El lago Bunyonyi se encuentra en el sur de Uganda, camino a la selva impenetrable. Es un paisaje indómito aunque, de vez en cuando, te topas con algún resort escondido entre kilómetros y kilómetros de zona virgen. El resto son casas aisladas que marcan el camino hasta el extremo oeste del lago, donde se halla una pequeña aldea repleta de niños curiosos que parecen esperar al visitante.
Breezy Beats graba a Clef Musica en el lago Bunyonyi, Uganda.
El lago Bunyonyi asemeja una Suiza de cumbres bajas, perdida en el corazón de África. Es un lugar desbordante de belleza, donde encuentro un tranquilo hostal en el que decido pasar la noche después del sufrido viaje. Como descubriré más adelante, en él se alojan tan solo cuatro clientes: Breezzy Beats, T.I.K Twazzitah, Levi Love y Clef Music. Nombres extraños para las profundidades africanas donde nos encontramos.
La recepción del lugar, construido en madera bien cuidada, invita a entrar casi de puntillas, ya que eres invadido de un extraño deseo de no querer romper la paz que allí reina. Y así sigue esa sensación al adentrarse en la zona de descanso, donde hay bungalós y un raso verde donde acampar. A pesar de la dureza de un viaje en África, donde se agradece un bungaló, no se puede despreciar el hecho de dormir bajo el cobijo de las estrellas sobre el manto de hierba blanda y mullida que forma el suelo.

Juventud de Uganda

En pleno lago, cerca de la zona de acampada y búngalos, se encuentran los cuatro jóvenes. Son cantantes de hip hop y música actual ugandesa. Llevan grandes cámaras y micros y parecen estar montando algo interesante. El productor, Breezzy Beats, es de Kampala y tiene un programa conocido en la televisión Face TV Uganda. Además, es un cazatalentos que ha reunido a tres de ellos para grabar aquí.
T.I.K Twazzitah, de unos 25 años, es de carácter curioso y agradable. Su indumentaria es moderna, holgada, al estilo hip hop americano. Con una gorra colocada de forma estudiada medio ladeada medio hacia atrás. T.I.K canta en nombre de los barrios de Kampala donde, dicen, está sonando mucho. Por eso, al cantar se transforma, y muestra su aspecto y su hip hop más rebelde, que desprende ese lado de urbanita salvaje. Golpea las palabras y las notas con un ritmo duro y marcado. Suena bien a pesar de ello. Dinámico y moderno.

Levi Love luce aspecto parecido, aunque más delgado y algo mayor, con una mirada más inquieta y habla más fluida. Él es el referente musical de Kisoro, una zona verde más tranquila, donde encontramos los gorilas de montaña. Y así suena su música, menos dura, más melódica y pegadiza, con un fondo electrónico evidente. Es de un tono y un ritmo más amigables y suaves, pues Levi Love habla de su vida, de su día a día. En el más conocido de sus temas, Nsonyiwa(Mejor hombre) dice que quiere ser un mejor hombre, una mejor pareja. Todo mientras rapea entre el inglés y el idioma propio de Kisoro.
Por último, Clef Music, también de Kampala, ostenta un estilo particular; con unas rastas y una chaqueta colorida como insignia. Comparte con los demás su dinamismo. Trabaja ayudando en producción y también canta, aunque, desgraciadamente, deberá esperar para descubrir su música pues está en proceso de grabación.
Vistos en conjunto, su estilo, entre africano y americano, tanto en el vestir como en la música, se hace extraño, en medio de la nada. Pero las canciones suenan bien. Son pegadizas. Con ritmo. Y ellos son de carácter amigable y abierto, algo muy común en la mayoría de los países africanos.
Sus ojos brillantes y sus voces potentes esconden grandes sueños, por los que luchan en un país que hasta hace poco no les permitía hacerlo. Son la juventud moderna de Uganda. El reflejo de una sociedad que progresa y que muestra con ellos, que no son tan distintos de los jóvenes de Occidente.
En África no puedes pasar una esquina sin oír música; a veces tradicional, y otras, como en este caso, música más actual. Está en todas partes: en las calles, la televisión, Internet… Y los cantantes son una referencia continua. Sin embargo, aquí, en medio a esta tupida selva, la escena resulta extraña. Su imagen contrasta abruptamente con el lugar, pues la zona que nos rodea es todo lo contrario a ese aspecto de modernidad que ellos representan.
Aquí la gente vive aislada, lejos de las ciudades y de todo progreso. Vestidos con trapos antiguos, formados por pantalones raídos y camisetas despedazadas. Con más agujeros que tela y con una suciedad que imposibilita ver el verdadero color de sus ropas. Ahora de un marrón oscuro, color tierra. Esto es el África profunda. Y aquí se ve la marcada dualidad de Uganda y del continente, así como la paradoja del momento, pues Breezzy Beats y sus amigos se ven, enfundados en su ropa moderna, sus gorras coloridas y sus rastas, casi más estrafalarios que yo, el único turista que pernocta en la zona.
Resulta aún más impactante el contraste cuando los niños del lugar, que no conocen ni la Internet ni los teléfonos ni la televisión se acercan. Estos niños, de ropas sucias y miradas cristalinas, se presentan entre tímidos y curiosos, entre divertidos y asombrados a ver al extraño grupo que representa el progreso de Uganda. Ríen entre ellos, se dirán que les parecen ridículos. Ellos no piensan en gorras, ni en zapatos brillantes. Ellos piensan en comida y en agua. Y en música sí, pero de ritmos distintos, quizás más tradicionales.
La globalización llega imparable a todas partes, de eso no cabe duda, y puede ser buena y mala a la vez, dependiendo de la circunstancia. Pero en este caso, gracias a ella están aquí estos cuatro raperos, en el lago Bunyonyi, y por ella tienen una oportunidad de ganarse la vida con un sueño: su música.
Así, mientras filman, Clef Music, T.I.K y Levi Love disfrutan con su momento de gloria, magnificado al tener al extraño invitado: el ciclista blanco. Quizás creen, en su alocado sueño, que el visitante, algún día les lleve a Occidente. Quizás se digan extasiados que en un futuro serán grandes músicos. Quizás sean famosos y en Europa la gente baile al son de su música.
“Quizás”, se dicen esperanzados. Y quién sabe. Quizás no están tan locos, quizás no sean tan ilusos. Quizás no se equivocan tanto. Quizás un día, cuando menos se lo esperen, sus sueños se verán cumplidos.

Leave a Reply

Your email address will not be published.