FLAMENCOLORQUIANO, CICLO LORCA Y GRANADA EN LOS JARDINES DEL GENERALIFE. bailarines Valeriano Paños y Nadia González en Flamencolorquiano. FOTO-Pepe Torres //PARA MANU CULTURA//

Cuenta el director del Ballet Flamenco de Andalucía, Rafael Estévez, que la idea para confeccionar esta creación tiene su origen en una visita que le hizo a la histórica bailarina Pilar López en su casa madrileña. Y sólo se comprende la dimensión inspiradora de ese dato, cuando se ha conocido el que fuera hogar de la hermana de La Argentinita, todo un museo de la Edad de Plata de la cultura española, sin serlo oficialmente, y con Lorca como atmósfera.

FOTO..bailarines Valeriano Paños y Nadia González en ‘Flamencolorquiano’. Pepe Torres

Flamencolorquiano tiene sus raíces en el collage de imágenes, escritos y sensaciones que contenía aquel museo particular. También, en todo el bagaje de conocimientos que Rafael Estévez ha ido sumando en su indagación infinita sobre el baile y los cantes y sonidos de nuestra tradición. De forma sutil, hay mucho Federico en cada escena de Flamencolorquiano y, también, muchos Federicos. Desde Doña Rosita la soltera, pasando por el jolgorio de los años en la Residencia de Estudiantes, con los anaglifos de Pepín Bello y una verdadera efervescencia de baile, hasta su Poeta en Nueva York, a través del cante siempre imponente de Arcángel vestido con traje claro o el muy jondo Muerte de Antoñito el Camborio.

«Me parece que lo flamenco es la creación más grande del pueblo español», dejó escrito el poeta, dándole un más amplio sentido a este arte con el uso del artículo neutro. Rafael Estévez lo constata aquí sumando sones de Asturias, sevillanas corraleras y del siglo XVIII, fandangos de Huelva al aire de Manuel Torres, seguiriyas del Sr. Manuel Molina y el Loco Mateos, zorongo y vito o La leyenda del tiempo.

Junto a Paños en la creación coreográfica, con la colaboración de Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola, y música original de Jesús Guerrero, Estévez firma una obra elegante, sabia estilización del baile español con un discurso de movimiento en el que palpitan los dos principales elementos unificadores de la cultura de España, la jota y el fandango.

Apoyándose en esa investigación musical exhaustiva, elección detallada de letras de las obras del poeta y composiciones que subrayan el espíritu de la Generación del 27, Estévez demuestra también su talento en recoger el legado de sus maestros coreográficos. Porque están los brazos coderos de Antonio y Rosario, el aura de Argentinita, la sobria planta de Pilar López, el manejo de grupos de Gades, la riqueza de variaciones de movimiento de José Antonio… Hasta el contraluz y la atmósfera audiovisual de Vittorio Storaro y Carlos Saura , con quien Estévez y Paños colaboraron como bailarines y coreógrafos en su montaje de 2009, Flamenco Hoy.

Destaca el tratamiento teatral impactante que se le da a La tarara, transmutada en la Virgen bajo palio, y ese paso a dos, años 30, a lo Fred y Ginger, pero en baile español, sobre el Romance de Don Boyso, protagonizado por el siempre excelente Valeriano Paños y la entregada Nadia González. Son dos momentos que parecen dos finales, pero a los que siguen nuevas escenas de conjunto que retrasan el emocionante tono ascendente que tomaba el ballet. Ahí debería recortar el director del Ballet Flamenco de Andalucía, limar alguna escena de grupo de la segunda mitad y recolocar otras para redondear mejor la obra.

EL MUNDO DE ESPAÑA

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