El actor recibe este miércoles en el Festival de Almagro el premio Corral de Comedias. De su oficio, del éxito y de sus maestros habla en esta entrevista.

Carlos Hipólito (Madrid, 1956) recogerá este jueves el premio Corral de Comedias del Festival de Almagro, uno de los galardones con más solera de nuestro teatro, con el que se inicia la 41ª edición de este certamen consagrado al Siglo de Oro. Así se reconoce la sólida trayectoria de un actor hecho de la misma pasta que titanes como Alberto Closas o José Bódalo, cómicos naturalísimos tanto en el drama como en la comedia y, en el caso de Hipólito, tras la última pirueta de su carrera, incluso en el musical (actualmente triunfa con Billy Elliot tras haber abarrotado teatros con Follies Sonrisas y lágrimas).

La voz que lleva más de una década narrando las desventuras de los Alcántara en Cuéntame confiesa que el premio le ha puesto algo melancólico. “Me ha hecho reflexionar sobre aquellos tiempos en los que yo hacía teatro clásico. He sentido cierta nostalgia porque los directores con los que más trabajé en ese período, Miguel Narros, Pilar Miró y Adolfo Marsillach, ya no están aquí”. A ellos y a su mujer, la también actriz Mapi Sagaseta, y a su hija (“sin ellas estaría perdido”) quiere dedicarles este galardón que ya poseen grandes como José Sacristán, Concha Velasco o Julia Gutiérrez Caba. “Ojalá sirva para que alguien me ofrezca volver al verso”.

La nostalgia es muy tramposa. Recuerda con cariño aquellos años, pero también fue un tiempo duro en el que debió probar que, efectivamente, valía para el oficio “Sí, pero como me fue bien lo recuerdo con mucha alegría. Hice todos los protagonistas, el burlador de Sevilla, el médico de su honra, el misántropo. Así que de alguna manera me hicieron muy visible. En esta profesión trabajo llama a trabajo. Es verdad que fue mucho trabajo porque hacíamos una función mientras ensayábamos la otra y, a veces, compaginábamos dos textos a la vez… Pero fue una etapa muy divertida”.

¿Recuerda su primera noche de estreno con un texto clásico?
La primera fue antes de entrar en la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Creo que era el 79, el segundo año en el que yo me dedicaba a ese oficio. Hice un poeta muy bobo en La dama boba, a las órdenes de Narros, con la Compañía de Teatro Estable Castellano, que fue con la que yo empecé. Ahí trabajé con Narros, Layton y José Carlos Plaza, mis maestros. Recuerdo que la protagonista era la maravillosa Esperanza Roy, que estaba extraordinaria. Y yo lo vivía como si estuviera haciendo Hamlet, aunque fuera un papel muy pequeñito. Luego, con la CNTC debuté con La verdad sospechosa, que ése sí fue el personaje que me catapultó. Era un mentiroso compulsivo muy divertido y lucido, me dieron cinco premios de interpretación ese año.
Sigue teniendo esa ilusión casi infantil con cada proyecto, pero ¿se siente muy diferente a aquel joven?
Es verdad que mantengo la ilusión, pero probablemente está matizada. Con el paso de los años aprendes a relativizar un montón de cosas, a no esperar tanto de determinadas historias y, en mi caso, me han hecho saber que en este oficio nunca se puede dar nada por sentado.
¿Qué es lo más importante que ha aprendido?
Yo creo que si, realmente, tú no escatimas esfuerzo en hacer todos tus trabajos, los grandes, los pequeños, los que a priori parecen insignificantes, tienes más posibilidades de que te vaya bien. Tienes que poner, siempre, toda la carne sobre el asador. Pero por otro lado, también he aprendido que debe haber un componente de suerte que te acompañe. He visto gente muy talentosa y muy rigurosa en el trabajo que no ha tenido esa suerte y no han podido llegar tan lejos como debieran. Lo que te dan los años es la capacidad de relativizar.
¿Un actor construye su carrera con sus decisiones o es el azar quien lo hace por el?
Las dos cosas son importantes. Pero yo me acuerdo siempre de Jeremy Irons, un actor al que admiro mucho, que cuando recogió el Oscar por El misterio Von Bülow dijo: «Seguramente todos piensan que este premio me lo dan por esta película pero yo creo que es por las otras películas a las que dije que no». Una carrera se construye con lo que haces y con lo que decides no hacer. Porque, a veces, es fácil sucumbir a un éxito fácil con una cosa que igual te puede estancar.
¿Ha dicho muchas veces que no?
A bastantes y a alguna que, a priori, la gente me decía que era un bombón, que iba a tener mucha relevancia. Pero yo siempre me he guiado por el corazón más que por la cabeza. Siempre pienso en qué me pueden aportar a mí personalmente los trabajos, más que en el éxito que pueden tener. Porque lo segundo es abocarte al fracaso. Sobre todo porque en esta vida nunca sabes qué va a funcionar.
Dice que no sabe qué va a funcionar pero lleva una racha imbatible: ‘Billy Elliot’, ‘El crédito’, ‘La mentira’, ‘Follies’… Alguna fórmula debe haber.
Qué va, yo he tenido mucha suerte. Me han caído textos muy buenos. Y, al final, el éxito se produce cuando el producto es bueno, no porque yo atraiga a la gente. Por casualidad, en las últimas funciones que he estado los teatros se han llenado, pero eso no quiere decir que no sepa que pasado mañana puedan estar vacíos. Este oficio es muy efímero en ese sentido.
Bueno, el teatro es un arte muy efímero por definición, ahí está su grandeza.
Exacto, el teatro sólo perdura en la memoria del que lo ha visto. Por eso a veces se mitifica a gente que si la pudiéramos ver ahora igual decíamos pues no era para tanto. Eso no pasa con las películas, puedes verlas 18 veces.
¿A qué sabe el éxito?
Uy, yo es que no tengo la sensación de estar paladeando el éxito. Para empezar, porque ¿qué es éxito? ¿Que te paguen mucho por el trabajo? ¿Que te reconozcan por la calle? ¿O que una persona anónima te diga de forma muy humilde, no en redes ni nada así, que tu trabajo le ha emocionado y que le he dado energía para seguir viviendo? A mí esto último me ha pasado y tengo claro que eso es el éxito. Yo agradezco mucho los aplausos, pero las mayores satisfacciones son saber que estoy emocionando a la gente.
¿Cuándo se lanzará a dirigir?
Yo creo que nunca. Me lo han ofrecido muchas veces y no me veo. Podría ayudar a otros actores pero, para dirigir un espectáculo, hay que tener un nivel muy alto y yo no sé si lo tengo.

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