El día a día se ha convertido en una real penuria. La mayoría hace serios intentos por sobrevivir. En las regiones del interior la situación es aún más ruda que en la capital. En el Zulia la vida cotidiana se ha convertido en una calamidad. Todos los servicios públicos han colapsado. No se vislumbra solución a los gravísimos problemas del país con el actual gobierno. Las medidas no desatan el nudo principal de la economía -la hiperinflación- al contrario han generado nuevos problemas al mundo del trabajo y la contratación colectiva, igualmente han colocado en una situación sumamente comprometida al empresariado en especial a la pequeña y mediana industria y a todo el sector comercial.

Esa gama de desconocimiento, impericia, ineptitud e incapacidad constituye una mezcla sumamente peligrosa. Los voceros del área económica confunden cuando intentan explicar las decisiones, a menudo su retórica no se compagina o contradicen los textos de la gaceta oficial. 

La hiperinflación no puede combatirse con políticas improvisadas, a pesar de que hablan de un plan, ellos mismos admiten que las medidas no produjeron en lo inmediato los resultados esperados. No se generaron las expectativas favorables que aspiraban, era lógico que así sucediera, entre otras razones además de las ya mencionadas, hay que añadir la carencia de credibilidad y confianza.

En ese cuadro donde el país vive situaciones inéditas en la era contemporánea, en medio de la desesperación surgen posiciones extremas, que llegan hasta el punto de considerar una intervención militar extranjera como la única alternativa a la grave situación que confrontamos

El vacío de opinión, actuación y movilización la oposición democrática constituye un elemento que tiende a ser llenado por el extremismo, sorprende como crecen los partidarios de la hipotética invasión, quienes se fanatizan convirtiendo en enemigos a quienes hasta hace poco eran considerados los aliados más próximos, tal es el caso de la virulenta reacción ante la reciente declaración del grupo de Lima, oponiéndose ante una eventual intervención militar en nuestro país.

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La comunidad democrática internacional constituye un factor fundamental en la lucha por el cambio político en Venezuela, pero insistimos en señalar que lo que hagamos en el país constituye el factor decisivo en esta lucha, con el actual clima de opinión existente en algunos sectores, esa afirmación que pareciera una obviedad, merece ser subrayada.

El propio desarrollo inevitable de la crisis va a forzar -necesariamente- la conformación de una plataforma unitaria, estos trances producen fenómenos originales, situaciones imprevistas y liderazgos que al colocarse a la altura de la circunstancias, pueden orientar la lucha democrática. Hay que estar sumamente atentos a la pretensión del gobierno de imponer una nueva Constitución, esa puede ser una oportunidad para infligirle una derrota a sus propósitos. Entre tanto el seguimiento y respaldo a la protesta y la lucha social es una tarea de primer orden, el multitudinario rechazo al gobierno y sus políticas, no sólo lo reseñan las encuestas, sino que se expresa en el crecimiento de las manifestaciones por exigencias reivindicativas, de diversos sectores en todo el país.

No podemos renunciar a la formación del frente interno que agrupe a todas las fuerzas que pugnan por el cambio, y a la estructuración de un poderoso movimiento que pueda conducir la lucha, no se trata tan sólo de cambiar de gobierno, sino de garantizar la gobernabilidad y la estabilidad del nuevo poder, para alcanzar la paz, la reconciliación y el progreso; ello sólo será posible si en el transcurso de la ruta por alcanzar ese objetivo, se cumplen con las premisas requeridas que resultan indispensables.

No hay que esperar milagros que no dependan de nosotros

TAL CUAL