha declarado en los tribunales el pago de sobornos, en el caso venezolano no hay investigación, no hay detenidos, sólo silencio y excusas. ¿Por qué los políticos de lado y lado no piden una investigación transparente?, ¿Por qué no se encuentran las supuestas contribuciones en la contabilidad de las campañas?, ¿Qué impide el reclamo?

El silencio es lo cotidiano, esperar que el olvido se lleve de la memoria que están acusados políticos de gobierno y oposición parece normal, mientras tantos se están destruyendo la fibra moral del país, convirtiendo a la corrupción en un hecho cotidiano que no se debe investigar.

Este fenómeno pervierte las reglas de juego y distorsionar los criterios de justicia pues la impunidad se normaliza. Estas prácticas dañan la confianza y la autoestima de una ciudadanía cada día más damnificada.

Si bien la vacuna contra el mal está probada y va de la mano con una mejor educación, mayores niveles de transparencia, el fortalecimiento institucional; nada de esto es posible sin una ciudadanía activa y vigilante, por eso debemos reclamar y preguntar sin miedo

Si usted es de los que piensa que esto va muy mal, le propongo que antes de seguir a ciegas a los líderes que adversan a Maduro, se pida una investigación independiente, pues ante los indicios de pagos de sobornos a Capriles, Ledezma y Ocariz, es conveniente tener una respuesta más profunda que un hueco: “Yo no los contrate”. Esto sería un paso importante para la recuperar la confianza y respaldo que los políticos opositores tanto le piden a los ciudadanos.

En el 2013, separaron al entonces diputado Juan Carlos Caldera, de su militancia y cargo por recibir un supuesto soborno; sería sano aplicar el principio de igualdad, pues los que ayer fueron promotores de la investigación, hoy son investigados.

Lee Kuan Yew, ex primer ministro de Singapur decía, “si quieres derrotar la corrupción debes estar listo para enviar a la cárcel a tus amigos y familiares”; me pregunto ¿estamos listos?

TAL CUAL