El líder y fundador de la Causa R, Alfredo Maneiro, decía: Cuando se cierran todas las puertas, hay que salirse por las ventanas, según me contaba mi amigo Arturo Ginesta, que ya no está entre nosotros, en unas de nuestras tertulias.

Esa es la situación en la que nos encontramos en esta hora los demócratas venezolanos. Idear una ruta para responder a quienes nos quieren dejar sin alternativa en su empeño de perpetuarse en el poder, a pesar de saberse minoritarios en el favor popular.
La negociación en República Dominicana entre gobierno y oposición ha terminado cuando el oficialismo pateó la mesa y salió huyendo al no lograr doblegar a los sectores democráticos que trataron de obtener un acuerdo equilibrado que colocara en manos del soberano una salida a la crisis política, social y económica a la que nos han conducido los actuales gobernantes.
Muy diferente a lo que piensan algunos que menospreciaron este esfuerzo, y hasta lo adversaron, estas jornadas sirvieron para poner al descubierto el terror que le tiene la camarilla en el poder a someterse al veredicto popular en condiciones equilibradas.
La comunidad internacional, cada vez más pendiente del drama venezolano, gracias a la protesta ciudadana y al trabajo tesonero de la dirigencia democrática, trató de ayudar a que el proceso de negociación llegara a buen puerto. Esperaban que el actual elenco en el poder accediera a someterse a unas elecciones libres y justas y a tomar las medidas para restituir la institucionalidad democrática vulnerada, pero su negativa al respecto ha dado lugar a las sanciones a los personeros del régimen por parte de diferentes países.
El drama social que vive la Venezuela de hoy es tan calamitoso, que países cercanos y lejanos temen no sólo sobre un deterioro creciente en nuestro país, sino del impacto en sus propios territorios, producto de la diáspora venezolana.
El buen recibimiento por parte de la sociedad venezolana de la posición firme de los negociadores democráticos en la mesa de negociación abre una posibilidad de reconstruir una unidad de propósitos y acciones de amplio arco de organizaciones políticas y sociales.
La convocatoria adelantada de elecciones por parte del régimen es un escollo en el camino, pero no infranqueable, El propósito de elecciones libres y justas, con condiciones adecuadas, no se ha esfumado.Sigue estando en la agenda de los sectores democráticos. Y hay que seguir luchando por ellas. Ese debe seguir siendo en norte. Requerirá afinar una estrategia que atienda todas las aristas, y acordarse para nombrar un vocero de consenso para que la encabece.
Es un escenario muy complejo y difícil que no se puede resolver con fórmulas mágicas sino con un conjunto de iniciativas nacionales e internacionales que obliguen a restituir la institucionalidad democrática. El debate no puede resumirse a sí se participa o no en unas elecciones convocadas a juro en las peores condiciones, sino en una estrategia que sea capaz de convocar a una amplia unidad política y social de los demócratas. Sin ello no tendrá eficacia.
La hoja de ruta está en lo fundamental en el documento que elaboró la MUD y que el gobierno se negó a considerar.

No será fácil, pero habrá que encontrar la ventana de oportunidad, cuando todas las puertas se cierran.
TAL CUAL