Se quedó a un centímetro de la plata, pero acabó disgustada con su actuación

El televisor apagado era un espejo: Ana Peleteiro, ante él, en su sofá, llorando. Dos años atrás, mientras se disputaba el Europeo de Ámsterdam, maldecía su suerte en casa, cansada de sus desgracias, la última, un quiste en el hueso del talón que también le arrebató los Juegos Olímpicos de Río. Pero no, su historia nada tiene que ver con la recuperación de una complicada lesión. Su historia es el camino a la madurez, las trampas que hay que esquivar hasta alcanzarla.

De cómo un talento, campeona del mundo junior en 2012, puede perderse en pocos años entre la inapetencia y los constantes cambios de entrenador: ahora Galicia, ahora Madrid, ahora Portugal. De cómo un talento, bronce en el último Mundial indoor, puede recuperarse en pocos meses con estabilidad, exigencia y esfuerzo: desde que entrena con el ex saltador Iván Pedroso en Guadalajara, Peleteiro es otra. O, mejor dicho, ya es ella.

Este viernes consiguió su segunda gran medalla internacional, el bronce en el Europeo de Berlín, ante las rivales que hace dos años se negaba a ver desde casa; aquel botón rojo del mando a distancia, aquellas lágrimas con el televisor apagado. La griega Paraskeví Papajristou, que entonces fue tercera, la superó con un salto de 14,60 metros. La alemana Kristin Gierisch, que entonces fue octava, lo hizo con un brinco de 14,45, el mejor de su vida, animada por un Estadio Olímpico de Berlín lleno. Peleteiro se quedó a un sólo centímetro de ella, 14,44 metros, y por eso se marchó algo disgustada.

En el primer intento había conseguido un registro que le permitía competir relajada (14,42 metros), pero luego no le salía, no le salía… Sus intentos cuarto y quinto fueron algo desesperados, con medio pie sobre la tabla, nulos. Y en la última tentativa buscó ese salto que espera, ese gran salto, el que debe otorgarle el récord de España de Carlota Castrejana (14,64) que se mantiene 2007, pero no pudo ser.

En todo caso, pese a la amargura, en unos días estallará de alegría: su época gris, en la que nadie supo guiarla, en la que tampoco trabajó lo necesario, ya pasó; queda confirmado. «No os voy a decir que estoy super happy, porque no lo estoy. Quería más. Creo que si hubiera talonado mejor, hubiera podido ganar el oro. ‘El inconformismo nos hace ser más grandes’, eso es lo que siempre me dice mi entrenador. Pero bueno, si hace dos años me dicen que estaría aquí, no me lo hubiera creído», comentaba Peleteiro en zona mixta, donde también añadió: «De todo, me quedo con que he representado bien a España y prometo a todo el país que seguiré trabajando a tope. Mi sueño es seguir entrenando con salud y poder darlo todo en cada competición como he hecho hoy».

En efecto, como la saltadora advertía, en las gradas, su entrenador, el cubano Iván Pedrosa, asentía, felicitaba y poco más. Como ella, tampoco estaba contento del todo: también ambicionaba más y, sabiendo de su carácter, seguramente mucho, mucho más. El campeón olímpico en los Juegos de Sidney 2000 y nueve veces campeón del mundo (al aire libre y bajo techo) nunca acaba de congratularse del todo, es la consecuencia de llevar años preparando a los mejores saltadores del planeta. De hecho, la bisoña Peleteiro fue la excepción, una rareza en su grupo. Cuando en otoño de 2016 la española llegó de Portugal junto a Nelson Évora, campeón olímpico de triple en 2008, Pedroso aceptó dirigirla con muchas condiciones. Por ejemplo, que madurara en lo físico, es decir, que bajara de peso y trabajara la musculación. Por ejemplo, que cumpliera unos objetivos: para los primeros meses, le exigió una marca; para los siguientes, otra. Si nos las alcanzaba, se le acababa el chollo de entrenar al lado de la venezolana Yulimar Rojas, vigente campeona del mundo de triple.

Ahora ella es precisamente su reto. A los 22 años, el único objetivo de Peleteiro hacia los Juegos de Tokio 2020 ya sólo puede ser acercarse lo máximo posible a Rojas y a su rival, la colombiana Caterine Ibargüen, vigente campeona olímpica. En un duelo emocionantísimo, en los últimos campeonatos ambas han desplazado la barrera de las medallas más allá de los 15 metros. Quieren batir el histórico récord del mundo que posee la ucraniana Inessa Kravets desde 1995 (15,50 metros) y, si por el camino, alguien aspirar a competir contra ellas, deberá brincar mucho, muchísimo, una barbaridad. De momento, nadie lo ha conseguido. Después de sus dos medallas este año, en el Mundial indoor y ayer en el Europeo, Peleteiro es candidata a hacerlo.

el MUNDO DE ESPAÑA

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